Los humanoides vienen marchando

Durante décadas, la convivencia entre humanos y robots ha sido amable o, al menos, no conflictiva. Últimamente, han aumentado el interés de la industria y la curiosidad de la población por unos especímenes –al fin, máquinas– cuyo rasgo fundamental es que pueden hacer lo que antes no les era posible. Los humanos seguimos ocupándonos de tareas físicamente exigentes que requieren alta precisión o no son seguras, pero ¿está cerca el reemplazo? Los humanoides, tan fotogénicos, entran en escena, pero la capacidad de un robot no va más allá de ciertas tareas que los humanos hacen porque saben cómo hacerlas; difícilmente es predicable la superioridad de los autómatas.

En el trasfondo, la inteligencia artificial mueve los hilos. Nakul Duggal, vicepresidente ejecutivo de la compañía estadounidense Qualcomm, distingue tres atributos cuando se le pregunta por el estado actual de la robótica. “El primero es el movimiento: cómo moverse de A a B ya es cosa resuelta (sic) para un coche sin conductor; mientras que hay robots capaces de caminar y desplazarse sin ayuda, de correr y hasta de simular que compiten, pero estas cualidades son escasas y, francamente, incompletas. Ya llegaremos”.

Los robots son entrenados para tareas que los humanos saben cómo hacer

Para que el movimiento sea autónomo, es preciso contar con un segundo y un tercer elemento, la percepción, un don reservado a los humanos y a otro que los proponentes de la IA se empeñan en llamar razonamiento : el cerebro “nos permite ver y comprender aquello que vemos, asociarlo con otros componentes del mundo que nos rodea y, en esta medida, interactuar”, dice Duggal. En los pasados cinco años se han logrado grandes avances en la percepción y la interacción, pero los robots de la actualidad no tienen suficiente destreza (cómo coger algo, cómo moverlo, cómo abrirlo, etcétera). En opinión del directivo, esta es una carencia humana: “No tenemos aún el conocimiento que nos permitiría entrenar una máquina con capacidades que, hasta nuevo aviso, serán nuestra exclusividad”

¿Cómo hacer que despegue el mercado de la robótica? La respuesta no consiste en complicar los problemas, sino en lo contrario: empezar resolviendo los fáciles, donde el margen de error sea tolerable. “Esta condición solo se da con objetos físicos estructurados que hacen posible automatizar la tarea […] Lo cierto es que, hasta ahora, todo se ha hecho en beneficio de los humanos como receptores, pero gracias a la IA física, el beneficiario debería ser una máquina”. Lo que estamos viendo es impresionante pero insuficiente, resume.

Qualcomm es consciente de que los chips para los móviles tienen cada vez menos recorrido

Estas insuficiencias justifican la entrada de Qualcomm, conocida por sus procesadores Snapdragon para móviles, en el mercado de la robótica. Globalmente, ese mercado es de unos 18.000 robots al año, tiempo en el que esta compañía vende 18 millones de chips. Claro está que todo el mundo tiene un móvil y la diferenciación se hace difícil, por lo que la demanda parece condenada a declinar: a menos que la IA aporte algo novedoso y atractivo, la vida útil de la base instalada se estirará, se venderán menos. Anticipándose a lo inevitable, Qualcomm diversifica desde hace años su modelo de negocio.

El cambio de estrategia empezó por desarrollar un chasis digital que utilizan prácticamente todas las marcas de automoción en ciertos modelos. Duggal ha ganado sus galones con el éxito de ese desarrollo, que dirige desde el 2011. Es la partida más relevante de las que controla: “Smartphone sobre ruedas” es un lema socorrido, con una facturación que en el 2025 alcanzó los 4.000 millones de dólares y un crecimiento del 36%. Con sus chips Dragonwing, concebidos para robótica y presentados en Barcelona en marzo, empieza otra historia.

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