¿Existe algo más gracioso que obligar a la pulcra, prolija y perfeccionista Margaret Thatcher a estar de pie asida a su bolso junto a un tipo que se proclama lord y lleva un cubo de basura por sombrero? La broma, que probablemente no debía haber pasado del pub en el que se engendró, poco antes del campanazo que anuncia la última ronda, se hizo real en 1987.
Mike Lee, un distribuidor de vídeo que se había hecho con los derechos de un trasunto de Star Wars en 1984 en el que aparecía a Lord Bucketface, un pseudo Darth Vader, decidió llevar al personaje a la política y enfrentarse a Thatcher en su terreno. Su política —una sola— defendía demolir Birmingham para construir un puerto espacial, que ya proclamaba ser Comandante de la Flota Espacial de los Woopians.
Lord Bucketface no logró grandes resultados —apenas 131 votos— pero logró su objetivo de rivalizar con Thatcher y obligarla a posar junto a él en más escenarios de los que La Dama de Hierro hubiera querido.
El Conde Binface es el sucesor de Lord Buckethead, cuya popularidad le llevó a saltar al escenario en Glastonbury
El personaje de Lee fue un paso más allá: tras la caída de Thatcher también quiso enfrentarse a su sucesor, John Major. Logró 107 votos, un 18% menos que en el periodo anterior, por lo que Lee dio su personaje por terminado.
Y el fin hubiera sido definitivo si el Brexit no se hubiera metido por medio. El caos político británico arrancado en 2016 llevó al cómico británico Jonathan Harvey a resucitar a Lord Bucketface y enfrentarlo a Theresa May por un asiento en Westminster. Con unas propuestas políticas actualizadas, y centradas en recuperar el teletexto, Bucketface logró 249 votos y posó junto a May en la noche electoral mientras se anunciaban los candidatos. También saltó al escenario del festival de Glastonbury y sacó un villancico navideño.
Y a todo el mundo le pareció bien… Menos al creador de Bucketface. Todd Durham, creador del personaje para la película de 1984, demandó a Harvey por hacerse con su creación, por lo que el cómico se vio obligado a rehacer su personaje. Y Lord Buckethead pasó a ser el Conde Binface. De “cabeza de cubo” a “cara de papelera”.

El Conde Binface fue rival electoral de Boris Johnson en 2019 y Rishi Sunak en 2023. Proponía la nacionalización de Adele, garantizaba que el presentador Piers Morgan pasaría a tener un “0% de emisiones de gases” y —quizá esto no era broma— organizar un segundo referéndum para revertir el Brexit.
Binface será ahora rival del líder ultraderechista Nigel Farage, ideólogo de Reform y que dimitió de su escaño esta semana. La elección especial será el 6 de agosto. No solo será rival de Farage: será el único rival de Farage. Los grandes partidos no concurrirán a esa elección especial, quizá para ridiculizar a Farage, quizá para darle una oportunidad a Binface. Quien, por cierto, no podría utilizar su casco en Westminster: el reglamento no lo permite.
Más allá de la broma, el Conde Binface recupera una tradición iniciada con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial de candidatos de protesta o satíricos. Tal vez sin quererlo, el primero fue Bill Boaks, que concurrió, sin éxito, a 30 elecciones entre 1951 y 1979. Él se consideraba en serio, pero su forma de promocionar sus ideas (en una bicicleta, rodeado de carteles) lo convirtió en una broma. Screaming (gritón) Lord Sutch fue el primero en presentarse en un sentido estrictamente satírico. Arrancó en 1963 y su extravagante propuesta era reducir la edad legal de voto de 21 años a 18. Más explícito fue un partido fundado en 1974, Go To Blazes Party (El partido de “Váyanse al diablo”, en una traducción pacata y libre), que concurrió en dos comicios de este año.
Toda esta comedia política se hizo, de alguna forma, real en los sketches de Monty Python. En El señor Hilter [nótese el desorden de las letras] y la elección parcial de North Minehead, Graham Chapman interpretaba a un tal Ron Vibbentrop que promocionaba las ideas de Hitler paseando en bicicleta, como Bill Boaks, y haciendo sonar un gramófono.
Tal vez el Conde Binface, de hacerse con el asiento que le disputa Farage, reclame para sí el Ministerio de Andares Tontos.

