
Durante más de siete décadas del siglo XIX, la doctrina Monroe había sido considerada una defensa de la independencia de América Latina frente a las potencias europeas. La invasión estadounidense de Cuba en 1898 –simultáneamente derrotando a España y a los rebeldes independentistas– cambió todo. Marcó el inicio de la “implementación brutal de una doctrina basada en invasiones con botas en la tierra”, explica el historiador de Yale Greg Grandin. El llamado “corolario” que Theodore Roosevelt agregó a la doctrina consolidó a EE.UU. como un “nuevo imperio” que sustituiría a los europeos.
Casi 130 años después, el nuevo corolario Trump –incluido en el documento Estrategia de seguridad estadounidense para el hemisferio occidental– es la última variante de la doctrina Monroe. Y, tras el éxito, al menos por ahora, de la intervención relámpago en Venezuela para derrocar a Nicolás Maduro, la pregunta que circula por Washington es si Cuba será el siguiente país en sentir la fuerza bruta de la historia que se repite. “Hay una línea recta entre la doctrina entonces y la de Trump ahora”, reflexiona Peter Kornbluh, autor de Back channel to Cuba (2015) en una entrevista mantenida desde la capital estadounidense. “Ahora tenemos el nuevo modelo venezolano: ataque rápido, primero; apretar el garrote de la presión económica, después”.
Bajo control de EE.UU., Venezuela no venderá más petróleo a la isla: 28.000 barriles menos de los 100.000 diarios
A diferencia de Venezuela, Cuba no tiene recursos naturales. Pero para el secretario de Estado, Marco Rubio, curtido en la turbia política del exilio cubano en Miami, derrocar al sistema socialista casi 70 años después de la revolución sería un logro del que Theodore Roosevelt se sentiría orgulloso.
Para Trump –que siempre ha mostrado interés en colgar su logotipo epónimo en los icónicos hoteles y campos de golf de Varadero– también. “Trump y Rubio entienden que Cuba es el trofeo más importante y simbólico que queda de la guerra fría”, añade Kornbluh.
Por el momento, una intervención militar parece poco probable. Aunque Cuba figura en la lista de países que supuestamente representan una amenaza terrorista para Estados Unidos, Trump, por el momento, no ha construido una narrativa de cárteles narco como pretexto para justificar un ataque quirúrgico.
El control que EE.UU. ya tiene sobre las exportaciones de petróleo venezolano a Cuba puede ser un arma más eficaz. “Es un mecanismo cruel, pero puede ser eficaz para extraer concesiones del Gobierno cubano”, dice Mike Bustamante, de la Universidad de Miami. A fin de cuentas, Cuba ya atraviesa una crisis de insuficiencia energética sin precedentes ni tan siquiera en el periodo especial después de la caída de la URSS. Sufrió cinco apagones a escala nacional en el 2025 y muchos más locales. “La red energética ya está prácticamente en las últimas”, dice Bustamante.
Ampliando la envergadura del bloque que asfixia a Cuba en varios frentes desde hace ocho décadas, Trump ha anunciado que Venezuela, el mayor proveedor en el 2025, no venderá más petróleo a Cuba. Esto restará entre 26.000 y 28.000 barriles al día de los aproximadamente 100.000 que se consumen a diario en la isla. Según datos de la agencia Reuters, el último cargamento de crudo venezolano destinado a la refinería cubana partió a mediados de diciembre con unos 600.000 barriles.
México seguirá suministrando con el beneplácito estadounidense, dijo el pasado lunes Chris Wright. Pero, bajo presiones de Washington, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ya había reducido considerablemente, hasta unos 30.000 barriles diarios, el suministro a Cuba en los últimos meses del 2025. “Estas ventas mexicanas no compensan lo que van a perder con el corte del petróleo venezolano”, dice Bustamante. “No tengo claro quién podría cubrir esa brecha. ¿Rusia? Tiene la capacidad para hacerlo, pero ¿querrá provocar a Estados Unidos en un mundo en el que volvemos a hablar de esferas de influencia?”.
“Trump y Rubio ven en Cuba el último gran trofeo simbólico de la guerra fría”, dice Peter Kornbluh
Por el momento, otros países petroleros que mantienen buenas relaciones con Cuba, como Brasil, Argelia o Angola, no se han ofrecido para echar una mano. ¿Por qué permitir que siga México suministrando crudo en lugar de dar el golpe de gracia a Cuba tal y como exige la nueva doctrina Donroe (Donald-Monroe)? “Porque saben que, si Cuba se derrumba, Washington será responsable de recoger los pedazos”, dice Kornbluh. “Optan por una estrategia más inteligente. Dejarán que Cuba mantenga un mínimo de luces encendidas y amenazarán con cortar el resto del petróleo a menos que Cuba capitule”, calcula. “En lugar de la diplomacia de las cañoneras, será una diplomacia de coerción extrema”.
La presión puede llegar a ser sofocante. Si Cuba no consigue el petróleo para satisfacer la demanda mínima de 100.000 barriles al día, la “situación será catastrófica”, dijo Jorge Piñón, de la Universidad de Texas, en una entrevista a la agencia Bloomberg.
La actual crisis económica en Cuba se inició con la decisión de la primera administración de Trump de suspender la apertura –sobre todo en el turismo– puesta en marcha por Barack Obama.
“Hay una desigualdad rampante: gente que importa Teslas y otra no tiene para comer”, dice un economista
Eso fue en aquel momento de acercamiento entre Washington y La Habana, cuando Raúl Castro estrechó la mano a Obama y los Rolling Stones actuaron en La Habana ante medio millón de espectadores. El bloqueo reforzado por Trump en el 2018 y las secuelas de la pandemia, que hundió el turismo, ya se manifiestan en tasas de inflación muy elevadas pese a una caída del PIB del 15% desde el 2018.
Incluso los extraordinarios logros cubanos en áreas de la sanidad se ven amenazados con la duplicación de la tasa de mortalidad infantil en los últimos tres años. Nunca se había visto un impacto tan negativo en indicadores sociales y de sanidad. “Hay una desigualdad rampante, gente que importa Tesla y gente que no tiene para comer ya conviven en la misma ciudad”, afirma Ricardo Torres, un economista cubano afincado en Washington.
El arma secreta de la revolución asediada: los miles de cubanos que, de agudizarse la crisis aún más, zarparán en pequeños barcos para dirigirse a la costa de Florida, a 145 kilómetros de distancia. A fin de cuentas, un apartado en el nuevo corolario Trump de la doctrina Monroe destaca la importancia de “controlar las rutas marítimas para parar la inmigración ilegal e indeseada”.
