La onda expansiva de la guerra de Irán preocupa al mundo entero, pero en Asia es ya una realidad. Los cálculos más rudimentarios podían hacer pensar que China, destino de más del 80% de las exportaciones de petróleo iraní, iba a ser la más perjudicada por la guerra lanzada contra la República Islámica. Pero lo cierto es que el trato preferente de Irán a la potencia asiática junto con la apuesta china por el coche eléctrico, las renovables y los oleoductos rusos le están permitiendo sortear la crisis mejor que otras economías.
El cierre del estrecho de Ormuz, punto de tránsito del 20% de los hidrocarburos y del 30% de los fertilizantes exportados por vía marítima, está obligando a que, un gobierno tras otro, tomen medidas de emergencia para ahorrar combustible. Pero al cabo de quince días está claro que algunos de los más estdsdrechos aliados de EE.UU. e Israel son los que más tienen que perder en caso de prolongación del conflicto. Las colas ya son visibles aquí y allí: en India para intentar hacerse con una bombona de gas en el mercado negro, aunque cueste tres veces más. En islas de Tailandia, de madrugada, en las gasolineras.
Pakistán y Filipinas han establecido la semana laboral de cuatro días para los funcionarios. Bangladesh ha cerrado las universidades y patrulla las gasolineras. Las bombonas en Nepal solo están llenas al 50%. Japón libera ya este lunes 15 millones de barriles de sus reservas estratégicas –luego 65 millones más– al precio que tenían antes de los bombardeos, mientras Corea del Sur pone un tope al precio de la gasolina, revisable cada dos semanas. China y Tailandia, por último, han prohibido la exportación de combustible, que Birmania ya raciona.
El choque energético afectará a todo el mundo, pero no de la misma manera. Teherán ha dado carta blanca a varios buques con destino a China, Bangladesh o Turquía. Solo dos de los 24 metaneros indios varados en el Pérsico han logrado el mismo trato. Mientras tanto, los Guardianes de la Revolución estarían discutiendo ampliar su apertura selectiva para cargamentos liquidados en yuanes.
En muchos países asiáticos se triplican los precios del gas y se dispara la gasolina tensionando el mercado
Por otro lado, los números absolutos no lo dicen todo. Japón, Corea del Sur, Taiwán o India, son más vulnerables en la presente crisis. China, para empezar, cubre el 85% de sus necesidades energéticas con sus propios recursos. Además de su citada apuesta por el coche eléctrico y las renovables, sigue con un pie en el carbón. Asimismo, dos tercios del petróleo que consume China proceden de sus propios yacimientos. El tercio restante, aunque sigue representando un volumen descomunal, está asegurado en gran medida por oleoductos de Rusia y Kazajistán. Lo mismo sucede con el gas. Pekín también ha diversificado su suministro con proveedores de África y América.
Japón, muy vulnerable a Ormuz, podrá mitigarlo varios meses gracias a su gran almacenamiento
Japón y Corea del Sur, en cambio, no solo dependen más de la importación de hidrocarburos, sino que estos proceden en mucha mayor medida del golfo Pérsico. La situación es particularmente grave en el caso del petróleo, para Japón, y del gas, para Corea del Sur. Aunque puedan parar el golpe durante más de medio año gracias a sus abundantes reservas estratégicas.
La verdadera prueba de fuego será la de Taiwán con el gas, ya que solo tiene capacidad de almacenamiento para dos semanas. Algo que Pekín seguirá de cerca. El descalabro es mayor porque Taipéi apagó su último reactor nuclear hace un año.
La situación es aún más dramática en India, donde la gran mayoría de cocinas dependen de bombonas de gas propano. Las ventas online de placas de inducción se han multiplicado por treinta. Rahul, un restaurador cachemir, dice que tendrá que cerrar sus restaurantes de kebap si los precios siguen escalando: “El problema ya no es pagar el triple por una bombona en el mercado negro, sino encontrarla”. Otros están cambiando sus menús, mientras que teterías a pie de calle están volviendo al horno de carbón. El primer ministro Narendra Modi accedió a reducir al mínimo sus compras de crudo ruso, a cambio de que Trump le aligerara un arancel del 50%, pocos días antes de que el Supremo de EE.UU. lo declarara ilegal.
La dependencia del gas de Qatar ya está provocando colas en India y amenazará en breve a Corea del Sur
Durante cuatro años, empresas indias como Reliance –con la mayor refinería del mundo– se han hecho de oro importando petróleo ruso con descuento y reexportándolo en forma de combustible. Mukesh Ambani se ha afianzado como el hombre más rico de Asia, aunque Trump ha encontrado la forma de “multarle”: Reliance se compromete a construir la primera refinería en EE.UU. en 50 años. 300.000 millones de dólares.
Y este fin de semana, la Oficina para la Dominación Energética de EE.UU. celebra en Tokio un “foro ministerial y comercial” para amarrar nuevas “oportunidades” entre empresas de ambos lados del Pacífico, justo antes de la visita de Sanae Takaichi a Trump.
Al estallar la guerra, las petroleras indias, estatales y privadas, volvieron a hacer pedidos a Moscú, ya sin descuento. Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE.UU., ante el hecho consumado dijo haber dado su permiso. Ahora la exención es general. El quebranto también empieza a serlo.
