Un día después de amenazar con extinguir toda una “civilización” milenaria en Irán y tras una reunión de perfil bajo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, Donald Trump ha retomado su amenaza de anexionar Groenlandia, “esa gran y mal administrada masa de hielo”, que pertenece a Dinamarca, país miembro de la alianza. Al secretario general, cuya misión era seguir adulándolo para tratar de mantener unida a una OTAN en crisis, lo ha recibido a puerta cerrada y sin declaraciones a la prensa.
En una publicación en su plataforma, Truth Social, Trump ha gritado en mayúsculas: “La OTAN no estuvo cuando la necesitamos, y no estará si la volvemos a necesitar. ¡¡¡Recuerden Groenlandia, esa gran y mal administrada masa de hielo!!!!” En dos frases, ha resumido sus dos principales amenazas: abandonar la OTAN y conquistar Groenlandia.
Rutte ha declarado después a la CNN que el presidente está “claramente decepcionado” con el papel de los aliados en su guerra ilegal junto a Israel y su negativa inicial a ayudar a reabrir el estrecho de Ormuz. Horas antes, se ha reunido con el secretario de Estado, Marco Rubio. Aunque tampoco han ofrecido declaraciones, el Departamento de Estado afirma que han hablado sobre un “aumento de la coordinación y el aumento de cargas de los aliados de la OTAN”.
Trump valora reubicar soldados desde países considerados poco colaboradores a otros que han apoyado decididamente la guerra en Irán
La reunión con Trump se ha producido una semana después de que afirmara que está considerando “seriamente” abandonar la alianza transatlántica. Poco antes del encuentro, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavit, ha dicho que iba a debatir con Rutte esta cuestión, aunque no se ha anunciado ningún paso en este sentido.
En paralelo, el periódico The Wall Street Journal ha avanzado, citando a fuentes oficiales, que Trump está valorando “un plan para castigar a los miembros de la OTAN”, y entre sus opciones se encuentran la retirada de tropas estadounidenses e incluso el cierre de bases compartidas en Europa. El plan consistiría en reubicar esos soldados desde países considerados poco colaboradores hacia otros que Trump cree que sí apoyaron la campaña militar de forma más decisiva.
Dadas sus andanadas contra España, especialmente intensas en el último mes, la salida de las bases de Rota (Cádiz) o Morón de la Frontera (Sevilla) es hoy más probable que antes de la guerra. El presidente declaró hace dos semanas que “tienen razón” los legisladores republicanos, como Lindsey Graham, que han opinado que Washington debería retirarse de estas bases compartidas.
Trump no avisó ni consultó a los países miembros de la OTAN cuando decidió iniciar junto a Israel una arriesgada campaña de bombardeos masivos en Irán. Cuando Teherán activó su principal palanca de presión a Occidente y bloqueó el paso de petroleros a través del estrecho de Ormuz, el presidente pidió ayuda a sus aliados europeos, que “dependen mucho más” del petróleo de Oriente Medio que EE.UU. Pero, para su enfado y decepción, su respuesta fue que esta no es su guerra, por lo que no tenían ninguna intención en entrar en un conflicto en contra de sus intereses y del derecho internacional.
Algunos de los países miembros de la OTAN, siendo pionera España, prohibieron a Washington usar sus bases militares compartidas en la ofensiva y después cerraron el espacio aéreo para las aeronaves implicadas. Para Trump, que lleva décadas desacreditando a la alianza como un paraguas militar que tan solo sirve a los europeos, esta actitud supuso un punto de ruptura, y amenazó, con una contundencia inédita, con abandonar la OTAN. El republicano definió a la alianza como un “tigre de papel” y añadió que el presidente ruso, Vladimir Putin, “también lo sabe”.
Trump interpreta la OTAN como una herramienta que debería estar al servicio de EE.UU., país que aportó el año pasado el 60% de su gasto total en defensa. Por ello, exige a sus aliados que vayan más allá de la razón de ser de la alianza, la defensa colectiva plasmada en el Artículo 5 del Tratado de la OTAN, y reclama su ayuda también en operaciones de ataque, aunque nada obliga a los europeos a socorrer a Washington en su ofensiva ilegal. La única vez que se activó el Artículo 5 fue después de los atentados terroristas del 11 de septiembre en EE.UU., lo que llevó, entre otras operaciones, a la invasión de Afganistán.
Donald Trump, presidente de EE.UU.
“Los aliados de la OTAN fueron puestos a prueba y fallaron. Es triste cómo han dado la espalda al pueblo estadounidense””
Durante su primer mandato, Trump criticó con frecuencia lo que considera una limitada inversión de los europeos en armamento estadounidense; en esta segunda presidencia, arrancó un compromiso en La Haya, donde todos los aliados, excepto España, se comprometieron a incrementar su gasto en defensa hasta el 5% del PIB de cara al 2035. Sin embargo, más allá de contentarse, siguió amenazando a sus aliados: advirtió que no defendería a aquellos que no alcancen la meta de inversión militar, convirtió la anexión de Groenlandia (perteneciente a Dinamarca, país miembro de la alianza) en una prioridad de su expansionismo, y publicó una Estrategia de Seguridad Nacional que se ponía por objetivo desestabilizar a la Unión Europea, que considera nociva para su empresa imperialista y ha dicho repetidamente que “se creó para joder a EE.UU.”
Sin embargo, para el presidente, no es EE.UU. quien ha traicionado a sus aliados, sino al revés. En su guerra en Irán, los miembros de la OTAN “fueron puestos a prueba y fallaron”, ha dicho esta mañana Leavitt, transmitiendo un mensaje que, según ha afirmado, venía directamente de Trump. “Es bastante triste que la OTAN le haya dado la espalda al pueblo estadounidense durante las últimas seis semanas, cuando ha sido el pueblo estadounidense quien ha estado financiando su defensa”, ha concluido.
