La IA divide Silicon Valley en dos bloques enfrentados por el ritmo de aceleración

Silicon Valley se encuentra ante la gran disyuntiva de frenar o no el avance de la inteligencia artificial (IA). En los últimos días, los principales líderes de la industria han dado su opinión en un debate inaudito en las altas esferas.

Aunque el mar de fondo venía de lejos –en el 2023, el instituto Future of Life ya lanzó un manifesto con más de 5.000 firmas a favor de la ralentización–, las grandes empresas no se habían manifestado con claridad hasta hoy.

Aunque con matices, existe una fractura en la cuna de la tecnología estadounidense. Por un lado, Anthropic, OpenAI, xAI y Google abogan por moderar el ritmo de los lanzamientos de los llamados modelos de frontera (los más avanzados), y por el otro, gigantes como Nvidia, Meta o Amazon no quieren echar el ­freno.

Los analistas creen que los intereses económicos no están detrás del paso de OpenAI y Anthropic

“Corre lo más rápido que puedas. La industria no necesita nuevas leyes ni regulaciones. Pero si sientes que en algún punto la compañía pierde el control o el producto no es seguro, entonces frena y asegura que lo consigues correctamente”, apuntó Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, durante una conferencia celebrada esta semana en San Francisco en la que participaban los grandes líderes de la industria. El mensaje chocaba frontalmente con la postura que sostienen los líderes Dario Amodei (Anthropic), Sam Altman (Open­AI) y Elon Musk (xAI), rivales hasta la médula, pero en esta ocasión unidos en un mensaje que ha sembrado el miedo entre la sociedad. “Debemos ralentizar el ritmo con el que mejoramos las capacidades de los modelos de IA. El progreso seguirá pareciendo rápido, y debemos usar sabiamente el tiempo que ganemos”, escribió Amodei en un comunicado que ha marcado un antes y un después. El directivo afirmó que la IA podría tomar el control de internet en tan solo seis meses.

Todavía es pronto para saber el alcance real de esta declaración de intenciones. Microsoft pide un camino intermedio, con la creación de un órgano de gobernanza que garantice la supervisión humana de todo avance digital. De momento, todos los frentes están abiertos y las compañías de Silicon Valley siguen avanzando sin ningún cambio. En bolsa, la inquietud del pasado lunes se ha disipado por completo con recuperaciones de los valores de más del 5% en el caso de Nvidia y del 12% en el caso de Intel, Meta (+1%), Alphabet (+2%), mientras que el Nasdaq en su conjunto ha subido un 1,7% esta semana.

“Hay dudas acerca de si el freno tiene que venir de la propia industria o de una mayor regulación, pero lo que está claro es que hay una cuestión de fondo geopolítica que a nadie se le escapa. Si la industria de Estados Unidos se frena, China le puede pasar por delante”, afirma Ariadna Font, fundadora de la startup Alinia AI que en el pasado fue directora de ética algorítmica en Twitter (ahora X).

Las tecnológicas cotizadas en bolsa se han recuperado de las caídas de inicios de semana

El presidente Donald Trump ya se ha expresando claramente en contra de echar el freno a la IA. En la red social Truth, se ha preguntado: “¿Cuando, en la historia de los negocios, alguien vio a líderes de una industria pedir regulación que, si se aplicara con firmeza, los conduciría al olvido y la quiebra?”. “Hay una conspiración enferma contra la IA y los centros de datos, y la única contenta es China”, añade.

A partir de ahora, se abren distintos escenarios. Uno consiste en un pacto entre las empresas favorables a echar el freno a la IA, un acuerdo cuyos efectos tendrían que analizarse a escala legal a causa del impacto en la libre competencia, tal y como advirtió en una entrevista en La Vanguardia Will Rinehart, investigador del think tank American Enterprise Institute. Otro escenario sería la aprobación de nueva regulación. Jacinto Estrecha, director de IA para Europa y EMEA en la consultora NTT Data, valora en este sentido el papel que ha tenido Europa y que en numerosas ocasiones ha sido criticado: “Somos pioneros en regulación, y ahora es momento de defenderlo. Por supuesto, el Congreso de Estados Unidos puede aprobar leyes, pero también se abre la posibilidad de crear una institución multilateral que sobrepase los estados y que opere como una especie de Naciones Unidas en términos de IA”, apunta. Hay movimientos en esta dirección. Esta semana, se ha celebrado en Washington la Pro Human AI Assembly con participantes de ideologías distintas, como Steve Bannon o Bernie Sanders.

En el mismo sentido se manifiesta el profesor Antoni Mestre, investigador especializado en IA de la Universitat Politècnica de València: “En este debate, cada actor está interpretando el riesgo desde una combinación distinta de convicciones científicas, intereses empresariales y posición competitiva”. Bajo su punto de vista, esta es la razón por la que “la gobernanza debería ser independiente y no deberíamos dejar exclusivamente en manos de esas mismas empresas la decisión sobre qué ritmo de desarrollo es socialmente aceptable”.

Los intereses geopolíticos frente al avance de la industria china pueden influir en la decisión de ralentizar

En todo caso, los expertos consultados descartan un motivo económico detrás de la decisión de frenar la IA. Según Font, el freno de la tecnología va en contra de los intereses empresariales tanto de OpenAI como de Anthropic. “Ambas compañías quieren salir a bolsa y, de momento, no se atreven a dar el paso a causa de la incertidumbre. La tecnología está sobrepasando límites, y lo ocurrido recientemente es una alerta contra la existencia humana”, alerta.

El nerviosismo empezó el pasado mes de julio con el escándalo de Hugging Face. Semanas después, llegó la advertencia de Bill Gates y, a inicios de septiembre, saltaron todas las alarmas con la salida de un directivo de Anthropic, Jacob Coxon, quien dijo que la IA nos iba a matar a todos. Fue entonces cuando empezó la escalada de declaraciones que, de momento, tiene al mercado en vilo.

Blanca Gispert Hernandez

Redactora en la sección de Economía desde el 2015. Graduada en Periodismo y Derecho por la UPF. Hoy escribe de economía digital y empresas en crisis

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