Demasiada incertidumbre para tomar decisiones. Todavía. El Banco Central Europeo (BCE) decidió ayer mantener, por sexta vez consecutiva, los tipos de interés sin variaciones, con el de referencia de los depósitos en el 2%.
“La guerra en Oriente Próximo ha creado riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico, que hacen que las perspectivas sean mucho más inciertas”, alerta la entidad. “Tendrá un impacto importante en la inflación a corto plazo debido al encarecimiento de los precios de la energía”, señala.
Las nuevas proyecciones de los expertos del BCE incorporan excepcionalmente la información obtenida hasta el 11 de marzo, fecha de cierre posterior a la habitual. En el escenario de referencia se estima que la inflación general se situará, en promedio, en el 2,6% en el 2026, dato que se ha revisado al alza en comparación con las proyecciones de diciembre, especialmente para el 2026, debido a la subida de los precios de la energía como consecuencia de la guerra en Oriente Próximo. En estos momentos, la tasa de inflación se sitúa en el 1,9% (febrero del 2026), por encima del 1,7% de enero.
Durante la rueda de prensa posterior, la presidenta Christine Lagarde ofreció algunos detalles interesantes. Primero, la decisión se tomó por unanimidad. En estos momentos la opción de subir tipos no estuvo (ni está) sobre la mesa.
Segundo, el mismo BCE contempla en su informe de previsiones un escenario adverso (el precio del petróleo sube, para luego retroceder a sus valores habituales) y un escenario severo (el barril se encarece y se queda en niveles elevados). No son tiempos para los optimistas. Y tercero, Lagarde introdujo un matiz en el lenguaje que puede parecer poco significativo, pero que en la jerga de los banqueros centrales tiene su valor. Al referirse a los tipos de interés, la frase pasó desde “estamos en un buen lugar” a “estamos bien posicionados y bien equipados”. Traducción: listos para intervenir si hiciera falta.
El Ibex perdió los 17.000 puntos con una caída del 2,3% y en Europa las bolsas se tiñeron de rojo
Ante tanta incertidumbre, los analistas hacen valoraciones diferentes. Esta semana el Banco Internacional de Pagos (BIS) dio la razón a Lagarde al instar a los bancos centrales a no sobrerreaccionar a la hora de elevar el precio del dinero, porque los fenómenos de alza de precios pueden ser provisionales.
En cambio, según una nota de Oxford Economics, el BCE tiene que darse prisa y es posible que actúe antes de lo previsto. “Las expectativas de inflación en la eurozona ahora reaccionan con mayor intensidad a las fluctuaciones de los precios de la energía que antes de la crisis del 2022, con lo que la política monetaria podría tener que ser más reactiva. Si bien es improbable que el repunte de la inflación previsto sea comparable al del 2022, creemos que el Banco Central Europeo actuará con mayor rapidez”, apuntan en una nota. Como dato curioso, estos economistas han detectado que las búsquedas de la palabra “inflación” en Google son más elevadas que antes del 2022. El espectro de la inflación sigue rondando y nunca se ha ido del todo.
Y por último, también hay quien piensa que si Lagarde opta por subir tipos tampoco va a servir de nada. Para Eric Dor, director de estudios de la IESEG School of Management de la Universidad de Lille, estamos ante una clara situación de inflación causada por una crisis de oferta, en este caso, de la energética, por las disrupciones del conflicto. Elevar el precio del dinero sería poco efectivo. “Esta política de subir tipos puede funcionar cuando los precios suben demasiado porque la demanda es muy fuerte. El problema es que, en la actualidad, la inflación será impulsada por el aumento de los costes energéticos. La demanda caerá en la zona del euro independientemente de lo que el BCE decida respecto a sus tipos de interés clave. Al final, el retorno a niveles normales de inflación requerirá una bajada de los precios de la energía”, comentaba Dor en una nota, en la que pronostica que Europa podría caer en una fase de estanflación.
Mientras en Frankfurt discuten, el mercado está que arde. El índice Stoxx Europe 600 ayer bajó un 2,4% en una caída generalizada, con descensos en todos los sectores excepto el energético. El precio del gas de referencia en Europa en apertura llegó a dispararse un 25%, para luego retroceder a niveles de principios del 2023. El Ibex perdió los 17.000 puntos con una caída del 2,3%. Los daños a las instalaciones energéticas hacen pensar a los inversores que la crisis de suministro puede ser estructural en lugar de temporal.
Mario Rappanello, responsable de Banca Privada de Banco Mediolanum y experto en geopolítica, intenta poner perspectiva. “No hay que dejarse llevar por la emoción. Si tu horizonte temporal de inversión es a 20 años, entonces hay que estar en bolsa y tienes que asumir situaciones como las actuales. Lo importante es diversificar, una estrategia que te permite amortiguar los golpes”, comenta. “En el fondo, las bolsas han perdido en promedio solo cerca del 6% o el 7% de sus máximos. No hay que olvidar que hasta febrero los resultados empresariales eran muy buenos”.
El banco central apunta en sus previsiones a un “escenario severo” y otro “adverso”
En lo que se refiere a la política monetaria, Rappanello opina que la decisión de Lagarde es bastante coherente con los datos disponibles. “ El mercado ahora descuenta una subida de tipos para finales de este año. Mucho dependerá de la duración y de la intensidad del conflicto. Pero ahora mismo las proyecciones dan a entender que si la guerra termina, la recuperación de las bolsas puede ser en forma de V”, concluye.
