Buenos días,
Donald Trump ha tirado los dados encima de la mesa. Como dicta su código de rico magnate, para él Groenlandia es otro negocio más. Se empieza con un órdago lo más agresivo posible y a partir de aquí se busca el acuerdo final. El saludo inicial es afirmar que Estados Unidos se quedará la isla “por las buenas o por las malas”. Si es por las buenas, sus hombres de confianza ya han difundido una oferta de 700.000 millones de dólares por Groenlandia, según la cifra que corre estos días en la prensa norteamericana. Si es por las malas, se trataría de una invasión militar que supondría poner el punto final a la OTAN que conocemos. Ni más, ni menos. La organización militar sufre la peor crisis de su historia por la intransigencia de Trump y no por la amenaza rusa o china. Una situación absolutamente impensable para nadie, ni para los autores de best sellers con mentes calenturientas.
Esta semana va a vivir una cumbre de jefes de estado europeos para decidir una posición en común para frenar a Trump y también se van a producir contactos entre él y diversos dirigentes europeos en la cita económica de Davos. La posición europea es de firmeza en la defensa de la soberanía de Dinamarca y de Groenlandia y se ha optado por un gesto simbólico de enviar unas decenas de soldados a la isla ártica. Los 15 soldados alemanes, por cierto, ya han regresado a su país.
Trump ha reaccionado amenazando con aranceles del 10% a ochos países europeos que se han mostrado críticos a la anexión, y la respuesta europea es responder con sanciones comerciales equivalentes. Esto es lo que se va a decidir esta semana. Es una crisis inaudita que a medida que pasan los días se acrecienta.
La estrategia de Trump deja a los dirigentes europeos en una encrucijada nunca vista y los partidarios de contemporizar con él, como han hecho hasta ahora los principales líderes como Ursula von der Layen, Kaja Kallas o Keir Starmer, se están quedando sin argumentos. Trump tiene muchas cartas para presionar a Europa. La primera es la retirada del apoyo militar a Ucrania. Hay que dejarlo claro: sin la ayuda de la inteligencia militar norteamericana, con sus satélites y las informaciones que suministra la CIA, las posibilidades de que Rusia avance en territorio ucraniano son altísimas. Ucrania necesita a Estados Unidos y su apoyo no puede ser sustituido por lo que puedan aportar los ejércitos europeos.
Más argumentos: la presencia militar americana en Europa es básica para la defensa y seguridad europea. Como explicó Pedro Sánchez en la entrevista que publicamos este domingo, los últimos acontecimientos obligan a que los países europeos avancen hacia un proyecto de seguridad y defensa común, que no necesariamente pasa por un acuerdo global de los 27. Europa depende hoy totalmente de los Estados Unidos. La necesidad de este salto adelante es perentoria, pero este proyecto está aún muy verde. Se necesitarían muchos años y una gran inversión económica para que Europa se dote de unas fuerzas armadas propias sin la dependencia americana.
Es un cambio de chip absoluto. De pasar a estar tranquilos en nuestro paraíso de derechos humanos y estado del bienestar, porque teníamos el apoyo y los dólares de nuestro amigo americano a descubrir de la noche a la mañana que nuestro guardián y protector se ha convertido en nuestro máximo enemigo. Es la paradoja que Sánchez explicaba también en la citada entrevista. Trump criticaba a España por no llegar a invertir el 5% de su presupuesto en defensa, y Dinamarca, que sí lo hace, se encuentra ahora más amenazada que ningún otro país de la UE.
¿Qué sucederá esta semana? La cumbre de jefes de Estado europeos debería concluir con un posicionamiento claro y contundente contra Trump. Pero los líderes de la UE deben de ser conscientes de que, al otro lado de la mesa, el negociador americano es imprevisible. Y que sus represalias no pueden entrar en el mundo de la lógica, como ha sido su actuación a lo largo de todo este año. Puede invadir Groenlandia, puede aumentar los aranceles y puede retirar el apoyo a Ucrania.
Hay posibilistas europeos que son partidarios de alargar las negociaciones con la esperanza de que el trumpismo desaparecerá. Que los jueces americanos le acabarán frenando porque no puede imponer aranceles sin pasar por el Congreso y que en las elecciones de medio mandato de este noviembre, los demócratas le infligirán una severa derrota. Por el contrario, cada vez crecen más los dirigentes europeos que creen que el vínculo transatlántico está ya roto y que de lo que se trata es que Europa se haga mayor e independiente, sin los beneficios y las ventajas que le ha propiciado la vinculación con los Estados Unidos todos estos años. Un año de Trump ha sido calamitoso para Europa y el mundo. Por eso, los partidarios de la ruptura definitiva creen que no se puede contemporizar más. Es la posición también de Emmanuel Macron, quien habla de imponer el denominado instrumento anticoerción, creado por la Comisión Europea, que son un conjunto de medidas de represalias contra Estados Unidos que podrían alcanzar los 93.000 millones de euros.
La dependencia tecnológica, económica y militar de Europa respecto a América es total. El único aspecto positivo de la gestión de Trump es que va a obligar a los líderes europeos a hacer una mayor integración política y económica y a tiempo récord. Seguramente con dificultades y con discrepancias, pero aquí emerge más que nunca la teoría de las dos velocidades. Europa no puede seguir en plan contemplativo.
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Y ESTOS SON MIS ARTÍCULOS DE LA PASADA SEMANA:
-Martes, 13 de enero: El futuro se decide hoy
-Miércoles, 14 de enero: El periodismo no se silencia
-Jueves, 15 de enero: Y China va como un tiro
-Viernes, 16 de enero: Botín y una idea de Europa
-Sábado, 17 de enero: Cómo Trump luce el Nobel
-Domingo, 18 de enero: Sánchez se agarra a Trump
