El año que viene

El vidente francés del siglo XVI Michel Nostredame habla en sus profecías para el 2026 de “monedas corruptas” y de “mercados inquietos”, por lo que algunos interpretan que podríamos estar ante un nuevo ciclo recesivo. Los pesimistas tienen muchos elementos para ver cisnes negros por todas partes, ya que a los desastres meteorológicos producidos por el cambio climático hay que sumar los conflictos geopolíticos entre EE.UU. y China por la hegemonía. Sin olvidarnos de la burbuja de deuda que atenaza a las grandes economías mundiales, con EE.UU. y Francia a la cabeza.

Pero probablemente lo que más miedo provoca entre los inversores es el pinchazo de la burbuja tecnológica que ha impulsado la inteligencia artificial y que se puede llevar por delante todas las ganancias acumuladas en el año que ha terminado. Sin duda, un crack bursátil como el que se produjo hace un siglo arrastraría gran parte del mercado financiero y entraríamos en una profunda recesión. Una más que habría que sumar a la burbuja inmobiliaria del 2008, a la de la covid del 2020 o la de materias primas provocada por la guerra de Ucrania hace cuatro años. Si esto sucediera, el mundo lo pasaría francamente mal, incluida Europa.

Crecimiento

Pese al conflicto entre EE.UU. y China por la hegemonía y el miedo a un pinchazo de la burbuja tecnológica, hay muchos elementos para pensar que el 2026 puede ser un buen año

Pero junto a estas amenazas, que son ciertas también, existen muchos elementos para pensar que el 2026 puede ser un buen año. Parece más sensato hacer más caso a los analistas, universidades y grandes bancos de negocios que a las profecías.

El Fondo Monetario Internacional pronostica un crecimiento de la economía mundial del 3%, con las locomotoras tirando a buen ritmo con China a la cabeza, EE.UU. beneficiándose de su desarrollo tecnológico y la bajada de tipos y Alemania saliendo de la recesión y creciendo por encima del 1%. El incremento del gasto militar permitirá a la UE dejar atrás el fantasma de la recesión.

FILE - Containers with Yang Ming Marine Transport Corporation, a Taiwanese container shipping company, are stacked up at the Port of Los Angeles with the the Long Beach International Gateway Bridge seen in the background on Wednesday, April 9, 2025 in Los Angeles. (AP Photo/Damian Dovarganes, File)
D. Dovarganes / Ap-LaPresse

Si al final se logra la paz en Ucrania, como todo parece indicar, será un estímulo importante para relanzar el crecimiento. La paz en Oriente Medio, a pesar de los tira y afloja, parece estar consolidándose. A esto hay que añadir el fuerte aumento de la productividad que va a producir la aplicación en las empresas de la IA.

Por tanto, hay muchos elementos para pensar que el mundo, a pesar de los desafíos, también tiene muchas bazas para impulsar un nuevo ciclo de crecimiento económico. Nadie parece estar dispuesto a que se descontrole la deuda pública o que vuelvan las tensiones inflacionistas o las amenazas de guerra nuclear. Hay miedo, pero también hay mucha más esperanza.

En el caso de España, el año que nos viene está sembrado de elecciones, juicios contra la corrupción, mucha crispación y pocos acuerdos. Es decir un annus horribilis en cuanto a la situación política. Una prolongación de lo que ha sido el 2025, que no quedará precisamente para el recuerdo.

En el terreno económico, las previsiones son que sigamos creciendo por encima de nuestro potencial, situado en el 2%. Pero no habría que hacer mucho caso al triunfalismo que se transmite desde el Gobierno, porque no es oro todo lo que reluce. Es cierto que vamos a crecer casi el doble que la media de la UE en términos nominales. Pero si se quitan los 600.000 inmigrantes, el crecimiento real en términos de renta per cápita se reduce a la mitad. Es decir, el 1,4%, similar al de la zona euro. Si a esto se añade una inflación y una subida de impuestos superior a la media de la UE, el poder adquisitivo de las clases medias es muy limitado. Y eso sin olvidar la subida del precio de la vivienda.

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