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El uso masivo de stablecoins del dólar tendría «consecuencias en el panorama financiero mundial».
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Se analiza qué pasaría si un banco central (fuera de EE. UU.) tuviera stablecoins en vez de dólares.
El sitio web del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) publicó el 30 de marzo de 2026 un análisis que reconoce los beneficios potenciales de las stablecoins de pago en el sistema financiero global, al tiempo que advierte sobre sus consecuencias para la política monetaria y el panorama financiero internacional.
Se trata de un documento firmado por los economistas Kyungmin Kim, Romina Ruprecht y Mary-Frances Styczynski, que fue publicado en la serie FEDS Notes. Esta es una categoría de artículos donde el personal del organismo «ofrece sus propias opiniones», según aclara el propio descargo de responsabilidad del texto, y no representa la postura institucional de la FED.
El análisis llega en un momento de aceleración regulatoria sin precedentes. En julio de 2025, tal como CriptoNoticias lo reportó, el Congreso de Estados Unidos aprobó la ley GENIUS, la primera norma federal que establece un marco regulatorio para las stablecoins de pago. La norma exige respaldo uno a uno en activos líquidos, prohíbe que los emisores paguen intereses directamente a los tenedores y define con precisión qué entidades pueden operar como emisores autorizados.
El problema que las stablecoins podría resolver
El punto de partida del análisis es un diagnóstico conocido por cualquier persona o empresa que haya intentado enviar dinero al extranjero: los pagos transfronterizos por vía bancaria son lentos, opacos y costosos.
Los autores explican el origen estructural del problema: procesar pagos internacionales implica costos fijos elevados que solo los grandes bancos internacionales pueden absorber. Los bancos pequeños, incapaces de sostener una sucursal en el exterior o de implementar sistemas de cumplimiento normativo en múltiples jurisdicciones, deben encadenar sus pagos a través de bancos corresponsales.
Según datos citados en el informe, más del 50% de los pagos internacionales se realizan en dólares, y más del 60% de los pagos mayoristas pasan por al menos un intermediario.
Esa cadena de intermediación tiene consecuencias directas: demoras, falta de trazabilidad, verificaciones de cumplimiento redundantes y mayores costos para el usuario final.
Cómo funcionaría el mecanismo con stablecoins
Para ilustrar el potencial disruptivo, los autores construyen un ejemplo concreto: una persona en Estados Unidos quiere transferir 1 dólar a otra en México. En el sistema actual, el dinero viaja del banco pequeño estadounidense a un banco corresponsal grande en EE. UU., luego a un banco grande mexicano con sucursal en Estados Unidos, y finalmente al banco pequeño del destinatario. Cada eslabón puede cobrar comisiones y agregar tiempo de procesamiento.
Con una stablecoin de pago, el banco pequeño estadounidense convierte 1 dólar en reservas por 1 dólar en stablecoin y lo transfiere directamente al banco pequeño mexicano, que acredita los pesos al destinatario y luego vende la stablecoin al banco mexicano grande para desprenderse del riesgo cambiario. El intermediario grande no desaparece, pero su rol se reduce: ya no es el canal obligatorio por el que fluye el pago, sino el proveedor de liquidez al final de la cadena.
El informe es cuidadoso en no sobreestimar los efectos: «una adopción exitosa de las stablecoins de pago para pagos transfronterizos no está garantizada en absoluto», advierten los autores, señalando que el costo de convertir stablecoins a moneda fíat —los llamados costos de «on-ramp» y «off-ramp«— podría erosionar parte del beneficio. Aun así, reconocen que incluso si el modelo de banca corresponsal persiste, «puede haber beneficios asociados con una mayor presión competitiva e incentivos para la innovación».
Las implicancias de las stablecoins para los bancos centrales
La segunda parte del análisis es quizás la más relevante para los reguladores: si las stablecoins en dólares son adoptadas masivamente, ¿qué pasa con los balances de los bancos centrales del mundo?
Los autores plantean el escenario donde un banco grande —en su ejemplo, un banco mexicano— reemplaza sus reservas en dólares en la FED por un inventario de stablecoins en dólares. Esa sustitución reduciría la demanda de reservas en el banco central estadounidense. Pero el efecto neto depende, criticamente, del tipo de activo con que el emisor de la stablecoin respalde su emisión.
Los economistas analizan tres escenarios posibles bajo la ley GENIUS. Si el emisor respalda la stablecoin con depósitos bancarios, los bancos receptores de esos depósitos podrían incrementar sus reservas en la FED, compensando parcialmente la caída inicial.
Si el respaldo son letras del Tesoro, la mayor demanda de ese instrumento podría comprimir su rendimiento y desplazar a otros inversores hacia activos alternativos, expandiendo el balance del sistema bancario estadounidense.
Y, si el respaldo son reservas directas en la FED, el efecto neto podría ser cercano a cero, ya que el emisor mantendría un monto equivalente en reservas para garantizar la liquidez de la stablecoin, aunque el banco que la inventaría preferiría probablemente convertirla a reservas remuneradas, dado que las stablecoins no pagan intereses.
Más allá de estos escenarios técnicos, los autores señalan algo de mayor alcance: «una adopción generalizada de una stablecoin mayorista podría tener consecuencias para el panorama financiero internacional», dado su potencial impacto sobre cómo los bancos gestionan sus posiciones en divisas, cómo funcionan las relaciones de banca corresponsal existentes, y cómo los bancos centrales proveen soporte en moneda extranjera.

Un documento de peso en un momento clave
Como se aclara al inicio de este texto, la publicación del análisis en el sitio web de la FED no implica que el organismo haya adoptado una postura institucional a favor de las stablecoins. Los propios autores lo dejan claro en el descargo: el texto «transmite la opinión de los autores, no la de ninguna otra persona asociada con la Junta de la Reserva Federal o el sistema de la Reserva Federal».
Sin embargo, su relevancia es innegable. Que tres economistas de la Fed dediquen un análisis detallado a modelar los efectos de las stablecoins sobre la política monetaria y el balance del banco central refleja el nivel de seriedad con que el organismo monitorea el fenómeno.
Y el timing no es casual: el análisis llega mientras los organismos reguladores trabajan en la elaboración de las reglas concretas para poder implementar la ya aprobada ley GENIUS.
La conclusión de los autores es medida pero significativa: «las stablecoins de pago podrían ayudar a reducir ciertas fricciones en los pagos transfronterizos (…). Al mismo tiempo, esas stablecoins afectarían el mercado de activos líquidos domésticos y extranjeros, con implicancias para el balance del banco central y la implementación de la política monetaria».
En otras palabras: desde la perspectiva de la FED, el potencial de las stablecoins existe al igual que los riesgos. Y la FED parece estar estudiándolos de cerca.
