El coste oculto de la transición del automóvil: el trabajador que se recoloca cobra un 57% menos

La transición que está viviendo el sector del automóvil en Europa tiene un coste oculto.

Es el que pagan los trabajadores que, bajo la ola de despidos, se ven obligados a abandonar el sector. La recolocación no es fácil, porque dejan un empleo que durante años se consideraba seguro, estable y bien remunerado para acabar en otro sector u otra actividad, donde pasarán a percibir ingresos mucho más bajos.

Desde 2019, el empleo en la fabricación de vehículos ha caído casi un 9% en la UE

El primer año, hasta un 57% menos. Y al cabo de seis años, la comparación con su vida laboral anterior seguirá siendo negativa: los ingresos serán un 25% más bajos que cuando estaban en la automoción. Estas cifras, hasta ahora poco conocidas, emergen en un estudio llevado a cabo por la Comisión Europea y la OCDE titulado The EU automotive industry at a crossroads , que se difundió ayer. La investigación demuestra que, para este colectivo de trabajadores, fuera de la automoción hace mucho frío.

Muchas de sus competencias, desarrolladas para la industria mecánica y de combustión ya no son un valor añadido en un mundo cada vez más digital. La automoción europea tiene una plantilla más envejecida que hace 15 años. Entre 2008 y 2025, la proporción de trabajadores de 50 a 64 años aumentó entre 8 y 11 puntos porcentuales.

Jeroen Jutte, dirigente de Empleo y Asuntos Sociales de la Comisión, reconoció ayer que, si no se revierte la situación la industria de la automoción europea podría perder hasta un millón de puestos de trabajo en tan solo un año por la transformación que experimenta el sector, entre la electrificación, la competencia de China y la digitalización de los componentes. Desde 2019, el empleo en la fabricación de vehículos ha caído casi un 9% en la UE, mientras los fabricantes de componentes han perdido unos 110.000 puestos de trabajo. Muchos de estos responden a actividades que dejan de ser necesarias. Un ejemplo real es Seat, empresa que en los últimos cinco años ha destruido 1.700 empleos, el 11% de la plantilla total.

Aunque en su caso los trabajadores han sido indemnizados y se han prejubilado o han disfrutado de una baja incentivada, el problema para la economía catalana es que ha perdido 1.700 puestos de trabajo que percibían buenos salarios y tenían una alta estabilidad laboral. Para compensarlo sería necesario crear una nueva industria en el Baix Llobregat con casi 2.000 empleados, algo que no es nada fácil.

De todas maneras, prácticamente nadie de este sector está a salvo de las transformaciones que se avecinan. Más del 80% de los trabajadores aseguran haber experimentado cambios significativos en su puesto de trabajo, y alrededor de un tercio no ha recibido formación oficial; entre los proveedores, esta proporción aumenta hasta el 40%, según indica el mencionado estudio.

A esta falta de reciclaje profesional se suma una silenciosa recomposición de la cadena de valor. Por un lado, están surgiendo nuevas dependencias de China: la cuota china en los bienes intermedios ha aumentado desde niveles cercanos a cero hasta el 3% de la actualidad, concentrada en las baterías y la electrónica avanzada. La importancia de este incremento no es tanto cuantitativa como cualitativa, al ser componentes estratégicos del automóvil del futuro.

Por otro lado, los empleos del sector automovilístico de la UE se han desplazado cada vez más desde países tradicionalmente productores de automóviles, como Francia, Alemania e Italia, hacia Europa central y oriental. En concreto, cuatro regiones de Chequia, Alemania, Hungría y Rumanía ya superan conjuntamente los 300.000 trabajadores y tienen una cuota de empleo automovilístico superior al 7%.

Piergiorgio Sandri

En La Vanguardia desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.

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