El Zentrum se hunde

El partido del canciller se tambalea en Alemania mientras el Bundeswher despliega su más ambicioso plan de rearme. La Unión Demócrata Cristiana Alemana (CDU), fundada en 1945 por un grupo de católicos y protestantes que se habían opuesto al hitlerismo, arriesgando sus vidas, se halla en un momento muy crítico. La CDU de Konrad Adenauer, fuerza central de la República Federal de Alemania, leal aliada de los Estados Unidos de América durante la guerra fría con la Unión Soviética, promotora de la Comunidad Económica Europea, adversaria de los socialdemócratas, pero pactista con los socialdemócratas, está siendo vapuleada en los territorios de la antigua RDA comunista. La CDU ha perdido el Este. El partido democristiano que abjuró del nazismo está siendo desbordado por una nueva formación nacionalista de derechas, distante de la Unión Europea, favorable a la reconciliación con Rusia, de programa ultraliberal y de timbre prusiano, que proclama que ha llegado el momento de dar por concluida la introspección por los crímenes de Hitler.

Las desventuras alemanas de estos días riman con las del Zentrum de la República de Weimar. Es una historia muy aleccionadora, puesto que algunos de los fundadores de la CDU formaron parte del Deutsche Zentrumspartei, partido nacido en 1870 para proteger a la minoría católica en el Imperio Alemán, una minoría religiosa que estaba siendo hostigada por el canciller Otto von Bismarck. El Canciller de Hierro era protestante, prusiano categórico, y temía la intromisión del Papa de Roma en la política alemana, puesto que el Vaticano se sentía muy ofendido por la reciente unificación italiana y temía perder más autoridad.

Poco a poco, el partido católico fue ganando espacio entre conservadores y socialdemócratas, hasta convertirse en árbitro de la República de Weimar después de la Primera Guerra Mundial. El Zentrum era un partido antiprusiano, a la vez que anticomunista, muy influido por los valores del mercantilismo renano y no siempre obediente al Papa de Roma. Fue acumulando tendencias en su interior y la tensión social derivada de la Gran Depresión de 1929 le empujó más hacia la derecha. En 1933 cometió el tremendo error de votar la concesión de plenos poderes al canciller Adolf Hitler. Algunas versiones sostienen que dieron ese paso mortal por consejo del cardenal Eugenio Pacelli, futuro papa Pío XII. En los años treinta, Pacelli era el Nuncio de la Santa Sede en Berlín y había trabado una estrecha amistad con el sacerdote Ludwig Kaas, presidente del Zentrum. El cardenal temía que se rompiese la unidad del frente anticomunista en Alemania.

La historia rima estos meses en Alemania y en toda Europa. Que rime no quiere decir que se vaya a repetir. Se tambalea el Zentrum. Los poscomunistas gobernarán la ciudad-estado de Berlín, pero no estamos hablando de los espartaquistas de Rosa Luxemburgo. Die Linke nació en 2007 como escisión de izquierdas del SPD socialdemócrata, fusionándose con el PDS (Partido del Socialismo Democrático), ala reformista del antiguo partido comunista de la RDA. Die Linke intenta ser ahora el partido de las reformas incisivas y concretas. El partido de los jóvenes que no renuncian a los ideales de izquierda. Menos perspectiva de género y más vivienda asequible. Es interesante observar el mapa electoral de Berlín. Die Linke (25,7%) ha ganado con fuerza en los distritos centrales; la destronada CDU (18,8%) se mantiene en cabeza en los distritos más residenciales, y Alternativa para Alemania (16,3%) ha ganado en los distritos periféricos con población de mayor edad. Observemos que ningún partido alcanza el 30% en la capital federal de Alemania.

Paralelamente, AfD ha barrido a la CDU en Mecklemburgo-Antepomerania, región báltica con 1,5 millones de habitantes, el estado con menor densidad de población de toda Alemania. Ambos territorios fueron fusionados en 1945 por la administración militar soviética, antes de formarse la República Democrática de Alemania. Son regiones de vieja tradición agraria, en las que el feudalismo murió tarde. Antepomerania era la parte occidental de la Pomerania prusiana. La cuestión de Prusia es importante en esta historia; lo señalábamos hace un par de semanas. Los socialdemócratas han ganado en Meklemburgo y AfD ha barrido en la Antepomerania. La CDU ha quedado fuera del Parlamento regional tras quedar por debajo del 5%. Impresionante bofetón para el canciller Friedrich Merz, que en estos momentos solo tiene un 14% de aprobación en todo el país. 

El Zentrum se tambalea, AfD se confirma como la fuerza en auge, a la espera de medir fuerzas en los lander del Oeste, y los poscomunistas gobernarán Berlín en coalición con socialdemócratas y verdes, intentando imitar al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, el nuevo hombre de moda de la izquierda occidental.

Mamdani, de religión musulmana, es hoy el san Martín de Porres de la izquierda europea. Canonizado en 1962 por Juan XXIII, el primer santo mulato de América sintonizó al catolicismo con la lucha por los derechos civiles de la población negra en Estados Unidos, y envió un mensaje de cercanía a los pobres. Se editaron millones de estampas del nuevo santo, que tuvo mucha devoción.

El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, le acaba de visitar. Mañana lo hará Pedro Sánchez. El ‘mot d’ordre’ del alcalde de Nueva York es el siguiente: menos perspectiva de género y más radicalidad en las condiciones materiales de vida de la gente: congelación de los alquileres, cuidado infantil gratuito, autobuses públicos gratuitos y supermercados municipales. Elif Eralp, hija de inmigrantes turcos, ha ganado en Berlín prometiendo la congelación del precio de la vivienda. El alcalde Collboni regresa de Nueva York con la idea de los supermercados de precio asequible. ¿Economatos municipales? Los tiempos están cambiando.

El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, y el de Nueva York, Zohran Mamdani
El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, y el de Nueva York, Zohran MamdaniAjuntament de Barcelona / ACN

Todo empezó hace cuatro años con la guerra de Ucrania. En verano del 2022, la inflación alcanzó el 10% en la mayoría de los países europeos. Rusia había encarecido el gas como respuesta a las sanciones de la Unión Europea por la invasión de Ucrania. El día 26 de septiembre de aquel año, diversas cargas de explosivo plástico estallaron en el fondo del mar Báltico, entre las costas de Suecia y Dinamarca, inhabilitando los gasoductos Nord Stream, la gran autopista submarina del gas entre Rusia y Alemania. No fueron los rusos, ahora lo sabemos positivamente. La lenta investigación alemana apunta a un comando ucraniano con posibles apoyos externos. Alguien decidió cortar definitivamente el grifo del gas ruso a Alemania. De golpe se encareció la factura energética de la principal economía industrial europea. De golpe, la decisión de la canciller Angela Merkel de prescindir de la energía nuclear para fiarlo todo al gas como energía de transición parecía una locura. Ahí empezó a manifestarse la actual crisis estructural de Alemania. Ahí empezó a tambalearse el Zentrum.

Encarecimiento de la factura energética, deslocalizaciones, crisis en la relación comercial con una China más tecnológica y más volcada en la exportación de productos de alto valor. Constatación de que las infraestructuras alemanas estaban anticuadas y que el país de los mejores ingenieros se estaba quedando atrás en la esfera digital. Crisis de la industria del automóvil. Respuesta del Zentrum: invertir en la industria militar como vector de relanzamiento económico. Poner en pie el ejército convencional más grande de Europa, algo que jamás habría imaginado Adenauer.

El cambio de ciclo empezó a manifestarse en Suecia. En septiembre del 2022, con una inflación del 10%, el electorado sueco dio la victoria al Partido Socialdemócrata en número de votos y escaños, con una sorpresa: Demócratas de Suecia, partido de extrema derecha vinculado en sus orígenes al neonazismo, escalaba al segundo puesto con un 20%. El bloque conservador alcanzaba la mayoría absoluta, pero los demás partidos de ese bloque no querían a la extrema derecha en puestos ministeriales. La solución llegó con el Acuerdo de Tidö: el Partido Moderado (conservadores tradicionales, adheridos al Partido Popular Europeo), tercera fuerza, gobernaría en coalición con centristas y democristianos, con apoyo parlamentario de la derecha radical. Al cabo de unos meses, pasó algo parecido en Finlandia, pero esta vez los conservadores aceptaron formar coalición de gobierno con la extrema derecha. La primera entrega del boletín ‘Penínsulas’ se dedicaba a este tema: “Un viento que viene del Norte”, era el título. En abril del 2022, nos preguntábamos si aquellas alianzas, bendecidas por Manfred Weber, el hombre fuerte del Partido Popular Europeo, iban a reconfigurar la política europea hasta entonces basada en la alianza de democristianos, socialdemócratas y liberales.

También nos preguntábamos si ese viento del norte llegaría a España. Llegó. Tumbó a la izquierda en las elecciones locales de mayo del 2023, pero Alberto Núñez Feijóo no supo rematar la jugada en julio, porque su adversario fue más hábil. Feijóo no pudo rematar el pase de Weber y empezó la convulsa legislatura española de la amnistía y de Ceuta. Dentro de unos meses sabremos cómo acaba.

Cuatro años después, el viento del norte ha amainado un poco en Suecia y está formando peligrosos remolinos en Alemania. Los socialdemócratas suecos han vuelto a quedar primeros y parece que volverán a gobernar si alcanzan un acuerdo con la izquierda poscomunista y los ecologistas. Hemos estado examinando los datos con la ayuda del geógrafo Santiago Fernández Muñoz, y creemos que no puede hablarse con rotundidad de cambio de ciclo en Suecia. Habrá alternancia, pero la correlación de fuerzas se ha modificado menos de lo que parece.

La diferencia entre los dos bloques es de unos 50.000 votos, un 0,75% de los votos válidos. La participación fue masiva, el 84,8 %, algo superior al 84,21 % de 2022, con un censo de unos 8,05 millones de electores.

Por muy poco, la oposición ha recuperado la mayoría parlamentaria, pero el Partido Socialdemócrata, el más votado con mucha diferencia, ha perdido apoyos. Baja del 30,33 % al 28,0 % y de 107 a 99 diputados. La Izquierda (poscomunistas) gana seis escaños; los Verdes, cuatro; y el Centro, uno. Los once escaños adicionales de los partidos menores que muy previsiblemente formarán parte de la coalición de gobierno compensan los ocho que pierden los socialistas. El bloque progresista podrá regresar al gobierno en Suecia gracias al repunte de los verdes y de la izquierda poscomunista en las grandes ciudades. La novedad sueca es la oscilación a la baja de la extrema derecha. Bajón, no debacle. Tenían el 20% y han pasado al 17%, perdiendo nueve escaños. Esta vez aspiraban a entrar en el Gobierno y los suecos han dicho que no. ¿Ha influido en ello el auge de AfD en Alemania?

Escandinavia quizá sea hoy más estable que Alemania. Los resultados electorales alemanes hablan de una crisis profunda en el país basado en los grandes consensos, el país que abogaba por un pacto estable del Partido Popular Europeo con socialdemócratas, verdes y liberales en el Parlamento Europeo.

Todos esos pilares están hoy en crisis. En Bruselas, bajo la dirección del bávaro Manfred Weber, el PPE se ha movido claramente de eje en busca de acuerdos con la extrema derecha, excluyendo solo a Alternativa para Alemania. La doctrina Weber absorbe a Giorgia Meloni y rechaza a Pedro Sánchez. Lo hemos visto este verano después de los acontecimientos de Ceuta. Pero ahora viene la hora de la verdad para todos. En Alemania, el Zentrum se tambalea y lo peor que puede pasar es que la CDU se rompa. Este es el verdadero objetivo de AFD y sus promotores.

Enric Juliana Ricart

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)

También te puede interesar