El acercamiento de Donald Trump a Vladímir Putin en las últimas dos semanas ha ido de la mano de un abandono de los compromisos de Estados Unidos con su supuesto aliado, Ucrania, tras cuatro años y medio de resistencia frente a la invasión rusa. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha lamentado que se ha interrumpido el servicio de satélites Starshield –la versión militar de Starlink, esencial para identificar amenazas–, así como el envío del último lote de interceptores de misiles para Ucrania adquiridos por los aliados a través del programa PURL (Lista de Necesidades Prioritarias de Ucrania, en inglés).
El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, ha admitido este martes por primera vez que se ha retenido el envío de estos interceptores, pero ha asegurado que no ha sido debido a “ninguna directriz política deliberada para perjudicar a Ucrania”. Sin embargo, Rubio, una de las voces históricamente más críticas con Rusia en el gabinete de Trump, no ha especificado por qué motivo Kyiv no ha podido recibir este armamento esencial para su defensa.
“No se está negando deliberadamente nada a Ucrania”, ha insistido el secretario de Estado, quien ha informado que ha mantenido este martes una conversación de 45 minutos con Zelenski. El líder ucraniano ha descrito la llamada como “sustantiva” y “centrada en los temas que importan”. “Primero, interceptores de misiles balísticos, que son necesarios para proteger vidas. Segundo, advertencia temprana de ataques con misiles balísticos rusos, que es vital. Tercero, la situación con Starlink/Starshield, que necesita ser restaurada”, ha enumerado.
El lunes, el líder ucraniano se quejó ante un grupo bipartidista de legisladores estadounidenses de que creía que se había “tomado alguna decisión política para ralentizar el apoyo que recibimos”, una ayuda que desde el mandato de Trump se realiza a través de los aliados europeos. Según denunció, Ucrania está a punto de agotar los interceptores Patriot de fabricación estadounidense, los únicos útiles para detener misiles balísticos rusos, y pidió insistentemente a Washington que envíe más.
Después de su llamada con Rubio, Zelenski se ha reunido esta tarde en Oslo con el enviado y amigo íntimo de Trump, Steve Witkoff, en un encuentro bilateral al que se han añadido después el primer ministro noruego, Johas Gahr Støre, y el presidente finlandés, Alexander Stubb. Al igual que Zelenski, los líderes de ambos países nórdicos están preocupados por la creciente amenaza de expansión rusa hacia el oeste, así como por el deterioro de las relaciones entre EE.UU. y Ucrania a raíz del acercamiento de Trump con Putin.
En primer lugar, el presidente de EE.UU. pactó con su homólogo ruso la compra de cientos de miles de toneladas de su diésel, lo que permitirá financiar su industria de guerra en Ucrania. Después, anunció una tregua energética que no confirmó ninguna de las dos partes y culpó a los ataques de Ucrania contra refinerías rusas por el aumento de precios del diésel, que están lastrando las opciones de los republicanos en las legislativas. Frustrado, Trump dijo que los ucranianos deberían elegir a un nuevo presidente y, en la última traición a Kyiv, anunció durante el fin de semana que no iba a aplicar las sanciones contra Rusia aprobadas por el Congreso el mes pasado.
En este contexto, las conversaciones de Rubio y Witkoff con Zelenski buscan señalar que Ucrania sigue siendo el aliado de EE.UU. a pesar de que sus relaciones con Moscú perjudiquen claramente su posición en la guerra. Los encuentros de este martes, de los que no han trascendido más detalles, se han producido después de una nueva oleada de ataques de Rusia con misiles y drones contra zonas civiles de Ucrania, en la que han muerto al menos siete personas. Los bombardeos se han producido, según han informado las autoridades, en los distritos de Obujiv y Bucha, en el óblast de Kyiv, así como contra la autopista que une la capital y Odesa.
