Alemania es el país de la UE más golpeado por la competencia china

 Kaputt. Alemania es la principal víctima europea de la agresiva estrategia industrial y comercial de China. Así resulta de un informe del Banco Central Europeo (BCE) titulado Which countries are most vulnerable to the industrial rise of China? Mapping Europe’s uneven exposure , difundido ayer.

A comienzos de siglo, cuando China estaba fortaleciendo su industria, construía ciudades a ritmo récord y necesitaba comprar maquinaria, herramientas avanzadas –además de presumir de coches de alta gama–, Alemania se convirtió en el gran proveedor de esa transformación y sacó enorme provecho de ello.

Sin embargo, los papeles han cambiado. China ya no solo fabrica productos baratos y sencillos, sino que se ha convertido en una potencia industrial y tecnológica, cada vez más autosuficiente y a la vanguardia de numerosos sectores avanzados.

Hoy compite cara a cara en los motores históricos de la economía alemana: la automoción, la ingeniería de precisión y la maquinaria. Pekín ha pasado de ser el cliente predilecto de la industria germana a convertirse en uno de sus principales competidores.

De acuerdo con el estudio del BCE, las exportaciones de bienes alemanes a China como porcentaje del PIB han sufrido una de las contracciones más fuertes del bloque comunitario, pasando de picos cercanos al 3,1% en 2019 a situarse en torno al 1,5%. Esto significa que Alemania ya no vende a Pekín como antes. El peso de estos intercambios sobre la riqueza del país teutónico se ha reducido aproximadamente a la mitad en seis años.

Alemania está especialmente expuesta porque sus catálogos comerciales se solapan cada vez más con los chinos. El índice de similitud entre las exportaciones alemanas y las de China ha aumentado en más de 6 puntos porcentuales entre 2019 y 2025, un incremento concentrado casi por completo en los sectores de maquinaria y transporte. La presión de Pekín acorrala al motor alemán en varios frentes: un 16% del empleo industrial germano depende además de sectores vinculados a materias primas críticas controladas por el gigante asiático.

La crisis sectorial que atraviesa la automoción germana en los últimos meses es el reflejo más visible de esta sacudida. “En el segundo trimestre, las importaciones alemanas de vehículos chinos excedieron a las exportaciones alemanas de automóviles a China por primera vez. Pekín ha ganado cuota de mercado, en particular en los vehículos eléctricos, cuya demanda ha crecido con fuerza. Y estas presiones se están trasladando ahora al mercado laboral”, describía en un reciente análisis Deutsche Bank Research.

Los papeles han cambiado: los alemanes están comprando cada vez más coches chinos

“Los trabajadores no tienen la culpa de esta crisis”, denunciaba, por su parte, el comité de empresa de Mercedes-Benz durante las últimas movilizaciones sindicales. “Las causas de los actuales desafíos no recaen en la plantilla. Ni la evolución en China, ni las tensiones geopolíticas ni el aumento de los precios de la energía han sido provocados por ellos”.

Esta crisis industrial tiene además una derivada política cada vez más visible. En las elecciones municipales de este mes de septiembre, la extrema derecha AfD se convirtió en la primera fuerza en Salzgitter, uno de los grandes polos industriales del norte alemán, con el 27,4% de los votos.

La ciudad concentra dos de los sectores más golpeados por la transformación industrial: la siderurgia y el automóvil. En la planta de Volkswagen trabajan unos 7.500 empleados, bajo amenaza de un ajuste laboral.

Fuera de Alemania, el ascenso industrial chino está redefiniendo el mapa global y dejando a las economías europeas expuestas de manera desigual.

Pekín no solo vende cada vez más en los mercados europeos y mundiales, sino que también necesita importar menos productos industriales de la UE porque es capaz de fabricarlos en su propio país. “La creciente competencia de China está lastrando el desempeño de la UE. La cuota de Europa en las exportaciones mundiales de bienes ha disminuido”, reconoce el estudio.

España no es ajena a esta sacudida, aunque encaja el golpe con matices. Según las métricas del BCE, las ventas españolas a China también han perdido fuelle desde 2019 –arrastradas por la menor compra de maquinaria y automoción por parte de Pekín– y las exportaciones españolas coinciden hoy más con el catálogo chino.

Sin embargo, el tejido industrial español muestra un menor nivel de exposición crítica: por ejemplo, solo un 5% de su empleo depende de materias primas estratégicas bajo control chino, tres veces menos que en Alemania.

Los catálogos comerciales alemanes se solapan con los chinos: los dos países ahora son rivales

Tal como documenta el BCE, está teniendo lugar además una transferencia de flujos comerciales: los países de la UE han logrado aumentar su cuota de mercado de exportación en Estados Unidos mientras la de China caía, “lo que podría reflejar una reorientación del comercio vinculada a las recientes tensiones comerciales entre Washington y Pekín”.

Para la UE, sin embargo, este cambio de cromos geopolítico es solo un paño caliente dentro de una redefinición mucho más profunda del comercio internacional. China muestra músculo y Alemania se lame las heridas. Quién lo hubiera dicho hace solo unos años.

Piergiorgio Sandri

En La Vanguardia desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.

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