Los daneses acuden este martes a las urnas en unas elecciones anticipadas en las que se dirime si la primera ministra, la socialdemócrata Mette Frederiksen, que parte como favorita, gobernará en una coalición inclinada a la derecha –como la que dirige actualmente- o a la izquierda. Frederiksen, de 48 años, en el poder desde el 2019, busca obtener un tercer mandato y no parece existir una mayoría en su contra que pueda descabalgarla, pero al tiempo su partido se encamina hacia su peor resultado histórico.
Según los sondeos, el Partido Socialdemócrata recibirá en torno al 21,4% de los votos, por debajo del 27,5% que cosechó en las anteriores elecciones del 2022, pero por encima de su puntuación el pasado diciembre (17%).
La razón del repunte es clara: la firmeza demostrada por Frederiksen ante la obsesión de Donald Trump por apoderarse de Groenlandia, territorio autónomo del reino danés. Este fue además el motivo por el que la mandataria decidió adelantar las elecciones, que tocaban técnicamente el próximo otoño.
Para capitalizar la situación
La líder socialdemócrata adelantó comicios confiando en su popularidad por su firmeza ante el acoso de Trump a Groenlandia
Muchos recriminan a Frederiksen haberse alejado de las ideas socialdemócratas para afianzar su actual Gobierno tripartito con liberales y moderados. “En estas elecciones hemos pasado muy rápidamente de hablar de Trump y Groenlandia a hablar de lo que realmente importa ahora a muchos ciudadanos daneses; ahora mismo se trata mucho de política económica y de condiciones de vida”, dice Victor Irming, vicepresidente de Política Educativa del Consejo Estudiantil Danés (DSF, por sus siglas en danés). “Esto ocurre no solo a los estudiantes, que por los recortes tienen dificultades para pagar el alquiler y la manutención, sino a todo el mundo”.
Estamos en un autobús de los cuatro que ha fletado el DSF para debates con candidatos, quienes exponen sus puntos de vista ante los jóvenes pasajeros. Una de ellos, la treintañera Natascha Remvig, del Partido Liberal, explica que “hay que centrarse más en el cambio climático; debería ser más fácil para las empresas de desarrollo climático llevar adelante nuevos negocios”.

Su partido forma parte del Gobierno tripartito de Frederiksen. El tercer socio es Los Moderados, formación del exprimer ministro y ahora ministro de Exteriores Lars Lokke Rasmussen, quien podría convertirse en el árbitro que decida el color político del futuro Gobierno de coalición.
Más de 4,3 millones de electores están llamados a las urnas para elegir un nuevo Folketing, el Parlamento unicameral de 179 escaños: 175 para diputados de Dinamarca, y dos para cada uno de los territorios autónomos, Groenlandia y las Islas Feroe. Los sondeos apuntan a que doce partidos tendrán representación parlamentaria, como en la legislatura actual, un escenario fragmentado y complejo.
Pese a su papel clave en el adelanto electoral, Groenlandia como tema ha estado poco presente en la campaña. Según una reciente encuesta de la cadena pública TV2, la economía es la principal preocupación de los votantes, seguida por otros cuatro temas, en este orden: medio ambiente, política exterior y de seguridad, sanidad, e inmigración.
De hecho, el debate más acalorado de la campaña giró en torno a la propuesta de Frederiksen de reintroducir el impuesto de patrimonio –afectaría a las 20.000 personas más ricas de este país de 6 millones de habitantes- e invertir lo recaudado en educación y alivio fiscal.

