La regularización de inmigrantes genera inevitables conflictos: ya se sabe, es un tópico que divide al paisanaje. Huyendo de la vehemencia, y para contribuir a un debate más sosegado, quizás tenga sentido mostrar las razones de su llegada y que cabe esperar del futuro.
La inmigración refleja el impacto de tres procesos: insólita caída de la natalidad; economía sesgada a sectores empleo-intensivos, y una educación inadecuada para atender las necesidades
productivas del país, con elevado fracaso escolar y un muy fuerte peso de universitarios. Súmenlo y tendrán una aproximación a lo que nos ha pasado y lo que nos
espera.
Sus efectos a la vista están: entre el 1 de enero del 2002 y el del 2026, los inmigrantes (no nacidos en España) han pasado del 6% al 20% de los residentes en el conjunto del país, y del 7% al 26% en Catalunya. Además, el peso del colectivo más vinculado a la actividad (25 a 44 años) es difícil de calificar: en el 2026, más del 32% de esa cohorte en España es inmigrante, un registro que alcanza un insólito 45% en Catalunya.
En España se prevé un incremento de unos cuatro millones de inmigrantes en diez años
Esos guarismos demográficos traducen su elevada aportación al empleo: el pasado año alcanzó cerca del 30% de la ocupación catalana (un 24% en España), reflejando su notable contribución al crecimiento 2021-2025: en Catalunya, de los 415.000 nuevos puestos de trabajo creados, más del 83% fueron ocupados por inmigrantes, mientras en España explican el 68% de los 2,3 millones generados.
Ese sesgo inmigrante hacia la producción explica sus diferencias territoriales: en el 2025, un amplio gradiente comarcal desde el 34% de los residentes en el Barcelonès al 11% del Lluçanès. Además, algunos importantes municipios presentan valores más elevados que la media catalana del 26%: Guissona (51% de sus residentes), Castelló d’Empúries (50%), La Jonquera o Lloret de Mar (45%), Hospitalet del Llobregat (41%) o Barcelona, Vic y Sitges (en torno al 35%).
Finalmente, ¿qué cabe esperar en la próxima década? Para España, el INE apuesta por un incremento de la inmigración próximo a los 4 millones, mientras en Catalunya Idescat lo sitúa en el medio millón. Mis previsiones, relativas al mercado de trabajo ( Transició demogràfica, envelliment i immigració a Catalunya 2024-2050 , CADS 2026), sugieren que, con modestos crecimientos del PIB y la productividad, la demanda de empleo de las empresas 2025-2035 aumentaría en 650.000, mientras que, dado el envejecimiento del país, la nueva oferta caería unos 200.000: necesidades de nueva inmigración en el entorno de 850.000 efectivos. Añadiendo la reagrupación familiar, más de un millón. De no mediar una catástrofe económica prolongada, un volumen parecido llegará, sí o sí.
Bienvenida sea la regularización. Aunque dada la continuidad de las razones del aumento de la inmigración, los dados están ya echados para la próxima década. Convendría no olvidarlo.
