Autoconfianza

Según los manuales de autoayuda, la autoconfianza es muy importante para tener éxito en la vida. Para poner en marcha proyectos, para resistir cuando no salen bien, para perseverar. ¡Hay que creer en uno mismo! Si nosotros mismos ya no nos vemos con ánimo, difícilmente los demás creerán en nosotros.

Pero yo no lo tengo tan claro. En la vida, y especialmente en el mundo de la empresa, de la autoconfianza al exceso de confianza hay un breve trecho que han transitado a menudo afamados líderes empresariales. Lo retrató bien Narcís Oller en La febre d’or . La novela cuenta el ascenso de Gil Foix, de carpintero a banquero, en una de las euforias financieras de finales del XIX. La suerte, la vanidad, la adulación y el éxito lo emborracharon. Como ha sucedido a tantos desde entonces, uno atribuye el éxito al talento propio, y toma decisiones poco reflexivas o excesivamente arriesgadas. Es la hibris griega, la desmesura y soberbia que lleva al batacazo que Oller retrata en la segunda parte de su obra.

Equipo

La empresa es un trabajo de equipo, y los colaboradores son clave para los logros del líder y del conjunto de la empresa

No comparto las tesis sobre la meritocracia del gran filósofo americano Michael Sandel puesto que, si se promueve la igualdad de oportunidades, no hay mejor método de selección que el mérito. Pero estoy de acuerdo con él cuando argumenta que las personas infravaloramos el papel de la suerte en nuestros logros. Por eso es tan fácil caer en el exceso de confianza.

Siempre me ha parecido inspiradora la vida de Katharine Graham, editora de The Washington Post durante muchos años y persona muy influyente en la sociedad americana de los años sesenta y setenta del siglo XX. Contra todo pronóstico y con muchas dudas sobre sí misma –como explica en sus interesantes memorias–, se abrió camino en un mundo profesional del que entonces las mujeres estaban prácticamente excluidas. Tras la trágica muerte de su carismático marido, heredó un diario en transformación y aprendió el oficio de dirigir, con un coraje y una sabiduría que ni ella misma confiaba que tenía. Para mí, la lección de Katharine Graham es que la autoconfianza y el optimismo son sin duda necesarios, pero que dudar también es conveniente en el mundo de la dirección. Permite madurar las decisiones, ayuda a formar criterio, a tomar distancia, a medir bien los pasos y a encontrar el momento correcto para decidir.

La autoconfianza es necesaria, pero el exceso de confianza puede hacer mucho daño y es importante encontrar un equilibrio. Merece la pena dudar, no creérselo demasiado. Las personas que ocupan puestos de responsabilidad en las compañías son, en su gran mayoría, profesionales de gran capacidad y valía, y a menudo están convencidos de ello. Pero es bueno dudar de uno mismo. Ser consciente de que el éxito no solo es por méritos propios. La empresa es un trabajo de equipo y los colaboradores son clave para los logros del líder y del conjunto de la empresa. Y la suerte, como dice Sandel, tiene un papel muy importante, lo que aconseja mantener los pies en el suelo, con humildad.

También te puede interesar