La City de Londres, los menos de dos kilómetros cuadrados que son el gran centro financiero del planeta junto con Wall Street, tienen su propia policía desde que los romanos fundaron lo que llamaron Londinium a orillas del río Támesis en el año 47, una de sus fronteras más occidentales. La institución, independiente de Scotland Yard, ha sobrevivido a la conquista de los normandos, la gran plaga y el incendio de 1866 y el crash del 2008, pero ahora se ve amenazada por un plan para reorganizar y unificar las fuerzas del orden de todo el país con el propósito de reducir gastos.
Un informe del Ministerio de Interior que propone fusionar la policía de la City of London con la Policía Metropolitana (Scotland Yard) –según ha informado The Financial Times – va a estar en el escritorio del próximo primer ministro británico (con casi toda seguridad Andy Burnham) cuanto aterrice en el número 10 de Downing Street el próximo día 20, junto con peticiones de bancos, aseguradoras, bufetes de abogados, corredores de bolsa, multinacionales de las finanzas, auditores y pequeños comercios para que desatienda esa recomendación y deje las cosas como están desde hace veinte siglos.
Una de sus principales funciones es combatir el fraude online, que constituye el 46% de todos los delitos en el país
Los 1.355 agentes de la policía autónoma de la City (también llamada la “milla cuadrada”), independientes por razones históricas del resto de cuerpos de seguridad de Inglaterra y Gales, tienen funciones convencionales como investigar hurtos, perseguir a los ladrones o multar a las bicicletas que se saltan los semáforos en rojo y a los patinetes que circulan por sus calles como si fueran Ferraris. Pero también es la encargada de combatir el fraude, la evasión de capitales, las estafas, la ciberdelincuencia, la corrupción y los sobornos. Al fin y al cabo, su pequeño territorio es el gran centro de lavado de dinero del mundo, donde los oligarcas rusos se las ingenian, con la ayuda de un séquito de contables y abogados, para eludir sanciones.
Hay razones para pensar que el gobierno británico hace la vista gorda a esos delitos y tan sólo los persigue de una manera cosmética para que Londres no pierda terreno como capital financiera y sus negocios se vayan a Frankfurt, París o Ámsterdam. A pesar de ello, el Home Office (Ministerio de Interior) lleva tiempo promoviendo la idea de que sería más eficaz integrar esas funciones de la Policía de la City en una unidad anti fraude de Scotland Yard.
La City, que se extiende siguiendo la orilla norte del Támeses desde Temple hasta la Torre de Londres y desde Liverpool Street hasta Chancery Lane, es una unidad administrativa peculiar que cuenta con tan sólo 8.600 residentes permanentes, 678.000 trabajadores que ocupan sus oficinas de nueve a cinco, y millones de turistas de todo el mundo. Hay pocas experiencias más genuinamente londinenses que tomarse una pinta de cerveza en uno de sus pubs históricos un día de verano a la salida del trabajo, en medio de un enjambre de jóvenes con camisa y corbata que celebran fusiones, adquisiciones, ventas, cobros de seguros y operaciones de cambio de divisas que a finales del ejercicio generarán primas generosas para complementar sueldos que en Sants o Les Corts permitirían vivir como un rey.
El cuartel general de la policía está en el Guildhall, un edificio medieval cuyos orígenes se remontan al siglo XV, reconstruido tras el Gran Incendio de 1866 y el bombardeo alemán de la II Guerra Mundial, que hace las funciones de casa consistorial (con su alcalde, ediles y concejales independientes de los del resto de la capital), palacio ceremonial administrativo símbolo del poder de unas élites gobernantes que se remontan al Imperio Romano. Tiene un cuartelillo adicional en Bishopsgate, pero los de Moor Lane, Cloak Lane y Wood Street cerraron hce tiempo. Su gobierno municipal es el más antiguo e manera continuada del país (y del mundo), precediendo a la creación del parlamento de Westminster, y gestiona todos los espacios públicos de la “milla cuadrada” (incluidos los mercados de carne, pescado,frutas y verduras) y los tribunales penales de la capital (el Old Bailey), situados dentro de sus fronteras. También asume la misión de impulsar a Londres como centro financiero global.
La policía de la City se financia parcialmente con 40 millones de euros anuales en aportaciones de los negocios que operan en su territorio, interesados en que siga siendo el cuerpo que garantiza su seguridad y su autonomía. En un universo de negocios opacos, no se fían de Scotland Yard y prefieren la autogestión.
