A Òscar Serret le han ido muy bien las cosas en la ciudad, lejos de su pueblo natal, Preixana (Urgell). Sin embargo, afirma que nunca ha “dejado de estar vinculado” a su pueblo y a la tierra. Este vínculo, unido al hecho de que su padre fuese el último payés de la familia, le impulsó a volver a explotar las fincas de su padre, en el año 2022. En ese momento su padre aún vivía, pero ya no podía ejercer de payés. Fue entonces cuando este empresario de éxito se dio cuenta de que “la agricultura es un mal negocio”, lo que le despertó la necesidad de hacer algo al respecto. Encontró la respuesta en el aceite de oliva.
“Las personas gastan mucho dinero en productos milagrosos que vienen de lejos, cuando ¡el aceite de oliva y la dieta mediterránea ya son milagrosos!”, declara Serret. El emprendedor empezó a darle vueltas a la idea de que el aceite de oliva es una fuente de salud, pero también de ingresos para la gente del campo y el territorio. Es decir, Serret vio en el aceite de oliva el producto milagroso para “dar un valor añadido al territorio y para que los habitantes de los entornos rurales no tengan que irse de sus pueblos, como hice yo”.

El emprendedor ha dado forma a todas estas ideas con la marca De la Lola. “Producimos entre 40 y 50 toneladas de aceite de las variedades arbequina, nevadillo negro y coratina, procedentes de 16 hectáreas de olivos, muchos de los cuales son centenarios, y comercializamos directamente, sin intermediarios, a través de la página web y a restaurantes de nivel”, explica el emprendedor. Además de las fincas propiedad de la familia, el fundador está comprando tierras de agricultores que se jubilan y no tienen relevo generacional”. Buena parte del medio millón de euros que el empresario lleva invertidos en De la Lola ha sido para la adquisición de fincas. La empresa cuenta con tres empleados, uno a jornada completa y dos a media jornada, mientras Serret sigue centrado en sus otras compañías.
Aunque el foco de De la Lola es el aceite de oliva, el plan para dar muchas vidas al campo de Serret pasa también por la harina y la fruta seca, así como por restaurar las cabañas de piedra seca que hay en las fincas que va adquiriendo. “Estamos haciendo pruebas con cereales antiguos: espelta, trigo persa y trigo xeixa”, avanza el nuevo payés, quien ha comprado también un molino de piedra. En referencia a la fruta seca, señala que “ya llegará, pero no a corto plazo”. El empresario no tiene prisa: “Me lo tomo como un proyecto de final de vida profesional”.
