El nuevo experimento de capitalismo popular que quiere poner en marcha el Gobierno para animar a los particulares a invertir los ahorros en empresas cotizadas europeas tiene precedentes en el continente, en algunos casos con elevado éxito. Según datos de la Comisión Europea y de los organismos oficiales de cada país, este tipo de cuentas mueven ya alrededor de 350.000 millones de euros en los lugares donde se han implantado. El grado de aceptación es bueno, sobre todo porque la bolsa no ha dejado de subir en los últimos años.
Con distintos enfoques, las cuentas de inversión tienen en común sus ventajas fiscales y el objetivo de canalizar el ahorro hacia las empresas. A partir de ahí, los modelos cambian, aunque unos y otros suelen compartir algunos rasgos. En España, el Ministerio de Economía se ha decantado con una cuenta particular en la que se pueden invertir hasta 150.000 euros comprando y vendiendo acciones, sin tributar hasta su retirada. Al cabo de cinco años, quedan exentas de impuestos las ganancias hasta 10.000 euros y el 20% de las que superen esta cifra. Los dividendos sí se gravan.
“España tampoco está inventando una nueva fórmula de ahorro”, explica Antonio Castelo, analista de iBroker. La idea, recuerda, está impulsada por Bruselas, pero no impuesta en sus términos de aplicación. La Comisión Europea aprobó en septiembre del 2025 una recomendación para lanzar estas cuentas con tratamientos fiscales favorables, aunque algunos países las llevan aplicando desde el 2012 y son los que han servido de ejemplo.
El modelo más parecido al español es el francés, el Plan d’Épargne en Actions (PEA), que suma ya 140.740 millones de euros y 7,3 millones de particulares. Es, según señala Castelo, “una referencia especialmente próxima” a la cuenta Finance Europe lanzada por el Gobierno. Como en España, cada contribuyente solo puede tener una cuenta y las ganancias quedan exentas del impuesto sobre la renta si el plan se mantiene abierto al menos durante cinco años. Una diferencia está en que en Francia los dividendos también tienen exenciones fiscales.
Como en Francia, el Ejecutivo ha optado por condicionar las ventajas fiscales a permanecer cinco años
El caso de mayor éxito en la UE es el de Suecia, donde más del 35% de la población adulta dispone de la cuenta Investeringssparkonto (ISK), que mueve 176.000 millones de euros en inversiones, según el banco central sueco, el Sveriges Riksbank. Del importe, unos 70.000 millones se han invertido en empresas domésticas. No hay límite de inversión y su punto fuerte está en la sencillez y en el tratamiento contable. No se tributa por el beneficio, sino mediante una tasa por el capital invertido desde los 13.000 euros calculada a partir de los bonos del país más un diferencial. En el 2025 fue del 0,88%.
Los otros tres países de la UE con experiencias parecidas son Italia, Dinamarca y Finlandia. En la primera, la cuenta Piani Individuali di Risparmio a Lungo Termine (PIR) funciona desde el 2017 y suma 26.000 millones. En Dinamarca empezaron dos años después con la Aktiesparekonto (ASK), que mueve 3.350 millones y ha convencido al 8% de la población con una fiscalidad del 17% sobre las ganancias, inferior a la del 27% convencional. En Finlandia, la cuenta OST ha captado casi 3.000 millones.
Fuera de la UE, el caso británico rompe todos los esquemas. Sus cuentas Individual Savings Accounts (ISA) tienen 22 millones de usuarios, el 42% de la población mayor de edad. Movilizan además 952.000 millones de libras, alrededor de un billón de euros, con el reclamo de poder retirar el dinero sin pagar impuestos ni por ganancias ni por los dividendos.
El denominador común para que estas cuentas arranquen es que sean “sencillas, accesibles y tengan costes competitivos, acompañadas de educación financiera que permita invertir de acuerdo con los objetivos y riesgos de cada ciudadano”, afirma Manuel Pinto, director del departamento de análisis de XTB. Las comisiones que fijen las entidades serán un elemento clave.
En el Reino Unido, las cuentas ISA ya han logrado movilizar cerca de un billón de euros
Estos detalles técnicos están por conocerse y pueden determinar el éxito de la nueva cuenta en España. Para arrancar, aún está pendiente de su aprobación en la diputación permanente del Congreso –va incluida en el real decreto-ley de vivienda– y de la orden ministerial de Hacienda con los detalles.
Por lo pronto, los bancos y los neobancos ya trabajan en su posible lanzamiento, en un primer momento solo para acciones cotizadas hasta que la CNMV cree el registro de fondos que cumplan los requisitos Finance Europe, para lo que dispone de cuatro meses. En la asociación que representa a los fondos, Inverco, celebran que se haya incluido a los fondos, aunque habrían preferido que se les permitiese más porcentaje de renta fija en la inversión.
