De esos polvos, estos lodos

El tsunami de extrema derecha toma cuerpo y, como confirma el último barómetro del CEO, sus olas elevan su altura: Alianza Catalana atraparía a Junts y, sumada a Vox, muestra que cerca del 25% de encuestados catalanes darían hoy su voto a esas formaciones, un espectacular aumento desde el escaso 12% de 2024.

¿Sorpresa? Si la ha habido es por pura ignorancia. Porque es el resultado de las inevitables secuelas del capitalismo neoliberal que nos ha regido las últimas décadas, y de sus rasgos más distintivos: acumulación de renta y riqueza en poquísimas manos y deterioro de expectativas de amplios sectores, entre ellos capas medias. Hoy, aquí, no sólo es insoportable la tasa de familias pobres, y la de los niños que en ellas residen, sino que la contención salarial, la precariedad del empleo, las dificultades de acceso a la vivienda, el deterioro de la sanidad y la educación públicas y el creciente pesimismo sobre el futuro son inevitables consecuencias del sistema.

Las propuestas para el fortalecimiento del estado del bienestar llegan muy tarde

Con estos mimbres, ha sucedido lo inevitable: creciente polarización social y, para conjuntos cada vez más numerosos, búsqueda de soluciones radicales por utópicas que parezcan. Además, añadiendo sal a la herida, ni la Gran Crisis financiera alteró esta perniciosa dinámica: el historiador de Berkeley Barry Eichengreen muestra ( Hall of Mirrors , 2015) cómo, a diferencia del New Deal de Roosevelt, los principios básicos del capitalismo neoliberal que nos condujo al desastre del 2008 han continuado incólumes.

El empuje de la extrema derecha tiende a explicarse como el resultado de su agresiva presencia en redes sociales. No dudo que ello tenga sus efectos, pero siempre es pésima política matar al mensajero: el que estos fenómenos sean universales debería obligar al análisis de sus causas más profundas. En enero hará dos años que publiqué un volumen ( Un mundo distópico , Ediciones Tibidabo) en el que intentaba suministrar algunas claves de la emergencia radical en Occidente, desde Corea del Sur a EE.UU., pasando por la que ha brotado por toda Europa. Me parecía evidente, y lo que sucede en Catalunya lo confirma, que los resultados de la globalización neoliberal, sumados a la angustia climática, los efectos de la tecnología sobre el empleo, el envejecimiento y la necesaria inmigración constituían un explosivo cóctel social, del que hoy comenzamos a ver sus impactos.

Hay que reconocer que finalmente están apareciendo propuestas que, para frenar el crecimiento de la extrema derecha, postulan el reforzamiento del estado del bienestar. Totalmente de acuerdo. Pero el pasado nos ha atrapado, el futuro está escrito en gran medida y esas políticas, de implementarse seriamente, llegan tarde, demasiado tarde. Lastimosamente, la situación actual y los cambios que se avecinan sugieren que las olas del extremismo no han alcanzado aún su máximo. ¡Tiempos difíciles!

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