China reimpone el veto al pescado y marisco japonés semanas después de levantarlo

Hace dos semanas se anunció que un cargamento de vieiras salía  de Japón con destino a China, por primera vez en más de dos años. Un alivio efímero, puesto que estes miércoles el gobierno chino ha notificado a Tokio que el pescado y marisco japonés vuelve a estar vetado en su territorio. La decisión abunda en la salida en tromba de Pekín después de que, unos días atrás, la nueva primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, amagara con entrar en guerra con la República Popular de China en caso de que esta ocupara Taiwán por la fuerza. 

Takaichi no dijo literalmente eso, sino en clave, pero en Pekín se le entendió todo. Del mismo modo que en Tokio se comprende perfectamente el motivo del veto, aunque la portavoz china se ampare en que no estarían recibiendo todos los documentos solicitados. Es decir, los necesarios para probar que se trata de alimentos de origen marino aptos para el consumo.

Como se recordará, Japón decidió polémicamente, en agosto de 2023, verter al mar toda el agua que había estado en contacto durante años con el reactor nuclear accidentado de Fukushima. “De todos modos, ahora no hay mercado en China para estos productos”, ha zanjado la portavoz de Exteriores china, Mao Ning, en alusión a la susceptibilidad nacionalista del consumidor chino.

Cabe señalar que China nunca levantó el veto a los productos del mar de esta prefectura -y de otras nueve- cuando el 30 de mayo expresó su disposición a reanudar estas importaciones. Teniendo en cuenta los cinco meses transcurridos hasta que las primeras cajas de marisco japonés llegaron a puertos y aeropuertos chinos, el nuevo parón supone una pésima noticia para el sector. El mercado chino absorbía casi una cuarta parte de estas exportaciones niponas antes del veto. 

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Turistas asiático en un tour en Tokio. La debilidad del yen es tal que, en 2025, han viajado más turistas tailandeses a Japón que turistas japoneses a TailandiaTailandia

KAZUHIRO NOGI / AFP

Pero las represalias no terminan aquí. Tras amenazar a Japón con “perecer bajo el fuego” en caso de injerencia en asuntos chinos, China llamó a sus ciudadanos a no viajar a Japón y a sus estudiantes a buscar otros campus. Las primeras estimaciones hablan de casi medio millón de billetes de avión cancelados desde entonces. En caso de prolongarse el boicot, tanto de agencias como de particulares, hasta el Año Nuevo Chino -a mediados de febrero- las pérdidas para el sector turístico japonés se elevarían, como en el caso del marisco, a varios miles de millones de euros. No en vano, los chinos son su primer mercado: prácticamente uno de cada cuatro turistas en Japón, por delante de surcoreanos, taiwaneses y hongkoneses.

Aunque también este último mercado se verá afectado. Cathay, la línea de bandera de Hong Kong, ha mostrado su buena disposición a alterar la ruta de los clientes que hayan adquirido billetes a Japón, si así lo desean. En la China continental, por su parte, las aerolíneas han renunciado a cobrar gastos de cancelación. Rusia, atenta, ha dicho esta semana que dejará de exigir visado a los turistas chinos en muy breve plazo, tal como ha empezado a hacer China con los rusos. 

El gobierno chino ha dicho este miércoles que “no tendrá más remedio que tomar nuevas medidas” si Japón no se retracta de sus “comentarios erróneos” y adopta medidas concretas para “salvaguardar los cimientos políticos” de la relación bilateral. Asimismo, ya ha advertido de que no habrá entrevista entre su primer ministro, Li Qiang, y su homóloga japonesa, Sanae Takaichi, este fin de semana en la cumbre del G-20 en Sudáfrica. Mientras que en la ONU, el embajador chino ha añadido leña al fuego al afirmar que Japón se ha descalificado a sí mismo para ser miembro permanente del Consejo de Seguridad.

Si Japón se niega a retractarse y sigue “cometiendo errores”, China tomará medidas “severas y decididas” y Japón asumirá las consecuencias, ha aclarado con una severidad inusitada la portavoz china de Exteriores, Mao Ning. 

La elección interna de la ultranacionalista Sanae Takaichi como nueva líder del Partido Liberal Democrático de Japón (PLD), fue un aviso para navegantes. Los pacifistas de Komeito, socios ininterrumpidos del PLD durante más de veinte años, fueron los primeros en saltar del barco, pero Takaichi logró ser investida con el apoyo de una fuerza neoliberal de Osaka. 

China no es el único país asiático que asiste con preocupación al progresivo entierro del pacifismo inscrito en la Constitución de Japón. Otra víctima del imperialismo japonés, Corea del Sur, protestó formalmente el viernes por la reapertura -ese día- del Museo del Territorio y la Soberanía, en Tokio. Seúl ha vuelto a pedir la clausura de este templo del irredentismo, inaugurado en 2018, que acaba de ser reformado y ampliado. Cuenta ahora con un espacio interactivo sobre los islotes coreanos de Dokdo, que Japón ocupó entre 1905 y 1945 y que sigue reivindicando bajo el nombre de Takeshima. El museo también dedica espacio a las islas Kuriles, ocupadas por Rusia, y a las diminutas Senkaku. Estas últimas están bajo administración japonesa, pero las dos Chinas reclaman al unísono su soberanía, bajo el nombre de Diaoyu. 

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