

Los votantes hablan, y los políticos, también, aunque en frecuencias diferentes. Pensando que se comunican en el mismo idioma, los políticos no conectan con sus votantes. No hace falta ir a las encuestas para asumir que lo de la vivienda es un factor de malestar que supera lo ideológico, que es donde suelen sentirse seguros nuestros representantes, para convertirse en un infierno bajo nuestros pies. No es que la vivienda sea transversal, porque eso es pensar aún en términos de derecha-izquierda, la clave es que nos remite al papel del Estado como protector.
