
El Gobierno y la Comisión Europea creen haber dado con la solución para congeniar sus intereses con los de millones de particulares en uno de los elementos clave par el crecimiento: la inversión. Por un lado, las instituciones intentan apoyar los sectores estratégicos mientras se preparan para un cambio en el modelo económico, en el que el gasto público debe quedar reemplazado por la iniciativa privada como motor del PIB. Por otro, los ciudadanos acumulan una gran bolsa de ahorro sin apenas rentabilidad y, en el momento de invertir, no encuentran vida más allá de la vivienda. El reto está en sacar el dinero de debajo del colchón para ponerlo a trabajar, y que la rentabilidad compense.
El gran punto de encuentro es ahora la creación de unas cuentas de inversión individuales como las ya ensayadas con éxito en países como Suecia, sencillas y de baja fiscalidad. El Ministerio de Economía lleva meses trabajando junto a otros socios europeos en el plan. Los particulares podrán invertir a través de este producto en empresas, fondos o aseguradoras europeos. El gran aliciente es la facilidad, la posibilidad de agrupar las inversiones y, sobre todo, los menores impuestos. El Gobierno ha comenzado a trabajar en la fórmula, por el momento a través de una consulta pública y sin pistas sobre la fiscalidad, que es el asunto más delicado.
Hacienda guarda silencio y Economía evita aludir a los impuestos al presentar la idea
Según los últimos datos del Banco de España, los hogares acumulan un récord de casi 1,1 billones de euros en el banco, cerca de un 50% más que hace una década. De este importe, 913.233 millones corresponden a cuentas corrientes, con remuneraciones muy bajas o inexistentes. La tasa de ahorro ronda el 12% de la renta bruta, ya por debajo del máximo alcanzado tras la pandemia. La Comisión Europea calcula que los hogares españoles, en relación con el PIB del propio país, disponen de ahorros superiores a la media comunitaria. Sin embargo, están a la cola en inversiones financieras.
El modelo en el que trabaja el Ministerio de Economía tiene a la CNMV y al operador de la bolsa española, BME, como dos de los principales defensores. La idea es que la futura cuenta pueda gestionarse de forma activa, de modo que el particular decida en cada momento dónde y en qué empresas y fondos invertir. Como premisa, al menos el 70% de la inversión debe dedicarse a empresas europeas de carácter estratégico. El dinero de la cuenta debe permanecer durante un periodo mínimo aún sin establecer, aunque la UE recomienda cinco años.
Al menos el 70% de las inversiones deberá dedicarse a empresas europeas, con los criptoactivos vetados
Uno de los objetivos es animar a los particulares a invertir más allá del ladrillo. “A pesar del incremento del ahorro, el patrimonio de los hogares españoles continúa mostrando un elevado peso de los activos inmobiliarios, aproximadamente el 75% del total, mientras que la cartera de activos financieros presenta una diversificación limitada”, indica Economía al lanzar la consulta pública. A la vista de que la inmensa mayoría del ahorro está en “cuentas a la vista con muy baja remuneración”, existe un “importante potencial de movilización hacia los mercados de capitales”.
La nueva cuenta permitirá invertir en toda la UE mediante una nueva etiqueta conocida Finance Europe. A partir de ahí, existen muchas dudas sin resolver, incluidos los periodos mínimos de permanencia o los importes máximos de inversión, además del tipo de entidades que pueden ofrecerlas y la definición de empresas estratégicas. Sí queda claro que los criptoactivos estarán excluidos.
La Comisión Europea pide que se dé el trato fiscal “más favorable” entre todos los productos de inversión
Sin embargo, el asunto más espinoso está en la fiscalidad. La Comisión Europea pide que se dé el trato “más favorable” entre todos los productos de inversión. También contempla la posibilidad de aplicar deducciones, exenciones y aplazamientos fiscales. En España uno de los modelos más ventajosos es el de las instituciones de inversión colectiva, Sicav, entre otras cosas por ofrecer un diferimiento hasta el reembolso que permite reinvertir las ganancias. También hay deducciones específicas para los fondos de pensiones. Desde el Ministerio de Hacienda no hacen comentarios.
Para Bruselas, los incentivos fiscales son “esenciales”si se quiere garantizar el éxito de este tipo de cuentas. El modelo debe permitir además que las entidades que lo gestionen puedan recaudar los impuestos en nombre de los inversores.
Suecia es el modelo
Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia o Italia ya ofrecen cuentas de este tipo. Sin embargo, desde la CNMV y BME se cita con insistencia el modelo de Suecia, que ha vivido un particular auge de salidas de empresas a bolsa gracias precisamente a esta fórmula. La cuenta sueca, conocida como ISK, ha logrado que en los doce años en los que lleva funcionando 3,8 millones de particulares inviertan en empresas 176.000 millones de euros, casi el 30% del PIB del país. El modelo es solo accesible a ciudadanos de nacionalidad sueca, a razón de una cuenta por persona. No hay límite económico y los impuestos sobre las ganancias del capital quedan reemplazados por una pequeña tasa anual más una imposición inferior a la habitual. Algunos dividendos están libres de impuestos.
