Las playas mediterráneas de Tel Aviv rebosan de bañistas mientras la tregua entre Estados Unidos e Irán se desmorona en las costas de Ormuz, a un par de miles de kilómetros de distancia. “El alto el fuego ha acabado”, pronunció Donald Trump, dando por concluidos los tres meses de diálogo tedioso con Irán y la firma de un Memorando de Entendimiento que buscaba poner fin a la guerra en Oriente Medio.
Israel, el principal opositor a cualquier pacto con los persas, no se ha unido por el momento al cruce de misiles entre persas y norteamericanos, que han afectado estos últimos días a objetivos militares iraníes y a países del golfo Pérsico.
La ausencia de los israelíes en este escenario es relevante, precisamente, por su historial de beligerancia: en junio, el primer ministro Beniamin Netanyahu ordenó bombardear los suburbios de Beirut e incendiar el conflicto, a pesar de las llamadas a la calma de Trump, que no quería dinamitar las negociaciones con los iraníes. Teherán insistía en que solo una retirada total de las tropas israelíes del sur de Líbano y el cese de los combates contra su principal aliado, la milicia libanesa Hizbulah, podían garantizar el fin del conflicto en toda la región.
Los drones con la estrella de David han seguido golpeando al Partido de Dios en Líbano, y las tropas permanecen en la zona fronteriza. Sin embargo, los ataques han disminuido hasta el punto de que muchos libaneses han comenzado a regresar a las ruinas de lo que solían ser sus pueblos en el sur.
Ante la posibilidad de que los misiles balísticos regresen a los cielos de Tel Aviv, Netanyahu, junto con su ministro de Defensa, Israel Katz, y el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, afirmó que Israel “está preparado” para continuar con la contienda “en cualquier momento”.
En una graduación de nuevos pilotos del Ejército, Zamir expresó lo que gran parte de la población en Israel piensa: la guerra con Irán “no ha terminado”. “Sobre la mesa hay nuevos planes. Aún nos esperan operaciones importantes. Estad preparados”, afirmó el jefe del Estado Mayor.
Los israelíes se aproximan a unas convulsas elecciones a finales de octubre, las primeras tras el 7 de octubre. Netanyahu se enfrenta a las urnas tras haber abierto frentes bélicos en Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria, Yemen y contra su enemigo acérrimo: el régimen de los ayatolás.
Trump ha dado instrucciones al Pentágono para bombardear Irán a “niveles nunca antes vistos” en caso de morir asesinado por la república islámica
La firma del Memorando de Entendimiento y la predisposición de Trump a pactar con los persas fueron recibidas con pánico en los despachos del país levantino. Tras haber iniciado una “guerra existencial” contra los enemigos de Israel, Netanyahu difícilmente puede cantar una victoria que le permita permanecer en el cargo.
Su única opción es convencer a Estados Unidos para que continúe con su guerra santa. “Con o sin acuerdo, Irán no tendrá armas nucleares”, aseguró el líder de Likud el jueves. El primer ministro añadió que Washington constituye “un multiplicador de fuerza extraordinario” para Israel. La campaña contra Hizbulah, explicó, también está lejos de terminar. “Permaneceremos en la zona de seguridad del sur del Líbano el tiempo que haga falta para garantizar la seguridad de nuestras comunidades del norte”, afirmó.
El actual cambio de guion en la Casa Blanca conviene a Israel. En ese sentido, la inteligencia hebrea compartió con Estados Unidos información sobre un supuesto nuevo plan iraní para asesinar al presidente estadounidense, Donald Trump, según publicó este jueves The Wall Street Journal. De acuerdo con el diario, los equipos israelíes detectaron indicios de que Teherán preparaba un nuevo intento contra el mandatario, aunque no precisó cuándo trasladó esa información a Washington ni por qué canales. No obstante, dos funcionarios estadounidenses rebajaron el alcance de la alerta y aseguraron al Canal 12 israelí que se trataba de conversaciones generales entre responsables iraníes sobre la posibilidad de atentar contra Trump, y no de un plan operativo.
El presidente no tardó en fantasear con la idea de convertirse en shahid (mártir), un concepto profundamente arraigado en la tradición cultural chií de los persas, que acaban de enterrar al ayatolá Ali Jamenei tras seis días seguidos de funeral. Trump afirmó este viernes que ha dado instrucciones al Pentágono para bombardear Irán a “niveles nunca antes vistos” en caso de morir como resultado de un complot de la República Islámica. “Espero que me echen de menos”, deseó el líder, con la obsesión de los autócratas por ser loados incluso después de la muerte.
