
A veces la agenda habla más que mil discursos: el Papa de Chicago pasará el 4 de julio en Lampedusa, la isla convertida en avanzadilla de la crisis migratoria. Es una forma explícita de recordar al papa Francisco, que eligió precisamente este lugar para su primer viaje, el 8 de julio de 2013, cuando denunció la “globalización de la indiferencia”. Pero el calendario también resulta elocuente. La coincidencia ofrece una respuesta simbólica a la invitación, nunca formalizada, de Donald Trump para celebrar el 250.º aniversario de la independencia de Estados Unidos entre los fastos kitsch preparados en Washington. La imagen está destinada a permanecer: por un lado, las costosas escenografías del magnate; por otro, el pastor que rinde homenaje a los últimos de la Tierra.
En la víspera de la fiesta nacional estadounidense, además, León XIV lanzó un mensaje que muchos interpretan como una invitación a la Administración Trump. En una intervención por videoconferencia durante la entrega de la Liberty Medal, en Filadelfia, el Pontífice recordó que la historia y la identidad de Estados Unidos están profundamente ligadas a la inmigración. “Para tantos pueblos de todo el mundo —afirmó— fue la firme determinación de hacer realidad la noble visión de los padres fundadores lo que convirtió a Estados Unidos en sinónimo de libertad, mientras el país abría sus puertas a sucesivas oleadas de inmigrantes, permitiéndoles a ellos y a sus hijos contribuir a forjar el futuro de la nación”. León XIV añadió que esa apertura también permitió a Estados Unidos convertirse en una referencia para el mundo en algunos de los momentos decisivos de la historia.
Más allá de las tensiones por Irán, el principal terreno de distancia entre los dos estadounidenses sigue siendo la inmigración. Precisamente por su rechazo a las deportaciones impulsadas por la Administración republicana, el Papa ha logrado reagrupar a un episcopado que hasta hace poco aparecía profundamente dividido. Los llamamientos de los obispos estadounidenses contra las expulsiones forzosas han contado siempre con el respaldo del Pontífice, provocando un profundo malestar en el entorno del presidente.
Trump es uno de los pocos líderes mundiales que todavía no ha hablado con el nuevo Papa. Entre ambos ni siquiera ha habido una conversación telefónica. Fuentes de la Santa Sede recuerdan que la tradición establece que no es el Pontífice quien llama a los jefes de Estado o de Gobierno, sino al contrario, y que, llegado el caso, León XIV no tendría inconveniente alguno en atender esa llamada. Una forma diplomática de dejar entrever el desconcierto del Vaticano ante la actitud del presidente estadounidense hacia su compatriota en el trono de Pedro.
Sí se han producido encuentros entre el Vaticano y los dos católicos más destacados de la Administración Trump: el vicepresidente, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio. Conversaciones que, más allá de las formas, han puesto de manifiesto las profundas diferencias entre ambas partes, sobre todo en cuestiones como la guerra y la acogida de los inmigrantes.
La relación complicada
Entre Trump y el Papa nacido en Chicago aún no ha habido ni una llamada
El Papa sigue adelante por su propio camino. El discurso iniciado en junio en Canarias, la otra frontera europea en medio del mar de las rutas de la esperanza y, con demasiada frecuencia, de la muerte, continuará ahora con un nuevo homenaje a la dignidad de los migrantes: los que no lograron sobrevivir, pero también quienes siguen teniendo una historia que contar.
La isla siciliana, más cercana a las costas del norte de África que a las italianas, se prepara para recibir al Pontífice con emoción. El programa de la visita habla por sí solo. La primera parada será el cementerio de Cala Pisana, entre las cruces dedicadas a los migrantes fallecidos durante la travesía. Allí no aparecen nombres, sino únicamente números. Historias interrumpidas cuyos detalles se desconocen. Una, sin embargo, sí tiene nombre.
El predecesor
El viaje evoca la visita de Francisco, que inauguró su pontificado con un homenaje a los migrantes muertos en el Mediterráneo
Es la de Youssef Ali Kanneh, un bebé guineano de seis meses que murió en noviembre de 2020 en un naufragio que causó seis víctimas frente a las costas de Libia y cuyos cuerpos fueron recuperados por el barco de la ONG catalana Open Arms. Los habitantes de Lampedusa lo llaman simplemente “el pequeño Yousuf”. Sobre su tumba puede leerse una inscripción en inglés: “Why so soon, my son? Mum and dad will love you forever”. Una pregunta que volverá a resonar este sabado.
Será imposible no pensar en Francisco también porque León XIV recorrerá la isla en la misma Fiat Nuova Campagnola descapotable que utilizó su predecesor. El vehículo pertenece a Ennio Delfino, un jubilado milanés que eligió Lampedusa como su segunda casa.
El Papa se reunirá después con dos niños cuyas vidas simbolizan el rostro más humano de la migración. María, hija de padres marfileños, nació el 31 de julio de 2021 y fue el primer bebé nacido en la isla en 51 años, ya que Lampedusa carece de hospital para partos. Leonardo, de origen ghanés y nacido el 1 de enero de 2015, llegó a la isla en brazos de su madre, fallecida durante la travesía en una noche de junio de 2016. Fue adoptado por una familia de Palermo, que cada año regresa a Lampedusa para depositar flores amarillas y naranjas en el muelle de Favarolo en memoria de su madre.
Los simbolos
El Papa abrazará a dos niños marcados por la migración: una nació en Lampedusa y el otro llegó huérfano tras un naufragio
El alcalde de Lampedusa explica que la situación, al menos por ahora, ya no es tan dramática como durante la visita de Francisco. “Las cifras se han reducido incluso un 50% respecto a hace unos años. Pero, sobre todo, ha cambiado la logística: los traslados son más rápidos, los servicios sanitarios se han reforzado y existe un protocolo que evita que se llegue a una situación de emergencia. Hay una gestión humana del centro de acogida gracias a las mejoras realizadas y al trabajo de la Cruz Roja”.
Habrá también un gesto cargado de simbolismo. Antes del inicio de la misa, el alcalde de Lampedusa entregará a León XIV un pequeño faro de madera realizado con restos de las embarcaciones utilizadas por los migrantes para cruzar el Mediterráneo. Su autor es el carpintero lampedusano Francesco Tuccio, conocido por sus cruces hechas con la madera de los naufragios y por haber fabricado en el 2013 el báculo y el cáliz utilizados por Francisco durante su histórica visita a la isla. El faro, símbolo de Lampedusa pero también de esperanza, luz y vida, será colocado junto al altar antes de viajar al Vaticano con el Pontífice. Será la huella material que dejará en la isla el 4 de julio del Papa americano.
