La confirmación de las conversaciones para fusionar los negocios de Puig y Estée Lauder ha sacado las acciones del grupo catalán de su particular vía crucis. El conglomerado fundado por la familia Puig ha ganado cerca de 1.500 millones de euros de capitalización y sus acciones se han revalorizado un 18% desde el 20 de marzo ante las expectativas de integrarse en la compañía norteamericana. Con todo, los 17,73 euros con los que cerró ayer continúan un 30% por debajo del precio de debut en el parquet.
El mercado, en cambio, ha digerido peor la propuesta del gigante estadounidense, que se ha dejado 5.000 millones de euros de capitalización bursátil.
La fotografía es clara, los inversores compran Puig y venden Estée Lauder. Y detrás de ese movimiento hay una lógica conocida en los mercados… pero también dudas específicas sobre el momento y el coste de la operación, indican varias firmas de análisis.
La primera explicación es casi automática. En operaciones corporativas de este tipo, el mercado suele penalizar al comprador y premiar al objetivo. “Podríamos hablar más de una absorción que de una fusión”, apuntan desde XTB, recordando que Estée Lauder es casi tres veces mayor que Puig y asumiría el peso financiero y operativo de la integración.
Eso, sostienen desde bancos de inversión como JP Morgan, entraña riesgos. Salida de caja, emisión de acciones y, sobre todo, ejecución. Integrar dos grupos con culturas distintas, carteras complejas y presencia global no es trivial. El mercado descuenta ese riesgo desde el primer momento.
Al mismo tiempo, Puig se beneficia de la expectativa de una prima. Los analistas estiman que la operación podría incorporar un sobreprecio del 20% al 35% sobre su valoración previa, lo que explica el rally bursátil.
El grupo estadounidense no llega a la negociación desde una posición de fortaleza. Arrastra varios años de presión en ventas, especialmente en China y el canal travel retail , y ha tenido que lanzar un ambicioso plan de reestructuración que supera los 1.300 millones de dólares y contempla miles de despidos.
Para algunos analistas, la operación tiene un claro carácter defensivo. Jefferies interpreta el movimiento como una forma de ganar escala en un sector cada vez más competitivo y con crecimiento más moderado. La suma de los dos negocios crearía un grupo de unos 20.000 millones de ventas que podría liderar el segmento de la belleza prémium.
Puig, por su parte, encara las conversaciones en una posición que el mercado interpreta de fortaleza, con un crecimiento sólido, exposición al segmento de fragancias —uno de los más dinámicos del lujo— y margen de revalorización. Ahora bien, el hecho de que las negociaciones se estén desarrollando esta semana en Nueva York envía una señal, sostienen fuentes financieras, de la correlación de fuerzas entre ambas firmas.
