Así cayó Escribano en Indra: guerra con dossiers y una cita final en Moncloa

La historia de Ángel Escribano en la presidencia de Indra se podría asemejar al mito de Ícaro. Dédalo, que podría ser el Gobierno, le dio unas alas para que pudiera volar alto en la principal empresa de defensa del país. Le prometió una lluvia de millones y años de gloria en el Ibex 35. Pero Ícaro –Escribano- se excedió y acabó cayendo, solo año y dos meses después de ser nombrado. La dimisión de Escribano, en pleno Miércoles Santo, es el epílogo de una de las crisis empresariales más relevantes de los últimos años.

3 de noviembre del 2025. Pedro Sánchez recibe en La Moncloa a los hermanos Aperribay, Jokin e Ibon, propietarios de Sapa Placencia y terceros accionistas de Indra (7,94%). La reunión de Sánchez con los Aperribay molestó especialmente a Escribano, que tenía ya abierta una guerra con los industriales vascos.

Moncloa identifica la maniobra de Escribano. Fuentes al tanto de lo sucedido aseguran que el Gobierno descubrió que, desde la órbita de Indra, se estaban promoviendo dossiers contra SAPA y los Aperribay. Eran documentos apócrifos, encargados a alguna empresa externa. Algunos detalles se difundieron en medios de comunicación. Los informes buscaban acabar con esa especial sintonía de SAPA con el Gobierno. Las mismas fuentes añaden que el Ejecutivo también identificó seguimientos. Esta “guerra sucia”, como la califica un alto cargo, fue conocida por Pedro Sánchez. A oídos del Ejecutivo llegó incluso que estaban circulando informes fabricados contra el equipo más cercano de Sánchez. El presidente instó inmediatamente a Manuel de la Rocha, el director del Departamento de Asuntos Económicos de Presidencia, a poner freno a este tipo de prácticas. “Un Gobierno limpio, honrado y moralmente irreprochable no puede permitir maniobras como estas”, fue el mensaje que, según fuentes conocedoras de lo sucedido, se transmitió a Escribano. Él lo negó.

En ningún momento Ángel Escribano reconoció ante Moncloa haber participado en la elaboración y distribución de ese tipo de dossiers. Pero en el Gobierno aseguran que tenían la información amarrada.

Era otoño y la decisión estaba tomada al más alto nivel. El Gobierno había bajado el pulgar a Escribano. En esas semanas, el consejo de administración de Indra había aprobado, por unanimidad, que la empresa familiar de los Escribano, EM&E, tenía un encaje estratégico en la cotizada. Pero el Ejecutivo también decidió que no iba a permitir que Ángel Escribano y su hermano Javier colideraran la mayor operación de la industria española de defensa. Otro alto cargo del Gobierno lo resume así: “Nos dimos cuenta de que Escribano era capaz de casi cualquier cosa y frenamos todo”.

Este giro del Gobierno fue percibido perfectamente por los hermanos Escribano. ¿Alguien nos puede explicar por qué el Gobierno apoyaba hasta hace unos días la fusión y ahora no lo hace? Esta era la pregunta que lanzaban a su entorno. Moncloa ya había comenzado a buscar una salida.

Los hermanos Escribano no se explicaban por qué la SEPI había cambiado de opinión con la fusión

A finales de enero se produjo otro hito. En esa búsqueda de soluciones, el Gobierno puso sobre la mesa hasta seis opciones para que Indra y EM&E se integraran, pero sin que los hermanos Escribano acabaran liderando la resultante. Se les planteó una especie de fusión por abajo o que Indra adquiriera el 51% de la empresa familiar, entre otras fórmulas. Pero los Escribano no cedían. El Ejecutivo captó el mensaje.

El momento decisivo que marcó el principio del fin de Escribano en la presidencia en Indra fue el 18 de marzo. Esa noche, pasadas las 22:00 horas, la SEPI remitió un comunicado al consejo de la compañía bloqueando la fusión con EM&E hasta que no se resolviera el conflicto de interés. El Gobierno había descubierto que el presidente de Indra, pese a que se abstuviera de participar en las reuniones en las que se abordaba la operación con su compañía, disponía de información sobre la discusión de la operación. La SEPI hablaba de “preocupación” por lo que estaba sucediendo.

Esa noche supuso, en efecto, un antes y un después para Escribano. Apenas unas horas más tarde, los hermanos retiraban su compañía familiar EM&E de cualquier operación con Indra. Muerto el perro se acabó la rabia, vinieron a transmitir. En el Gobierno no lo entendieron así ya que siguen considerando que la integración de ambas compañías tiene un sentido empresarial.

Con la operación deseada por Escribano bloqueada volvieron a circular los dossieres contra SAPA. La situación era ya insostenible. En las reuniones internas, de consejo y de comisiones, las palabras gruesas hacia los Aperribay subieron de tono. También comenzaron a surgir roces directos con los tres representantes de la SEPI.

De la Rocha citó entonces a Escribano. En la reunión, celebrada en La Moncloa, se habló de toda la “guerra sucia”. El Gobierno ya había advertido al empresario “varias veces” de que Indra no podía continuar con esa deriva. Ese día Escribano comenzó a meditar su salida, que se concretó el pasado Miércoles Santo. En su carta de despedida el empresario habló de un “desgaste personal”.

Otro de los motivos que animó a Moncloa a promover un relevo en Indra fue el malestar generalizado en la industria de defensa, que estaba paralizando el sector. Desde el gigante Airbus hasta actores más modestos como Oesía. Moncloa y los ministerios recibían quejas porque la empresa llamada a ser la “tractora” del sector no estaba ejerciendo ese rol por cuestiones más personales que industriales.

El Ejecutivo identificó que se estaban distribuyendo datos ofensivos contra el tercer accionista, Sapa

Con la llegada de Ángel Simón a la presidencia de Indra, el Gobierno cree que se inicia una nueva etapa en la que debe primar la gestión por encima de todo. Pero Ángel Escribano podría no haber dicho su última palabra. EM&E podría tener derecho a ocupar dos asientos en el consejo de administración, por disponer del 14,3% del capital. De momento sólo mantiene uno, el de Javier Escribano, pero de cara a la próxima junta de accionistas podría solicitar el de su hermano. En el Gobierno estudian esta opción para evitar un nuevo conflicto.

Acuerdos con la estadounidense General Dynamics

La salida de Ángel Escribano de la presidencia de Indra también abre un nuevo escenario a la relación con Santa Bárbara, la empresa española propiedad del gigante estadounidense General Dynamics. En los últimos meses la relación se había enconado y acabado en reclamaciones judiciales aún no resueltas. El responsable de Indra Land Vehicles, Frank Torres, manifestó hace unos días su disposición a colaborar con Santa Bárbara en algunos contratos, aunque la realidad es que la cooperación no ha existido. En el consejo de administración de la cotizada se ha abordado esta problemática, sin avanzar hasta ahora. El Gobierno no quiere que los acuerdos entre las empresas militares españolas compliquen la relación con Estados Unidos. La Casa Blanca y la embajada en Madrid siguen muy de cerca un sector prioritario para Donald Trump. Fuentes del Gobierno aseguran que, en esta nueva etapa en Indra, se abren opciones de colaboración con Santa Bárbara, que emplea a 1.200 trabajadores. Ese es el objetivo principal del Ejecutivo: que Indra ejerza de compañía tractora de toda la industria, sin excepciones. Uno de los territorios donde Santa Bárbara quiere impulsar su presencia es Catalunya.

Fernando Hernández Valls

Redactor de la sección de Economía de La Vanguardia en la redacción de Madrid. Autor del libro ‘El año que vivimos sin Gobierno’ (Libros.com) y colaborador de varios programas de televisión y radio.

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