El retorno de los chalecos amarillos, casi ocho años después del nacimiento de este movimiento de protesta, está provocando ya este sábado bloqueos, otras acciones reivindicativas y los primeros choques entre las fuerzas antidisturbios y manifestantes en varias ciudades francesas, entre ellas París, Estrasburgo, Lille, Montauban, Lyon, Marsella, Rennes y Burdeos. La policía ha efectuado al menos unas sesenta detenciones en la capital, parte de ellas de individuos sospechosos de haber llegado al centro de la ciudad para participar en disturbios, pues llevaban material protector y armas prohibidas.
Un incendio, durante la noche, provocó la destrucción parcial del tejado y la fachada de un edificio de la universidad de Rouen, en Normandía. La fiscalía baraja la pista criminal, aunque se desconoce si tiene que ver con las protestas.
En París, Marsella, Estrasburgo y otras ciudades ha habido cargas policiales para dispersar a los manifestantes, que han prendido fuego a barricadas formadas por contenedores de basura.
Desde Bruselas, donde participó en el Consejo Europeo, el presidente Emmanuel Macron hizo un llamamiento a la calma, aunque el Ministerio del Interior lo tiene todo preparado para hacer frente a los episodios de violencia, incluido el arsenal más contundente de los antidisturbios, como las granadas de aturdimiento, los cañones de agua y las balas de goma. El primer ministro, Sébastien Lecornu, convocó una célula interministerial de crisis para seguir los acontecimientos.
La prefectura de policía de París -que ha desplegado a 5.000 agentes- ha autorizado solo dos manifestaciones, una de los chalecos amarillos y otra de los estudiantes. Ambas tienen como punto de partida la plaza de la República. Otras marchas, que se acercaban a centros neurálgicos del poder, han sido prohibidas. Tampoco será posible, salvo arriesgarse a una multa de 135 euros, realizar protestas en áreas sensibles como los Campos Elíseos, la plaza de la Bolsa, la zona comercial de Chatelet-Les Halles, así como las cercanías de las instituciones (Asamblea Nacional, Elíseo, palacio de Matignon) y de las estaciones ferroviarias. Numerosas estaciones de metro están cerradas.

A las manifestaciones y otras acciones se esperaba que acudiera un público muy variopinto, con militantes de partidos de izquierda, sindicalistas, estudiantes y colectivos como el sanitario, agricultores y otros. El punto denominador es el malestar por la pérdida de poder adquisitivo, sobre todo debido al alza de los carburantes, y el deterioro de los servicios públicos, además del hartazgo de muchos por las políticas de los gobiernos de Macron desde el 2017. El Reagrupamiento Nacional (RN, extrema derecha) se ha desmarcado por completo de la protesta, denunciando una estrategia de caos de la extrema izquierda y erigiéndose en defensor de la ley y el orden.

