El mundo según Palantir: la tecnológica publica un manifiesto que hace saltar las alarmas

Entre todas los gigantes tecnológicos de Silicon Valley, hay uno que suscita especial temor: Palantir.

La compañía presidida por Peter Thiel –el magnate ultra que cree que democracia y libertad son incompatibles– quiere ser el ojo que todo lo ve. En los últimos años ha desarrollado sofisticadas herramientas de análisis de datos e inteligencia artificial que sirven tanto para perseguir a inmigrantes en Estados Unidos como para lanzar bombardeos masivos sobre Irán. Y ese software le ha permitido amasar cada vez más poder: la empresa no solo se ha infiltrado en todas las capas de la Administración Trump –de la CIA al Pentágono, no hay organismo federal que no trabaje con ella–, sino que mantiene tratos con múltiples gobiernos europeos –incluido el español, que recurrió a sus servicios en el 2023–.

Las asociaciones de derechos humanos hace tiempo que alertan de que los productos de Palantir a menudo se emplean para vulnerar las libertades civiles más básicas, pero eso no ha hecho mella en la actividad de la empresa. Es más, la tecnológica presume de su visión descarnada del mundo: el pasado fin de semana, publicó en sus redes sociales un manifiesto que resume su ideario, y que parece pensado para armar revuelo.

El texto, estructurado en 22 puntos, se basa en el libro La república tecnológicapublicado el año pasado por el director ejecutivo de la compañía, Alex Karp; y aboga por una mayor implicación de Silicon Valley en la industria militar estadounidense. Ya basta de fabricar solo productos de consumo: toca responsabilizarse de la defensa nacional.  “Si un marine pide un rifle mejor, tenemos que fabricarlo, y lo mismo sucede con el software”, se lee en el documento, en el que también se pide abrazar un “poder duro” basado en las nuevas tecnologías. “La era atómica está terminando, y una nueva era de disuasión construida sobre IA está a punto de comenzar”, asegura Palantir.

Asimismo, en el manifiesto se exige al Gobierno estadounidense que reestablezca el servicio militar obligatorio, y se reclama el fin de “la neutralización de posguerra de Alemania y Japón”. Otro punto provocador es el que insta a Occidente a abandonar la idea de inclusión: “Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y hueco”, afirma la compañía, la cual en el pasado se ha reivindicado con orgullo como “completamente anti woke”.

Desde que comenzó a circular en redes, el manifiesto ha recibido críticas furibundas, y de los flancos más variados. Desde la izquierda, el exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis, dijo: “Si el mal pudiera tuitear, esto es lo que haría”; y desde la derecha, el politólogo estadounidense Richard Haniana se preguntaba: “¿Quién diablos se creen que son?”. Por su parte, el filósofo belga Mark Coeckelbergh describió el texto de Palantir como un “ejemplo de tecnofascismo”, mientras que el empresario y analista geopolítico francés Arnaud Bertand habló de una peligrosa “agenda ideológica” que promueve el “choque de civilizaciones”. Incluso Alexander Dugin, el gurú ideológico del Kremlin, expresó su disgusto, asegurando que el manifiesto era “iliberal” y “antihumanista”.

Y entre todas las reacciones, una lectura más escéptica: la del parlamentario británico Martin Wrigley, del Partido Liberal Demócrata, quien declaró que el documento “es o bien una parodia de una película de Robocop, o bien un inquietante discurso narcisista de una organización arrogante”.

A Palantir ya le va bien el ruido: presentarse como una compañía capaz de mover los hilos del mundo le sirve para atraer nuevos clientes y, sobre todo, disparar su cotización en la bolsa. En la última semana, el precio de sus acciones ha subido más de un 10%. Bienvenida sea toda publicidad.

Daniel Rodríguez Caruncho

Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.

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