Hacía muchos años que París no vivía tal afluencia en la calle. Ni el desfile del 14 de Julio, la fiesta nacional, ni las frecuentes manifestaciones de protesta tienen este poder de convocatoria. Unas 800.000 personas, según la estimación del Vaticano, han llenado este sábado los Campos Elíseos, desde el Arco de Triunfo a la plaza de la Concordia, para asistir a la misa oficiada por León XIV. La marea humana -jóvenes, ancianos, familias, muchos inmigrantes- ha esperado paciente, durante horas, la llegada del Papa, muchos sentados en el suelo, haciendo picnic.
A la salida de la estación de tren de Saint-Lazare, decenas de voluntarios llevaban desde las 8 de la mañana dando orientaciones a los fieles, todos provistos del ticket físico o digital imprescindible para acceder al perímetro de la celebración, muy blindado por la policía. Los grandes bulevares, como el de Malesherbes, cerrados al tráfico, estaban ocupados por autocares llegados de todo el país. “Venimos de Auvernia; salimos a las 3 de la madrugada”, comentó, sonriente, un joven sacerdote con sotana negra.
“León, el parisino”, tituló en portada el principal diario local, Le Parisien, con una gran foto del Robert Francis Prevost, el viernes, en Notre Dame. El editorial agradecía expresamente que el pontífice estadounidense hubiera tenido la sensibilidad de visitar el templo, después de la negativa, para muchos incomprensible, de Francisco a asistir a la reapertura de diciembre del 2024 después de la restauración tras el incendio. Según el diario, este papa ha entendido que no solo fue una proeza técnica, sino que Notre Dame encarna el catolicismo francés y su reconstrucción, un símbolo de rebrote de la fe.
Los analistas en los medios franceses asisten un poco atónitos al fervor y entusiasmo que suscita en la laica Francia una figura como León XIV, absolutamente desconocida antes de su elección como obispo de Roma. Para Jean-Marie Guénois, uno de los vaticanistas más prestigiosos, de Le Figaro, el secreto del pontífice originario de Chicago es quizás su discreción y timidez, su humildad, pero que transmiten al mismo tiempo una gran paz interior. León XIV puede mostrarse muy firme en cuestiones esenciales, como la defensa de la vida frente a la “muerte programada” de la eutanasia y el aborto, si bien lo hace de un modo tranquilo, menos agresivo y autoritario que a veces Juan Pablo II o Francisco.
El lugar escogido para la misa dio que hablar durante los preparativos porque posee una fuerte carga de pasado. Allí mismo funcionó a destajo la guillotina en el periodo del Terror, durante la Revolución Francesa. Fue el cadalso de Luis XVI y María Antonieta.
El Papa pronunció una homilía muy espiritual, nada que ver con el contenido político de los discursos de la víspera, en el Elíseo y en la sede de la Unesco. León XIV animó a Francia a “renovarse” como nación “a partir de sus raíces regadas por la fe”. Además, pidió a los creyentes que no se guarden la fe para ellos mismos, que la transmitan a las personas con quienes se encuentren, porque su objetivo es “aportar la esperanza allí donde reinan el desaliento y la sequía espiritual”. En este sentido recordó a los mártires franceses, los santos fundadores de órdenes religiosas y los muchos misioneros que esparcieron la fe por el mundo.
El sucesor de Pedro dedicó palabras de apoyo y de admiración a las familias, reconociendo que pasan muchas dificultades para afrontar su vida cotidiana, e igualmente a los jóvenes, por su compromiso y su entusiasmo en las comunidades de base, y en especial a los catecúmenos que deciden bautizarse siendo ya adultos.
León XIV reflexionó mucho sobre el vacío interior que se intenta llenar, en vano, de “nuevos placeres” y de la posesión de “nuevas cosas”. El Papa alertó del error de aferrarnos a los bienes materiales, las satisfacciones inmediatas y “los pequeños ídolos” que hacen grandes promesas pero “dejan nuestro corazón vacío”. Reconoció que “el ser humano es fundamentalmente un ser de deseo y solo Dios puede colmar el vacío interior”.
La inmensa mayoría del público no podía ver directamente el altar y hubo de seguir la ceremonia a través de 40 pantallas gigantes distribuidas por la avenida. Eso no disminuyó el fervor. “Es como un peregrinaje que se hace una vez en la vida”, dijo Sandrine Perera, de 48 años, con doble nacionalidad francesa y de Cabo Verde. “Ha sido complicado llegar, pero nos hemos armado de paciencia -prosiguió esta asistente jurídica-. Tenemos necesidad de paz, de unirnos. Aquí todo el mundo está de buen humor. Es reconfortante”.
-¿Y qué le parece este Papa?
-Es realmente especial, por su origen diverso. Y sabe unir. Es necesario escucharlo.

León XIV, que por la mañana ya había visitado una asociación de ayuda a refugiados, no se dio respiro después de la misa. La comitiva se dirigió al aeropuerto para volar a Tarbes, al pie de los Pirineos, y desplazarse luego al santuario de Lourdes, protagonista de la jornada del domingo.En Lourdes se producirá un momento importante del viaje, el encuentro con víctimas de abusos sexuales del clero. El lunes, última etapa, León XIV cruzará el país, de sur a norte, hasta Metz, en la región de Lorena, donde además de la misa en la catedral habrá un acto con líderes europeos para reafirmar los valores del continente y, con la mirada dirigida a Ucrania, el deseo de paz.
Oración en Lourdes
El Papa pide a la Virgen una sociedad armoniosa en Francia y líderes sabios
A su llegada al santuario de Lourdes, ya de noche, León XIV se recogió para rezar en la gruta de las apariciones.El Papa pidió a la Virgen que construya en Francia “una sociedad armoniosa, libre de toda violencia y todo odio, en la que cada persona pueda trabajar, formar una familia y vivir hasta el final con tranquilidad y serenidad”. También le rogó que el país tenga gobernantes “sabios y generosos”, que respeten los derechos humanos y la paz mundial.

