El anuncio de Donald Trump, el pasado fin de semana, de que Rusia y Ucrania habían acordado una tregua energética cogió por sorpresa a Volodímir Zelenski, aunque el líder ucraniano apoyó igualmente la posibilidad de una tregua con una única condición: que Moscú también cesara sus ataques a infraestructuras. El presidente ruso, Vladimir Putin, respondió al día siguiente con un nuevo bombardeo en Zaporiyia, que mató a 22 personas, incluidos cuatro niños.
No es la primera vez que Trump anuncia una tregua sin tenerla atada, ni siquiera en esta guerra, que ya se alarga cuatro años y medio, y que dijo que iba a terminar un día después de ser elegido en el 2024. Tampoco es su primera concesión a Putin sin obtener aparentemente nada a cambio. La semana pasada, tras una llamada entre ambos líderes, el inquilino de la Casa Blanca anunció un acuerdo por el que Rusia iba a suministrar más de 300.000 toneladas de diésel al mercado estadounidense y mundial, seguidas de otras 500.000 toneladas en noviembre y un millón de toneladas “inmediatamente después”.
La medida, que rompe con años de política de estrangulamiento económico a Rusia, también cogió por sorpresa a Zelenski, quien determinó que “los regalos a Putin no traerán paz ni beneficio alguno al mundo civilizado”, pues el Kremlin financia su maquinaria de guerra con el dinero obtenido por su energía. Pero el objetivo de Trump con el anuncio de un acuerdo y una tregua inexistente no era la paz, sino aliviar los precios de la energía, disparados desde que ordenó el bombardeo de Irán a principios de año.
Tampoco gustó el anuncio entre un grupo de seis senadores demócratas y seis republicanos, que envió una carta abierta a Trump pidiéndole que revoque el acuerdo sobre el diésel, al que calificaron de “una traición al pueblo de Ucrania”. Fue también, argumentaron, una traición al propio Congreso estadounidense, que aprobó el mes pasado una ley que obligaba a Trump “a ejercer presión económica sobre Rusia y sobre quienes respaldan principalmente su guerra, en particular China”, recuerdan los senadores, entre quienes se incluyen los republicanos Susan Collins, John Cornyn, Lisa Murkowski, Thom Tillis o Mitch McConnell, díscolos habituales de la bancada conservadora.
Senadores republicanos denuncian que el pacto servirá para que Putin financie la guerra y ofrecerá “un alivio escaso o nulo” a los americanos
La ley, firmada por Trump en el despacho oval, fue impulsada por el difunto senador Lindsey Graham, halcón republicano que se había convertido en uno de los principales consejeros del presidente en política exterior hasta que murió este verano tras regresar de un viaje a Ucrania. Los senadores críticos denuncian que la medida va radicalmente en contra del espíritu de la ley, pues “solo proporciona a Putin más combustible para financiar su maquinaria de guerra y permite a Rusia continuar con sus brutales ataques contra la población civil ucraniana”.
Y, aunque comprenden que Trump esté preocupado por el precio de la energía, señalan que permitir la entrada de diésel ruso en los mercados mundiales tan solo ofrecerá “un alivio escaso o nulo a los estadounidenses”. El dato de inflación de septiembre, publicado este miércoles, es demoledor para Trump: un aumento del 3,7% interanual, en gran parte, debido a la subida de la gasolina.
Preguntado por las críticas en sus filas, Trump respondió, como es habitual, negando la mayor. “Nadie me está diciendo nada. Ese es un acuerdo sobre el diésel. No es para nosotros. Ese combustible se va a poner a disposición del mundo. No se va a destinar a nosotros. Es un acuerdo sobre el diésel que se va a poner a disposición del mercado mundial, porque el mercado mundial ha sufrido por los precios elevados”, dijo el martes en declaraciones improvisadas a la prensa desde la Casa Blanca.
Más allá de la necesidad de reducir el precio del diésel, Trump no ha ofrecido una explicación convincente para su abandono de los ucranianos, a quienes dijo que deberían destituir a su presidente Zelenski, y su nuevo acercamiento a Putin, a quien ya ofreció una alfombra roja el año pasado en Anchorage (Alaska).
El presidente atribuye el aumento de la energía a la guerra en Ucrania, pero el precio se disparó desde los 60 dólares por barril de Brent hasta los 100 después de su intervención militar en Irán. Aquello permitió a Rusia vender todavía más caro su diésel, lo que contribuyó a financiar su guerra en un momento en el que había quedado estancada. Por este motivo, la estrategia más efectiva para Ucrania es seguir atacando refinerías rusas, pese a la intensa presión de Washington.
