Llegó despotricando a diestro y siniestro contra todos los aliados. De Giorgia Meloni, no había ni siquiera aterrizado en Ankara que la llamaba acosadora. Se quejó al principio de la falta de solidaridad de Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido en Irán desde el palacio presidencial de Recep Tayyip Erdogan. Resucitó su obsesión por Groenlandia, dormida durante unos meses. Y al día siguiente, se ensañó como no lo había hecho nunca con España, a quien tachó de “mala gente” y “causa perdida” por su negativa a asumir su gasto en defensa.
Trump ha puesto la OTAN patas arriba, pero de momento, la organización parece haber ganado algo de esperanza de vida. Bastó una sesión con los 32 aliados a puerta cerrada para que Trump sintiera todo el “amor” de sus homólogos y rebajara el tono incendiario. “Había mucho amor en esa sala, mucha unidad”, sonrió.
Ucrania logró arrancar el compromiso de Washington de darle licencias para fabricar los misiles Patriot
También se expresó en términos más cordiales sobre el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, durante una reunión bilateral que contrastó con la reprimenda que le propinó en una reunión el año pasado. Hasta dijo, entre bromas, que concedería a Kiev una licencia para fabricar misiles Patriot. Ucrania también se fue satisfecha en la declaración final con el compromiso de 70.000 millones durante el 2026.
“Si hay una palabra que resume lo que ha pasado hoy es unidad; nunca había visto nada igual. Los países nos quieren, se quieren entre sí. Ha sido una unidad impresionante”, repitió Trump, encantado entre la atención de la prensa en la rueda de prensa final, antes de embarcarse de regreso a casa con el revólver de oro grabado con su nombre que Erdogan regaló a todos los líderes.
Este mensaje más calmado no fue solo ante los medios, sino también a puerta cerrada, según ha podido confirmar este diario. Sin cámaras delante, Trump se olvidó de los descalificativos contra los aliados, y, contrariamente a lo que muchos temían, no mencionó ni a España ni a Groenlandia y renovó su compromiso con mantener a Estados Unidos en la OTAN. La declaración final, cocinada previamente, supuso un suspiro de alivio para muchos aliados al suscribir el Artículo 5 de defensa mutua de la Alianza Atlántica, que Trump ha cuestionado en más de una ocasión.
Así, después de un peligroso juego de equilibrios, halagos y temores entre los aliados –Meloni huyó evitando el cara a cara con Trump– la OTAN parece haber superado, al menos por unos meses, al test al que le había sometido el magnate, que no ha anunciado nuevas reducciones de tropas inminentes en Europa. Para evitar riesgos, el belga Bart de Wever incluso evitó hasta hablarle del partido en el Mundial. Trump no ahorró en calificativos para destacar lo que considera un buen trabajo de su amigo Mark Rutte, el secretario general de la organización, quien organizó una coreografía cuidada al milímetro para satisfacer al magnate y demostrarle cómo los aliados europeos están gastando más en defensa que nunca gracias a su presión.
El líder de EE.UU. se marchó satisfecho por la “unidad” y el revólver de oro que regaló Erdogan a los líderes
“La mayoría de los países han hecho un gran trabajo. Tenemos un par que no, pero tengo el sentimiento de que lo harán bastante pronto”, sostuvo Trump, tras escuchar complacido todas las nuevas cifras de lluvia de millones en nuevos contratos en defensa, 50.000 millones comprometidos solamente durante la cumbre. No solo Rutte, sino que el canciller alemán, Friedrich Merz, reconoció que los últimos presidentes estadounidenses pedían educadamente “por favor, haced por fin un poco más por vuestra propia defensa”, pero “en toda Europa esas peticiones caían en gran medida en saco roto”. “Ahora hay un presidente estadounidense que dice, sin rodeos, basta”, sostuvo.
El huracán Trump secuestró la cumbre hasta el punto de opacar las promesas de gasto en defensa su furia contra Irán tras las agresiones sufridas por tres buques comerciales que transitaban por el estrecho de Ormuz en las últimas 48 horas. El magnate dio por zanjada la tregua tras los ataques de respuesta del Pentágono y aseguró que no quiere negociar más con Irán, a quienes definió como “escoria”.

El Pentágono atribuyó directamente a Teherán la autoría de los sabotajes a los buques, elevando la tensión en una de las rutas marítimas más críticas para el comercio mundial. En paralelo, Washington ha asestado también un golpe financiero al revocar la exención que permitía temporalmente a Irán exportar petróleo, reactivando así las sanciones sobre su crudo. Luego, la Guardia Revolucionaria iraní respondió con ataques sobre Baréin y Kuwait.
Sin embargo, no está claro el significado que tendrán las palabras del presidente estadounidense, ni si el alto el fuego puede considerarse terminado al completo. Él mismo pareció dejar una puerta abierta a la tregua al decir que los mediadores de su equipo “quieren negociar” y son “buena gente”, no como los iraníes, que “son un atajo de mentirosos”. “Ahora, dejaré que nuestros maravillosos negociadores sigan hablando si quieren, pero no lo veo claro. No me cae bien esta gente, ¿saben?” comentó.
Un periodista danés pregunta a Rutte si no le afecta callar cuando Trump arremete contra aliados
“Para mí se ha acabado. No quiero negociar con ellos, porque son basura. Son gente enferma, dirigida por gente enferma, mala, violenta. Si tuvieran un arma nuclear, lo usarían”, sostuvo, sentado junto a un silencioso secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en la cumbre de la Alianza Atlántica en Ankara. Antes, ya había justificado y bendecido las acciones de respuesta estadounidense.
La reputación personal del neerlandés, completamente volcado en apaciguar a Trump, no salió indemne. En esta cumbre el magnate no filtró ningún mensaje humillante, pero un periodista danés no se mordió la lengua al preguntarle: “Se sienta junto a Trump en momentos en los que habla de conquistar Groenlandia, de arremeter contra aliados como España… cosas que no parece que el antiguo Mark Rutte aprobara. ¿Afecta esto de alguna manera a su autoestima cuando se sienta ahí y no dice nada?”.
El siempre impasible secretario general de la Alianza le contestó con un mensaje aprendido de memoria: “Lo que siempre hago es reconocer cuando hay que elogiar a alguien, y creo que deberíamos elogiar a Donald Trump por el hecho de que la OTAN sea ahora mucho más fuerte”.

