La única batería antimisiles Thaad instalada en Asia llegó con estruendo y se marcha con sigilo y por partes. Los surcoreanos se han enterado con estupor a través de The Washington Post de que la joya de los sistemas defensivos estadounidenses se enfrenta a desafíos más apremiantes que Kim Jong Un. La guerra contra Irán arrecia y vuelve a ser un pulso entre el arsenal de misiles iraní y el de interceptores de Israel, EE.UU. y sus aliados.
Según el presidente de Corea del Sur, Lee Jae Myung, “este movimiento puede leerse como una señal de que Washington quiere cambiar la naturaleza de la USFK, de fuerza defensora de la península coreana a una reserva móvil vinculada al Indopacífico y Oriente Medio”. Algo poco de su agrado, aunque ha añadido que “un país debe ser capaz de defenderse solo”.
Lee Jae Myung
El presidente de Corea del Sur sostiene que su país es capaz de defenderse solo
Lee se resigna por tanto a que EE.UU. se lleve baterías de misiles Patriot -como empezó a hacer la semana pasada- o que esta misma semana haya empezado a canibalizar su única batería Thaad en Asia. Según el canal coreano SBS, la semana pasada cámaras de seguridad grabaron la salida de la base de Seongju de “varias de sus lanzadoras”. Pero el diario Hankyoreh publica que la batería ha sido trasladada al completo.
De hecho, una eventual salida del Thaad, sobre todo si incluye su radar, podría ser un auténtico revulsivo para las relaciones entre Seúl y Pekín. Estas se hundieron en 2017, a raíz de su instalación. China nunca creyó que el objetivo del Thaad fuera Corea del Norte, sino su propio programa de misiles y su disuasión nuclear.
Corea del Sur fue entonces quien se llevó el golpe, aunque los datos del Thaad beneficiaran tanto o más a la arquitectura de seguridad de Japón y EE.UU.. China cerró las puertas al K-Pop y al audiovisual coreano, cuando era su primer mercado mundial y casi expulsó del país a Lotte, por su cesión de terrenos.
Cabe señalar que Thaad, de Lockeed Martin, es un sistema muy caro, ya que ronda los dos mil millones de dólares por unidad, entre su sistema de radar, sus seis lanzadoras y sus 48 misiles interceptores (sin contar stocks de reserva). Tanto es así que, de forma confirmada, solo habría una docena en todo el mundo, nueve de ellos operados por el ejército de EE.UU., también en Israel, Jordania, Guam y, hasta ahora, Corea del Sur. Emiratos Árabe Unidos cuenta con dos y Arabia Saudí, con uno.
Su traslado urgente al teatro de guerra prueba que la situación es apurada en Israel y en la península arábiga. Según algunas fuentes, en solo 12 días EE.UU. habría disparado 150 misiles interceptores de Thaad. El problema es que solo fabrica 98 al año. Aunque hace pocos meses Lockeed Martin se comprometió a multiplicar la producción por cuatro, por una cantidad no desvelada, esto solo se hará realidad en 2030. Para mayor zozobra, parece confirmado que el radar de Jordania fue destruido por Irán y el de Emiratos podría haber sido dañado.
Cabe decir, por último, que la pujante industria bélica surcoreana tiene, de hecho, en fase de fabricación un sistema propio con características similares al Thaad (Terminal High Altitude Area Defense), que podría desplegar antes de dos años. Asimismo, las baterías Cheongung II, para amenazas a media altura, le están dando un gran resultado a Emiratos Árabes Unidos, disparando la cotización del fabricante coreano.
De China al mundo
El Thaad mató a la estrella del K-pop
El anuncio de instalación del sistema Thaad, en 2016, por parte de una presidente Park Geun Hye en la cuerda floja -sería destituida meses más tarde y luego encarcelada- provocó sudores fríos en Pekín. La represalia de las autoridades chinas fue fulminante. No esperó siquiera a su apresurada instalación, en abril de 2017, bajo el presidente interino Hwang Kyo Ahn, un anticomunista de piedra picada, a la postre pastor baptista.
El primer damnificado fue Lotte, un chaebol coreano atípico, puesto que nació en Japón y la familia propietaria mantiene fuertes vínculos con aquel país. Lotte permutó uno de sus campos de golf para la instalación del Thaad, a cambio de otro campo de golf de tamaño similar, propiedad del ejército y más cercano a Seúl. Lotte tenía en aquel entonces un centenar de supermercados en China, pero el boicot de la población, unido a las más variadas inspecciones, le obligó a cerrarlos casi todos. El turismo chino en Corea del Sur se redujo a la mitad.
La primavera de 2017, Lotte inauguró el rascacielos más alto de Corea -entonces, el quinto del mundo- al mismo tiempo que se desplegaba el THAAD, pero su negocio en China no se ha recuperado. Tampoco lo ha hecho el K-Pop, que en aquel entonces tenía entonces en China su primer mercado, ni la producción televisiva surcoreana, que ha sido desterrada de las pantallas chinas.
