Cuba no es Venezuela

Cuba no es Venezuela. Ni tampoco es lo mismo lo que busca en ellos la Administración Trump. Es más, mientras que Venezuela, así como Groenlandia y Panamá, aparecieron desde el primer momento en la agenda de la Casa Blanca, Cuba, hasta ahora, casi no ha sido mencionada. ¿Cómo es eso? ¿Será que se han olvidado de la mayor de las Antillas? Es difícil pensar que Cuba esté fuera del radar de Washington, sobre todo teniendo en cuenta que en su Administración hay dos halcones cubano-americanos en puestos clave como son el secretario de Estado, Marco Rubio, y el enviado especial del Departamento de Estado para América Latina, Mauricio Claver-Carone, quien se desempeñó hasta mayo del 2025.

Precisamente por ello, uno puede preguntarse cuál es la motivación, intereses y estrategia que pueden estar detrás de la intervención de Venezuela y la que podría estar, en el caso de que se consumara, de una intervención en Cuba.

Lo que EE.UU. quiere de Cuba es su litoral, gente, tierras y el imaginario de lo que fue y ha sido

Respecto a Venezuela ha quedado claro: Estados Unidos no ha buscado la democratización del país. De hecho, a diferencia de otras intervenciones realizadas a lo largo de los últimos 60 años, la democracia no ha servido ni de recurso legitimador de la intervención. Esta vez, y de forma descarnada, Wa­shington ha ido a por las reservas de petróleo con el fin de que sus empresas se hagan con el crudo, expulsando así a las empresas chinas ya presentes, y estrangulando la distribución de petróleo venezolano a terceros países non gratos, como Cuba e Irán.

Todo ello, sin embargo, no lo ha hecho a través de una invasión ni de un derrocamiento del régimen –como sí lo hicieron en Panamá en 1989, en Grenada en 1983 o en República Dominicana en 1965. Lo han hecho a través de una operación militar “quirúrgica” en la que han secuestrado al jefe de Estado y, con ello, han “disciplinado” al resto de la élite política del país, con Delcy Rodríguez a la cabeza, para que ejecutara las políticas que quiere Estados Unidos. En este sentido, esta operación tiene dos objetivos. Por un lado, es un aviso para navegantes sobre lo que Wa­shington está dispuesto a hacer, y, por otro, es la vuelta a la lógica extractiva de las economías de enclave (esta vez de petróleo y no de bananas), donde el control de la administración del territorio, con todos sus problemas, está en manos de un gobierno títere, mientras que las empresas privadas norteamericanas se hacen con el control de las zonas de interés, que, en este caso, son los yacimientos petroleros y las refinerías. Así pues, Venezuela se ha convertido en una república bananera en el sentido literal del término.

People gather outside a store, as U.S.-CubaÂtensions rise after U.S. President Donald Trump vowed to stop Venezuelan oil and money from reachingÂCubaÂand suggested the communist-run island strike a deal with Washington, in Havana,ÂCuba, January 11, 2026. REUTERS/Norlys Perez

Lo que queda de los míticos grandes almacenes Fin de Siglo de La Habana, fundados en 1897

Norlys Perez / Reuters

El caso de Cuba, sin embargo, es totalmente diferente. A Washington no le interesa ningún recurso específico de ese país. Lo que le interesa es toda la isla: su litoral, tierras, población y, como no, el imaginario de lo que fue y ha sido. Y para obtenerlo no puede realizar una operación relámpago para apresar a su presidente, sino que se debe realizar una operación a fuego lento. Para ello es necesario ir estrangulando su ya maltrecha economía e infligir una intensa agonía a su población para, cuando sea el momento, llevar a cabo una intervención. Una intervención donde, además de algunos bombardeos en lugares clave, deberán desplazar tropa (desde la misma base de Guantánamo o desde buques) para ocupar toda la geografía, desde Santiago de Cuba hasta Pinar del Río, pasando por el Malecón de La Habana. Con una población desmoralizada y extenuada la resistencia –por muy nacionalista que sea la ciudadanía–, difícilmente podrá resistir. Si esto ocurre, Trump puede erigirse como héroe nacional. Un héroe que, en su caso, no va a tardar en dar una rueda de prensa para ridiculizar al pueblo cubano y al progresismo internacional, y a prometer a sus amigos constructores y hoteleros una oportunidad de oro para forrarse.

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