Nos esperan semanas plagadas de mensajes electorales, de los que no será fácil dilucidar lo cierto de lo falso o de lo que aparenta ser solvente. Pero quizás no deberíamos preocuparnos en exceso: somos crédulos y tendemos a confiar en aquellos que refuerzan nuestras convicciones. Una conducta tan humana que el historiador Polibio (siglo II antes de Cristo) consideraba normal que se destacaran los orígenes divinos tanto del cartaginés Aníbal como de su némesis romana, Escipión el Africano. Pero aún siendo ello usual, hay que convenir que estamos viviendo momentos en los que habría que evaluar con cuidado las propuestas que se nos efectúan. Y en lo tocante a las que afectan los dineros, conviene estar particularmente atentos tanto a los mensajes como a la información que los avala: es fácil transitar de la exactitud a la confusión.

Para ilustrar esos riesgos, déjenme destacar algunas parciales verdades en aspectos relevantes del debate de hoy. Primero, aumento de la deuda pública. Se afirma que, entre el 2020 y el 2025, ésta se ha incrementado más del 25% (unos 350.000 millones de euros, hasta los 1,7 billones), lo que es cierto. Pero de ahí no puede colegirse que haya disminuido nuestra capacidad para devolverla: lo relevante para su retorno es el crecimiento de los ingresos, y el PIB del país ha crecido un 50%, doblando el aumento del endeudamiento.
Hay que estar alerta con los mensajes que quieren confundir al personal
Segundo, excesivo gasto en pensiones. Se argumenta que, dado su volumen, el sistema difícilmente puede mantenerse. Cierto y falso de nuevo: aunque su monto se acerca al 40% de los Presupuestos Generales del Estado, con relación al PIB todavía está lejos de lo que gastan otros países de la UE. Y aunque el FMI anuncia que el envejecimiento del país obligará a aumentarlo la próxima década, no es esta todavía la situación de hoy.
Tercero, dificultades de accesibilidad al alquiler. Como en botica, de todo hay. Por una parte, muy compleja situación para hogares de rentas bajas, un 40% aproximado del total de aquellos en alquiler, que deben destinar entre el 35% y el 55% de su renta a atenderlo. Pero, por otra, una situación más cómoda para aquel 30% de familias en alquiler que ingresan más de 3.000 euros/mes y que destinan menos del 20% de sus ingresos a pagarlo.
Finalmente, aumento nulo del PIB per cápita. Se afirma que éste no ha mejorado las últimas dos décadas. Afirmación cierta, pero muy parcial: se olvida que, respecto del ingreso, más importante que la media es su distribución. Y ahí hay diferencias notables: mientras las rentas medias y altas han mejorado, las más bajas han empeorado.
Hay que estar alerta con los mensajes: junto a los que quieren confundir al personal están aquellos que han comprendido mal, o no han entendido en absoluto, las complejidades de nuestra realidad. Estos días, vayan con tiento con las verdades, las medias verdades y las falsedades.
