
Con nubarrones y un cielo plomizo sobre la Candelaria de Rio, Luiz Inácio Lula da Silva pudo prescindir el viernes del coqueto sombrero panamá, aconsejado por los oncólogos presidenciales, ahora símbolo de esta campaña. La inconfundible voz tosca aunque cada vez más débil, del octogenario líder de la izquierda brasileña resonaba por las calles del viejo centro de la ciudad. “¡Esta es la paseata de la victoria! ”, declaró, instando a la gente a votar hoy, y no esperar a la segunda vuelta el próximo 25 de octubre. “Sinceramente, creo que voy a ganar las elecciones en la primera vuelta (…) el domingo”, dijo horas antes en una entrevista en el podcast Flow, con más de un millón de espectadores.
Los seguidores del icónico presidente, casi todos de tez morena, y la mayoría mujeres, bailaban al ritmo del nuevo rap —“es Lula da silva con la estrella que brilla”-, y de la nueva composición samba Bora Lula, de Chico Buarque, Gilberto Gil y Caetano Veloso.
Pero más que una celebración de victoria inminente, el mitin en la Candelaria, que pronto quedaría empapado bajo los primeros chaparrones de la primavera tropical, parecía el inicio de la batalla en la que Lula ya no es favorito.
Flávio Bolsonaro confía en lograr el voto del 10% que los sondeos dan a los cuatro candidatos de la llamada tercera vía
En Minas Gerais, Flavio Bolsonaro, de 45 años, hijo del expresidente ultra, bajo arresto domiciliario por golpismo, pidió el “voto útil” para impulsar su propia victoria en la primera vuelta. “La única candidatura que puede superar a Lula es la de Flávio Bolsonaro”, insistió el candidato de la derecha dura en redes. El numero uno de los cuatro hijos de Bolsonaro participó en un mitin en el viejo estado colonial donde los bolsonaristas —casi todos hombres blancos— parecían pertenecer a un país distinto al de la manifestación en Río. Así se plasmó en carne y hueso la extrema polarización de estas elecciones.
Tras estrechar la ventaja en las últimas semanas, la apuesta de Flavio es que el 10% del electorado que muestra preferencia por los cuatro candidatos de la llamada tercera vía, todos de ideología conservadora, decidan, en el último momento, votar tácticamente en favor de Bolsonaro. Según algunos analistas, la cancelación del debate en televisión el jueves —boicoteado tanto por Lula como por Flavio— eleva las posibilidades de un voto útil de la derecha favorable al bolsonarista.
Bajo la óptica de la campaña de Flavio, el miedo de clase que se esconde en el antipetismo —ese visceral rechazo de gran parte de la clase media a Lula y al Partido de los Trabajadores (PT)— puede ayudar a que Flavio se haga con la victoria este domingo.
Pero Lula cuenta con el fuerte rechazo a Flavio y al bolsonarismo —aún mayor que la desaprobación del líder del PT— para movilizar a los muchos indecisos a su favor. El viernes en Río el viejo presidente destacó la “falta de carácter” de Flavio e insinuó que el hijo de Bolsonaro ha participado en “orgías” del fraudulento banquero Daniel Vorcaro, dando a entender que hay más por conocer del megaescándalo del Banco Master que ha salpicado a toda la clase política, así como a los jueces del Tribunal Supremo.
Todas las encuestas apuntan a un empate técnico si ambos se miden en una segunda vuelta
En realidad, “una victoria en primera vuelta es posible, pero altamente improbable”, según explicó el politólogo de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Jorge Chaloub. Según las últimas encuestas, Lula lleva una ventaja ya muy estrecha de 45% al 42% de los votos para la primera vuelta, “La ola favorable a Flavio se mantiene” resume Bruno Boghossian en el diario Folha de Sao Paulo.
El resultado más probable de la votación, en la que casi 160 millones de brasileños acudirán a las urnas, será dar paso a un mano a mano entre el mítico ex sindicalista y el hijo mayor del expresidente ultra, cuya carrera política se ha basado en nepotismo, corrupción y alianzas con los paramilitares que controlan gran parte de la periferia de Río de Janeiro. “La segunda vuelta será sucia y dura”, dijo Chaloub.
Todas las encuestas apuntan a un empate técnico si Lula y Flavio se miden en una segunda vuelta, dentro de tres semanas, conforme los votos de la tercera vía se decantan mayoritariamente por el bolsonarismo y la ventaja de Lula se reduce aún más. En la última encuesta para intención de voto en una hipotética segunda vuelta, Lula registra un margen de ventaja de solo un punto.
La familia Bolsonaro y sus aliados en los templos evangélicos y los think tanks trumpistas en Washington, Miami y Texas, utilizarán todos los trucos y algoritmos de la nueva derecha posverdad para imponerse al veterano candidato del PT. Fuentes próximas a la campaña de Lula manifestaron temores sobre ataques de bots con falsas noticias. La red estadounidense Rockbridge Network, fundada por el vicepresidente estadounidense JD Vance, ha mantenido diversas reuniones con Flávio para coordinar estrategias en las elecciones. Trump repitió el viernes que estaba “siguiendo muy de cerca” las elecciones.
En general, las encuestas muestran un desplazamiento hacia la derecha muy visible en las batallas por las gobernaturas en los 26 estados y el distrito federal de Brasilia y en las legislativas, todas celebradas hoy domingo. En São Paulo, Fernando Haddad, el candidato del PT en las elecciones a gobernador de São Paulo que se celebran también hoy, será derrotado de forma aplastante por su rival de derecha, Tarcísio de Freitas, según todas las encuestas.
Flavio sube también en Minas Gerais, un estado calificado, a veces, como el “Ohio de Brasil”, porque “siempre está ahí donde está Brasil a la hora de la decisión electoral”, según explicó la columnista de O Globo Miriam Leitão.
Una serie de medidas de apoyo a las clases trabajadoras que el gobierno de Lula ha anunciado en las últimas semanas puede haber elevado el voto de la izquierda en parte del electorado, concretamente mujeres, ancianos y católicos. La última fue la prohibición la semana pasada de las apuestas online que han provocado una epidemia de ludopatía y endeudamiento familiar. Esta se suma a ayudas directas a familias endeudadas, una subida del 15% del subsidio de la pobreza Bolsa Família y un aumento del salario mínimo.
Ahí está la ironía. En elecciones que se perciben desde fuera como una batalla metafísica entre la vieja izquierda y el neofascismo, entre la democracia y el populismo autoritario, entre el bien y el mal, lo cierto es que la mayoría de los brasileños que ingresan menos de dos salarios mínimos —o sea, menos de 700 euros al mes— están haciendo cálculos pragmáticos sobre cuál de los candidatos más les ayudará a llegar al final del mes. Con estas medidas sociales de última hora, Lula se ha dado cuenta de que, para frenar el bolsonarismo, no basta un virtuoso llamamiento a la defensa de la democracia.
