Europa está atrapada en una pinza. Es la trampa de los productos refinados y el resultado directo ya se aprecia en los surtidores. Los precios del diésel en las gasolineras de la UE han alcanzado un nuevo máximo de 2,23 euros el litro, según datos de la Comisión Europea. Se registran récords en un total de 19 países. En España el coste se sitúa en niveles máximos desde 2022. Roza los dos euros por litro y acumula un encarecimiento del 40% desde enero.
Donald Trump amenaza con restringir las exportaciones de diésel durante 90 días. El presidente estadounidense baraja distintas opciones por motivos electorales: cerrar el grifo para proteger su mercado interno ante el encarecimiento del combustible en vista de las elecciones de midterm . Bruselas admitió ayer su “preocupación”. “Toda interrupción podría afectar negativamente a ambas partes”, indicó el portavoz comunitario Olof Gill, quien detalló que existen “contactos de alto nivel” entre la UE y Washington. Aunque el Ejecutivo comunitario niega que haya escasez de diésel en este momento, reconoce que cualquier veto a las ventas exteriores sería “muy mala idea”.
Bruselas descarta que haya problemas de suministro pero advierte que el veto “es muy mala idea”
Ante la necesidad de reducir la dependencia del crudo ruso tras el estallido de la guerra de Ucrania y el agravamiento de las tensiones en Oriente Medio, las importaciones europeas de diésel procedentes de EE. UU. se duplicaron entre febrero y junio de 2026. Europa –donde España constituye una excepción por su capacidad de destilación– arrastra desde hace años un importante deterioro en su infraestructura: la capacidad de refinado de la UE ha caído un 13% desde el año 2000 (hasta situarse en los 12 millones de barriles diarios). Siete estados miembros ni siquiera cuentan con refinerías en su territorio. No sólo eso: el petróleo que importan ahora de EE. UU. es “ligero y dulce” (Light Sweet ). Este tipo de crudo produce mucha gasolina pero poco diésel de forma natural.
Hasta ahora, la UE ha respondido a los repuntes de precios con subsidios indiscriminados a los carburantes –con más de 11.800 millones de euros movilizados en esta crisis–, lo que fomenta el consumo en lugar de incentivar el ahorro o la electrificación del transporte pesado. Como advierte el informe Europe’s other oil problem: Diesel, Jet Fuel, and the chokepoints that matter , elaborado por el grupo de análisis GTPO Energy Team, Bruselas se enfrenta a un dilema estratégico: decidir si subvenciona y preserva capacidad de refinado interna o si se prepara para aplicar medidas drásticas de restricción de la demanda si Washington decreta finalmente un embargo sobre sus exportaciones de diésel.
En la Casa Blanca el debate está al rojo vivo. EE.UU. cuenta con excedentes de diésel y la posibilidad de vetar sus ventas al exterior es vista con buenos ojos por la Casa Blanca para amortiguar la inflación a corto plazo. Dicha medida abarataría el precio del combustible en el mercado estadounidense, que ha alcanzado máximos históricos superando la cota de los 200 dólares por barril.
Entre los principales perjudicados figuraría la Unión Europea, que obtiene en EE.UU. cerca del 17% del diésel que adquiere fuera de sus fronteras. El asunto debe leerse también en clave interna de reservas: durante el primer semestre, los inventarios comerciales de destilados en EE.UU. cayeron un 10,1%, el doble de rápido que en la UE (-4,9%). Washington no está dispuesto a financiar el consumo europeo a expensas de tensionar sus propios precios.
Sin embargo, a medio plazo, cualquier tipo de restricción –incluso fijar cuotas a la exportación– puede ser contraproducente. Lo admite el propio secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, quien se ha opuesto públicamente a la medida señalando que este tipo de prohibiciones “simplemente no funcionan”.
Tampoco es el único crítico. El American Petroleum Institute (API) advierte de que restringir los envíos golpearía a las refinerías de la Costa del Golfo, reduciendo también la producción de gasolina y queroseno y desatando un choque global. “De los 8 millones de barriles diarios de diésel comercializados por vía marítima en el mundo, EE.UU. aporta alrededor de 1,5 millones (un 20%). Eliminar la mayor fuente individual del mercado mundial tendría consecuencias catastróficas”.
El impacto trasciende el bolsillo del conductor particular y amenaza con trasladarse al conjunto de la economía. Según los datos del GTPO, el diésel mueve el 74% del transporte de mercancías por carretera en la UE, mientras que el queroseno impulsa el 98% de la aviación comercial. Y un camión o un avión no pueden improvisar una alternativa energética de la noche a la mañana.
Oriente Medio
El Viejo Continente se ahoga en el mar Rojo
El bloqueo en el mar Rojo por los ataques de las fuerzas hutíes amenaza una ruta vital para los refinados. La UE pensaba que importando menos petróleo crudo del golfo Pérsico estaba a salvo, pero la realidad es que mantiene una elevada dependencia de esa región para el diésel y el combustible de aviación.
Según los cálculos del estudio de GTPO, antes de que se intensificaran las hostilidades, el 66% del queroseno y el 58% del diésel importado por la UE transitaba por el estrecho de Bab el Mandeb. Tras el desvío de buques por el cabo de Buena Esperanza, la exposición sigue siendo considerable (un 28% y un 20%, respectivamente). Las refinerías del golfo Pérsico –cuya capacidad creció en 1,6 millones de barriles diarios entre 2020 y 2024– se convirtieron en el gran surtidor europeo tras el veto al diésel ruso. Ahora, infraestructuras de la zona sufren daños e interrupciones. Es el talón de Aquiles energético de Europa.
