Francia y Alemania se alían para alargar la vida al coche de combustión

La sintonía entre el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz, es cada vez más fluida. Primero se aliaron para promover una serie de instrumentos de presión a Pekín para combatir los desequilibrios comerciales con el gigante asiático y ahora, unen fuerzas sobre uno de los temas más sensibles para los intereses de la industria alemana: diluir los objetivos de reducción de emisiones en el camino europeo de vetar los coches de combustión interna en el 2035.

Alemania ya luchó con uñas y dientes en diciembre del año pasado, con la ayuda de Italia y de otros países con importantes empresas del sector, y logró que la Comisión Europea diera marcha atrás en su prohibición absoluta la venta de coches con motores de combustión en el 2035.

A cambio de dar un respiro a los fabricantes alemanes, París se garantiza el apoyo a su preferencia europea

Según la revisión anunciada en diciembre del 2025, Bruselas aceptó suavizar las normas para que los fabricantes sigan produciendo un número limitado de coches que emitan CO₂ (como los de gasolina y diésel). La propuesta aceptada implica que la industria deba cumplir en el 2035 un objetivo de reducción de las emisiones del 90% respecto a los niveles del 2021, mientras que el 10% restante debe compensarse con créditos medioambientales que se podrán obtener mediante el uso de acero con bajas emisiones de carbono fabricado en la UE, o de combustibles sintéticos o renovables.

Pero esta solución tampoco es suficiente para los fabricantes alemanes, que viven un pésimo momento, golpeados por el cierre de fábricas, la pérdida de puestos de trabajo y la feroz competencia de los coches baratos chinos. Así que Merz ha logrado convencer a Macron para promover un nuevo compromiso: reducir el objetivo de reducción de emisiones al 90% respecto a los niveles del 2021, pero sin exigir compensaciones con inversiones verdes, como prevé la actual normativa.

A cambio de estas flexibilidades, París se garantiza el apoyo alemán para potenciar la preferencia europea en las contrataciones públicas, una de las obsesiones del Elíseo en Bruselas. Cuatro de cada diez coches que se venden dentro de la UE son de marcas alemanas o francesas –según datos de la patronal europea– lo que señala la importancia de este frente.

“La prohibición de los motores de combustión ya es historia”, celebró este viernes Merz en una rueda de prensa al final del Consejo Europeo en Bruselas. La propuesta todavía debe recibir el apoyo del resto de países y de la Eurocámara, pero el canciller conservador señaló que están recibiendo un gran apoyo de otras delegaciones, especialmente de la italiana.

También han recibido el aval de parte de la Comisión Europea. El vicepresidente ejecutivo al frente de Industria, el francés Stéphane Séjourné, lo consideró “un paso fundamental para el made in Europe , nuestra política industrial europea y la descarbonización”. A su juicio, es un buen paso porque contempla “una auténtica preferencia europea”, mientras que por otro lado avala flexibilidades en materia de CO₂ y tiene en cuenta las especificidades de los híbridos y coches pequeños”.

Además de esquivar las compensaciones, la estrategia bendecida entre París y Berlín introduce otras vías para evitar sanciones económicas ante crisis externas, como un periodo de media de emisiones para 2030-2031, un plazo de cinco años para vehículos comerciales ligeros y la extensión de las reglas actuales para híbridos enchufables con más de 80 km de autonomía hasta el 2030.

En paralelo, la iniciativa franco-alemana condiciona las ayudas públicas y subsidios a la apuesta por la producción y la cadena de valor en Europa y estipula que la preferencia europea incluya a los 27 países de la UE con la opción de incorporar a “socios europeos que fueran parte del mercado de la UE el 1 de enero de 2020”. En la práctica esto implica abrir la puerta al Reino Unido.

Otra de las ideas es fijar un calendario por etapas (entre 2028 y 2034) que exigiría que los coches ensamblados localmente cuenten con al menos un 70% de componentes europeos y una presencia creciente de baterías regionales con el fin de blindar el mercado comunitario. Además, tanto las licitaciones públicas como las subvenciones estatales de compra y leasing quedarían reservadas exclusivamente a los automóviles que cumplan con estos criterios de fabricación europea.

Anna Buj Cussó

Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).

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