
El Banco de Japón ha apretado el grillete de la restricción monetaria. La institución que preside Kazuo Ueda ha elevado los tipos de interés hasta el 1,25%. Es un nivel que desde el punto de vista occidental puede parecer bajo, pero que para la economía nipona no es menor. De hecho, es el más alto en casi 31 años.
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La votación no fue unánime. Dos miembros del consejo votaron en contra de la medida, siete a favor. Hace tres meses ya hubo una subida del precio del dinero. Este ciclo de endurecimiento monetario es el más rápido desde lo años noventa, cuando la institución trató de pinchar la burbuja inmobiliaria que vivía el país. Kazuo Ueda durante su mandato ya ha impulsado seis aumentos de tipos de interés.
Según un comunicado de la entidad, la decisión llega ante el riesgo de que la inflación “se desvíe al alza hasta un nivel superior al objetivo de estabilidad de precios del 2 %”, debido a al alza de los precios del petróleo por el conflicto en Oriente Medio.Según cifras publicadas este mismo viernes por el Gobierno japonés, la inflación interanual aumentó un 1,7 % en agosto.
En los días previos, el secretario del Tesoro de Estados Unidos había dado su respaldo a que Japón continuara con su estrategia de política monetaria restrictiva. EE.UU. cree que de esta manera se frenaría el desplome del yen, que está permitiendo a las firmas japonesas ser muy competitivas en el mercado exterior a la hora de vender sus productos.
Mientras el yen se debilitó esta mañana frente al dólar tras la decisión, la divisa sigue más fuerte que sus niveles de julio, después de que una intervención coordinada de Estados Unidos y Japón a finales de ese mes ayudara a alejarlo del mínimo de casi 40 años de 163,99 fijado el 23 de julio.
Hay que entender la lógica de la Casa Blanca. Japón es el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro de EE. UU. Si el yen se debilita demasiado, aumenta el riesgo de que autoridades o inversores japoneses vendan activos en dólares (incluidos los Treasuries) para sostener la divisa, lo que empujaría al alza las rentabilidades de los bonos estadounidenses y elevaría el coste de financiación del Gobierno y de las empresas en EE. UU., una economía en estos momentos está muy endeudada.
