El amor por la liturgia

P edro Sánchez se envolvió ayer en la bandera de España. Ya lo hizo en el verano de 2015, en su proclamación como candidato y repitió meses después en un mitin con Miquel Iceta en Santa Coloma de Gramenet. Entonces se trataba de disputarle a un Ciudadanos al alza la insignia del patriotismo. Albert Rivera subía como la espuma plantando cara al independentismo catalán. Después de gobernar durante siete años gracias al apoyo de los partidos que un día pretendieron la secesión unilateral de Catalunya, Sánchez recurre a la rojigualda para reivindicar la soberanía española nada menos que frente al presidente de EE.UU.

El ministro Óscar Puente, fervoroso tuitero, ya utilizó el lunes pasado la bandera española para trasladar su rechazo a la guerra de Irán a través de X. Ese gesto empezaba a ser utilizado en las redes sociales por afines al PP y, sobre todo, a Vox para reivindicar la patria supuestamente mancillada por Sánchez por aislar a España y obligarla a traicionar sus compromisos con los aliados occidentales. El PSOE pretende darle la vuelta al argumento y presentar el rechazo a la guerra personificado en el presidente como una muestra de patriotismo frente a los “serviles” dirigentes del PP y Vox.

Sánchez se envuelve en la bandera española para impulsar un movimiento de reacción frente a Trump

Sánchez quiere impulsar un movimiento contra todo lo que significa el trumpismo y la ola de la extrema derecha que pueda resultar atractivo más allá de las filas de la izquierda o, al menos, suscitar dudas en algunos votantes del PP. El referente es el “no a la guerra” de 2003, pero la historia no suele repetirse exactamente igual y Alberto Núñez Feijóo se mueve en la ambigüedad, a años luz del José María Aznar de entonces. Alimentar un movimiento social no es sencillo, pero en la Moncloa consideran que “la liturgia” es uno de sus ingredientes. La bandera es un elemento litúrgico de primera magnitud. Incluso en forma de emoticono.

Mientras Sánchez trata de recuperar el pulso de sus votantes, anímicamente decaídos a juzgar por las sucesivas elecciones autonómicas de este primer semestre, en Catalunya, su principal aliado, Salvador Illa, afronta un momento crítico que también afecta al presidente. Sánchez no tiene presupuestos, pero los prorrogados fueron elaborados por su gobierno y dopados por el grifo de los fondos europeos. Illa, en cambio, está en una situación más delicada. No ha logrado aprobar ninguno y en verano llegará al ecuador del mandato. El manual clásico dictaría elecciones de no conseguirlo.

Pedro Sánchez, en el mitin de Soria con la bandera española al fondo 
Pedro Sánchez, en el mitin de Soria con la bandera española al fondo PSOE / ACN

ERC está atornillando al PSC para conseguir un gesto del PSOE. Oriol Junqueras no apoyará los presupuestos de Illa si Sánchez o su vicepresidenta María Jesús Montero no se muestran favorables al traspaso de la recaudación del IRPF a la Generalitat. De hecho, ya existe un documento firmado por los gobiernos central y catalán en el que se comprometen a esa transferencia, aunque sin fecha de ejecución. Pero ERC busca una reafirmación antes de dar el paso de negociar las cuentas de Illa. Como siempre, pesa la acusación de venderse por un plato de lentejas, sea por parte de Junts, de AC o del sector crítico de su partido.

Montero, respaldada por Sánchez, no quiere ni oír hablar de ello. En la Moncloa consideran que ya han hecho suficientes concesiones a Junqueras en los últimos meses, entre ellas la creación de la empresa que deberá dar a la Generalitat más poder sobre la gestión del servicio de Rodalies, el nuevo modelo de financiación autonómica y la creación del consorcio de inversiones para lograr la ejecución de las obras presupuestadas por el Gobierno central en Catalunya. En junio se prevén elecciones en Andalucía y Montero es la candidata. No le convienen más cesiones a ERC. Pero no es solo eso. La cúpula del PSOE acusa del desgaste de su relación con los independentistas cuando prepara el terreno para las generales.

Illa está en un momento crítico de la legislatura ante una ERC que pide un gesto del PSOE

La primera fecha límite es el día 20. Si se vota la enmienda a la totalidad de los presupuestos presentada por ERC, las cuentas decaen. Illa tendría que decidir si lo intenta de nuevo más adelante, pasados comicios andaluces, o bien convoca elecciones. Las encuestas indican que el escenario posterior a las urnas podría ser peor porque la suma actual de la izquierda no volvería a repetirse, pero tampoco habría ninguna alternativa. La independentista no sería viable por la incompatibilidad de opciones como ERC y Aliança Catalana, y lo mismo ocurre con la derecha. Un bloqueo absoluto. Para aumentar sus opciones, al PSC le convendría convocar las elecciones coincidiendo con unas generales o municipales, algo que intentó en su día Pasqual Maragall y el PSC se lo impidió.

Si Illa opta por continuar sin presupuestos, Catalunya se quedaría con los de 2023 y, aunque ERC vote la aprobación de suplementos de crédito para disponer de liquidez, la parálisis afectaría a muchos sectores, desde sanitarios a maestros o mossos, que han reclamado mejoras y han recibido promesas que se verían truncadas. La acción del Govern quedaría mermada y los compromisos de Illa, frustrados. La relación de ERC con el Gobierno de Sánchez entraría también en crisis, dinamitando el ya maltrecho bloque de la investidura.

Las posiciones están muy enrocadas. Sánchez e Illa tendrán que dirimir de común acuerdo cómo salir de este callejón sin salida si Junqueras no cede. De hecho, los republicanos saben que recaudar el IRPF desde Catalunya requiere de años de preparación. Como muestra, un botón: ahora la agencia tributaria catalana dispone de 25 inspectores de hacienda y va a contratar a 20 más. No tiene ni para empezar. Pero si a Sánchez le conviene la liturgia como para envolverse en la rojigualda, para un independentista como Junqueras los rituales, como se vio durante el procés , son marca de la casa.

María Dolores García García

Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter ‘Política’, que se publica cada jueves, y de los libros ‘El naufragio’ y ‘El muro’, sobre el conflicto catalán

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