Corrupción y clientelismo en la galaxia Orbán

Oficialmente, el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, posee un patrimonio recatado: algunos ahorros y la propiedad conjunta de una villa en Budapest. Sin embargo, aunque el ultranacionalista –que el domingo afronta elecciones con sondeos adversos– alardea de tener una fortuna personal limitada, miembros de su familia y de su círculo de confianza se han enriquecido a lo grande desde su regreso al poder en el 2010.

Orbán lleva 16 años consecutivos en el cargo, a sumar a un primer mandato entre 1998 y el 2002, un largo periodo en el que no solo ha instalado en su país una democracia iliberal –así la llama– en perpetuo conflicto con Bruselas, sino que se ha lucrado y ha fomentado un sistema de corrupción y clientelismo, como han ido desvelando investigaciones de medios independientes.

El entorno del líder ultranacionalista ha tenido acceso a fondos comunitarios y contratos públicos, según la oenegé Transparency International y la oficina antifraude de la UE

Según el diputado no adscrito Ákos Hadházy, uno de los principales activistas anticorrupción del país, desde el 2016 se han esfumado cada año de las arcas públicas 1,1 billones de florines húngaros (unos 2.800 millones de euros) debido a la corrupción.

Hadházy ganó notoriedad por haber obtenido imágenes del interior de la finca de Hatvanpuszta, un antiguo palacio con jardín de los Habsburgo adquirido en el 2011 por el padre de Orbán. Tras años de costosas obras, la finca, ubicada a unos 40 kilómetros al oeste de Budapest, incluye ahora varios edificios, amplios jardines, dos piscinas y un pequeño zoo en el que hay incluso cebras. El primer ministro quita importancia al empaque de la finca, de 12 hectáreas y 6.000 metros cuadrados construidos, diciendo que es solo la granja de su padre, Gyözö Orbán, de 85 años.

“Los escasos medios libres o de oposición, medios independientes, publican casi a diario desde hace meses alguna nueva revelación sobre el sistema de corrupción húngaro, o sobre incursiones de los servicios secretos junto con el Gobierno para atacar a los partidos de oposición”, explica Boróka Parászka, periodista del portal de noticias húngaro HVG.

“Orbán ha basado su campaña electoral en un mensaje nacionalista y antiucraniano, un supuesto mensaje de paz del Gobierno, pero no es fiable ni sostenible en estas circunstancias, cuando la economía húngara y los ciudadanos están en condiciones difíciles, y la gente ve cómo el entorno del primer ministro y él indirectamente se han hecho millonarios –prosigue la periodista húngara–. Viktor Orbán se enfrenta a cómo su mensaje pierde fuerza día a día”.

En efecto, el parco crecimiento económico, la elevada inflación y el deterioro de los servicios públicos, incluidos hospitales y transporte, han generado una frustración cada vez más palpable en la ciudadanía informada que observa la riqueza acumulada por el séquito de Orbán. Según una reciente encuesta del instituto demoscópico Medián, la corrupción es la segunda preocupación de los húngaros, solo por detrás de la precaria situación de sanidad y educación públicas.

Según el diputado no adscrito Ákos Hadházy

Desde el 2016 se han esfumado cada año de las arcas públicas 1,1 billones de florines húngaros (unos 2.800 millones de euros) debido a la corrupción

Hatvanpuszta se halla a poca distancia de la ciudad natal de Orbán, Székesfehérvár, donde el líder pronunció ayer un mitin de campaña. Pero su niñez transcurrió en Felcsút, un pueblo cercano en el que fraguó su amistad con Lörinc Mészáros, antiguo fontanero e instalador de calefacciones que hoy es el hombre más rico de Hungría con una fortuna estimada en 1.500 millones de euros, según la revista Forbes

Mészáros, de 60 años, proclama sin ambages que debe su fortuna a “Dios, la suerte y Orbán”. En agradecimiento construyó en Felcsút un estadio de fútbol. Su imperio se extiende por los sectores de la construcción, la energía, la banca y los medios de comunicación, impulsado en gran medida por contratos públicos.

He ahí el quid de la cuestión. La oenegé Transparency International, que en el 2025 y en los tres años anteriores ha situado a Hungría en el último lugar de la UE en su índice anual de percepción de la corrupción, señala riesgos sistémicos en la contratación pública y un grado limitado de competencia en los contratos más importantes, en un país donde estos contratos representan en torno al 5% del PIB.

Otro personaje del entorno de Orbán es su yerno István Tiborcz, un empresario de 39 años que se casó en el 2013 con su hija mayor, Ráhel. (Orbán tiene cinco hijos de su matrimonio con la abogada Anikó Lévai y seis nietos.) La Oficina Antifraude de la UE (OLAF) relaciona a Tiborcz con prácticas irregulares en el uso de fondos comunitarios. El yerno del primer ministro posee una hacienda estimada en 460 millones de euros gracias a licitaciones públicas e inversiones en hoteles y finanzas, en parte con ayudas estatales.

En suma, las empresas y servicios en Hungría que aspiran a participar en obra pública se ven envueltos en la red clientelar que orbita en torno a estos tres personajes: el padre, el amigo y el yerno de Viktor Orbán.

La inquietud por la corrupción y la erosión del Estado de derecho motivaron a a Bruselas a congelar casi 18.000 millones de euros de fondos europeos para Hungría. El conservador Péter Magyar, canidato a arrebatar el poder a Orbán, ha prometido reformas para poder acceder a esos fondos, e investigaciones sobre el llamativo enriquecimiento de la galaxia Orbán.

María-Paz López Rodríguez

Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia

También te puede interesar