China pide a todos los contendientes “que paren de inmediato la guerra” para que no se extienda

China ha pedido “que se ponga fin de forma inmediata” a los bombardeos sobre Irán. La petición ha sido formulada por el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, a su homólogo israelí, Gideon Saar, en una llamada telefónica mantenida a petición de este último. “Las operaciones militares deben detenerse para evitar que el conflicto se extienda aún más y se vuelva incontrolable”, habría expresado Wang, según transcribe el comunicado de su ministerio. 

Saar trasladó a Wang su punto de vista sobre la contienda y seguramente se interesó en saber hasta dónde está dispuesta China a llegar en su apoyo a Irán. Ayer el mismo Wang reiteró el compromiso de Pekín “con la soberanía e integridad territorial de Irán”, en un momento en que se especula sobre los motivos de la Fuerza Aérea Israelí para atacar con saña las posiciones iraníes cercanas al Kurdistán iraquí. 

“China se opone a cualquier ataque militar de Israel y EE.UU. contra Irán”, habría insistido Wang, “porque la fuerza no resuelve los problemas, sino que crea problemas aún mayores”. A ello añade una idea que parece inspirada en el clásico de Sun Tzu, El arte de la guerra: “La verdadera fuerza militar no es la que se mide en el campo de batalla sino la que es capaz de prevenir la guerra”. 

Wang también lamenta que, a su entender “las negociaciones etnre Irán y EE.UU. registraban progresos evidentes, pero por desgracia e el proceso fue interrumpido por la artillería”. China, acusada a menudo de poder hacer más en el caso de Ucrania, se muestra en cambio hiperactiva en el caso de Irán, miembro del grupo del grupo de los Brics y de la Organización de Cooperación de Shanghai. China también absorbe más del 80% de las exportaciones de petróleo iraní. 

Wang Yi ha hablado en las últimas 48 horas con sus homólogos de Francia, Omán e Irán, entre otros. Con el primero, Jean-Noël Barrot, representante de otro miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, se ha comprometido a trabajar en pos de una salida negociada. En sus contactos con los países del Golfo, el consejo es algo distinto: “Actúen coordinadamente y rechacen las injerencias extranjeras”. 

La verdadera fuerza militar no es la que se mide en el campo de batalla, sino la que es capaz de prevenir la guerra 

Wang Yi

Ministro de Exteriores de China

No hay noticia de que haya hablado con el otro actor clave, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio. Debería hacerlo en breve para demostrar que se mantiene en pie la visita del presidente Donald Trump a China, prevista para dentro de cuatro semanas. Su entrevista con su homólogo Xi Jinping podría tener una importancia añadida, si para entonces la guerra sigue viva. 

La capacidad de mediación de China en este conflicto no tiene parangón ya que sus relaciones con Israel son también positivas. Incluso después de que la diplomacia china intentara hace dos veranos poner de acuerdo en Pekín a 14 grupos palestinos, incluido Hamas. Cabe decir que una empresa china controla la principal terminal de contenedores de Haifa (la otra es de propiedad mayoritariamente india) y las inversiones chinas en la bolsa de Tel Aviv -sobre todo en empresas tecnológicas- son muy abultadas.

Más importante aún, China ya logró hace tres años sellar el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Irán y Arabia Saudí, hasta entonces enemigos irreconciliables que se combatían en numerosos países a través de terceros.

Otro país habría podido jugar un país parecido no hace tanto. Se trata de India. Sin embargo, el primer ministro Narendra Modi no solo ha abandonado la equidistancia netamente en favor de Israel, sino que se abrazó con su homólogo Beniamin Netanyahu en Jerusalén -con el pretexto de recibir una medalla recién inventada- muy pocas horas antes de la agresión aérea israelo-americana. Algo que le ha afeado la oposición. Hoy mismo, Sonia Gandhi, con una columna que además denuncia, tras el asesinato del Guía Supremo iraní, Ali Jamenei, “un silencio que no es neutral, sino una abdicación de responsabilidad”. 

Por último, mañana miércoles empieza la sesión anual de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CPPCC), que dura una semana. Uno de sus momentos más esperados es la tradicional rueda de prensa del Ministro de Exteriores, que este año se arriesga a que la actualidad le obligue a enmendar el discurso hasta el último momento. 

Aunque acapara el crudo iraní

El cierre del estrecho de Ormuz afectará menos a China que a Japón o Corea del Sur

Pekín dice estar trabajando para que se garantice la seguridad de todos los petroleros en el estrecho de Ormuz. En realidad, el embudo del golfo Pérsico ha sido cerrado por los Guardianes de la Revolución, que solo estarían dejando pasar a buques de bandera rusa o iraní. Asimismo, debe precisarse que, si bien es cierto que nadie recibe tantos barriles de petróleo procedentes del Pérsico como China, hay otros países más vulnerables al cierre de Ormuz. Las necesidades energéticas de Japón, Corea del Sur, Pakistán o Filipinas se ven colmadas por el crudo procedente del otro lado de Ormuz en mayor medida que las de China.

El gobierno de Pekín, al fin y al cabo, ha dato un salto adelante en renovables y si sumamos su extracción de carbón e hidrocarburos, es autosuficiente en un 85%. Es cierto que cerca del 14% de sus importaciones marítimas de petróleo proceden de Irán, pero esto representa menos de un 2% de su consumo energético. Importante pero no crítico, ni irremplazable. Estrangulando a Irán no se estrangula a China.

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.

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