El Ibex cae un 2,1% por el alza del petróleo y las dudas sobre las tecnológicas

Mal día en la bolsa española. El Ibex bajó un 2,12% y perdió los 19.000 puntos. El jueves ha sido su peor día desde principio de este mes. El índice fue arrastrado por los resultados de Bankinter (-7.5%), que pese a que fueron positivos, decepcionaron las previsiones. 

El coste del transporte de un buque petrolero se ha multiplicado por siete en un año

La plaza madrileña estuvo en buena compañía. Las principales bolsas europeas terminaron la jornada teñidas de rojo. El  Mib italiano ha cedido un 2,59%; el Cac francés, un 1,39%; el Dax alemán, un 1,1% y el FTSE 100 británico, un 0,33%.

¿Qué ha ocurrido? Por usar una metáfora meteorológica, los inversores empezaron el día recibiendo  un boletín  típicamente otoñal: marejada en la bolsa, causada por  un mercado petrolero que está muy agitado.

Primero, por el precio de la materia prima. El barril de Brent se situaba el jueves en 111 dólares, el nivel más alto desde el pasado mes de mayo, tras apreciarse ayer casi un 3%. Y eso pese a que, según datos de Kpler citados por The Wall Street Journal, la cantidad de crudo que transita por el estrecho de Ormuz ya supera los niveles anteriores a los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán. La situación permanece frágil: nuevos ataques a los buques en la zona volvieron a disparar las cotizaciones. “Cualquier resultado es binario y depende de decisiones geopolíticas, lo que significa que cualquier previsión sobre el precio del petróleo está condicionada a la hipótesis de una resolución del conflicto, una posibilidad que todavía no se vislumbra en el horizonte”, escribía el jueves en una nota de UBP la analista María Shishkina.

Se está produciendo una rotación de carteras en vista de las elecciones de EE.UU.

Segundo, y tal vez lo más impactante desde el punto de vista económico, los productos refinados siguen escasos tras los daños a las refinerías del Golfo Pérsico. El diésel continúa por las nubes. Las operaciones de las refinerías de Oriente Medio se sitúan aproximadamente un 25% por debajo de los niveles previos a febrero debido a daños físicos y a las restricciones a las exportaciones a través del estrecho de Ormuz y Bab el-Mandeb.

Las refinerías rusas operan alrededor de un 40% por debajo de su capacidad tras repetidos ataques con drones, y las exportaciones de productos refinados fueron prohibidas en julio, una veto que posteriormente se amplió hasta finales de octubre. Rusia suministra aproximadamente el 10% del diésel mundial.

Y tercero, más novedoso. De acuerdo con Goldman Sachs, las tarifas medias globales de flete marítimo para petróleo crudo (es decir, el coste de fletar un buque petrolero) aumentaron de 3 dólares por barril a más de 20 dólares en un año, siete veces más. Estos precios incorporan varias primas: el riesgo bélico, el encarecimiento del combustible marino y las transferencias que hay que hacer entre buque y buque para rodear las zonas de conflicto.

No solo el petróleo está caro, sino que hay menos barcos disponibles y una asignación ineficiente de la flota. La consecuencia es que el precio del crudo físico entregado (en la refinería de destino) ha subido mucho más que la materia prima, con lo que el coste real de suministro que llega a la economía productiva ronda los 130 dólares (o más) por culpa de la logística desorbitada del transporte marítimo. Al final, después de las refinerías, son los consumidores los que acaban pagando la factura.

Asimismo, las reservas estratégicas y los inventarios comerciales de muchos países se encuentran en mínimos de varias décadas y continúan reduciéndose cada día que persiste la disrupción. Su reconstrucción constituye así una nueva fuente de demanda, a la que debe añadirse la necesidad de aquellos países que no disponen de reservas estratégicas de establecerlas para reforzar su propia seguridad energética.  

Las bolsas no han podido quedarse inmunes ante tanta incertidumbre. El jueves, como hemos dicho, ha sido una jornada muy convulsa en los mercados. Aparte de Europa, en EE.UU., el Nasdaq fue el índice  más castigado con retrocesos de más del 2%. Y no solo por la tormenta energética que no cesa, sino por la incertidumbre tecnológica. Los resultados trimestrales de varios gigantes del sector decepcionaron al mercado. Meta, en particular, llegó a depreciarse un 7% también a causa de una multa impuesta en EE.UU. de 25.000 millones por el escándalo de Cambridge Analytica.

No hay que olvidar que los rendimientos atractivos que está ofreciendo la renta fija en las últimas semanas, con bonos en tramos largos y cortos de economías consolidadas que ya rozan el 5%, pueden estar captando capital que antes estaba destinado a la renta variable.

Tampoco hay que descartar el impacto de las próximas elecciones de midterm en EE.UU., con cambios de posición en la estrategia inversora. Así lo explicaba en una nota Bret Kenwell, de eToro: “Dentro del mercado bursátil, la debilidad se ha concentrado en valores relacionados con la inteligencia artificial y los semiconductores; sin embargo, bajo la superficie, se está produciendo una rotación sectorial: ocho de los 11 sectores del S&P 500 presentan ganancias en lo que va de mes, liderados por energía, salud, consumo básico y consumo discrecional. Esto sugiere que los inversores están reasignando sus inversiones en lugar de abandonar por completo la renta variable; están recogiendo beneficios en áreas muy concurridas mientras buscan ganancias más estables y expectativas más razonables en otros segmentos”.

El tiempo seguirá inestable.

Piergiorgio Sandri

En La Vanguardia desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.

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