El consumo y la inversión tiran de la economía, que creció un 2,8% en el 2025

La economía española acabó el año 2025 en buena forma, con un crecimiento del 2,8%, según ha confirmado esta mañana el  Instituto Nacional de Estadística (INE). Un dato positivo, que supone un punto de partida del 1,1% para el PIB de este año, lo que hará mucha falta para afrontar las consecuencias, todavía imposibles de predecir, de la guerra de Irán. 

El dato confirma el avanzado a finales de enero y también los motivos, un impulso del consumo privado y la inversión. De esta manera, aparece un 2025 con el crecimiento que se acelera en la parte final del año, con un cuarto trimestre que se sitúa en el 0,8%, el más alto del periodo.

Sin embargo, si bien el porcentaje de crecimiento del 2,8 se confirma, hay cambios en su composición sobre el dato avanzado, y no precisamente positivos. Lo que aparece es un menor peso del consumo privado, y muy especialmente de la inversión, medio punto menos, y en cambio, un mayor peso del gasto público. Esta participación del consumo público no es la que tenía en años anteriores, cuando fue una parte sustancial del empuje de la actividad, pero queda por encima de lo proyectado anteriormente.

Entrando en detalles, el consumo de los hogares avanzó un 3,3% en el conjunto del 2025, gracias a la creación de empleo y a un aumento de los salarios por encima de la inflación. Por su parte, la inversión creció un 5,8%, con especial fuerza en la construcción y los bienes de equipo. En los dos casos, tanto consumo como inflación, unas cifras positivas, pero ligeramente por debajo de lo que había mostrado el dato adelanto de enero. Mientras, el consumo público se queda en un 2,4%.

Por tanto, la fotografía de la economía española es una basada en la fuerte demanda interna, que incluye consumo, inversión y gasto público, que compensa la caída de la demanda externa. Una caída provocada por la suma de la caída de las exportaciones con un aumento de las importaciones, fruto en buena parte de la diferencia de ciclo económico, más expansivo en España, y mucho menos en nuestro principal mercado, una Europa con un crecimiento mucho más reducido. 

Estas cifras suponen encadenar cinco años consecutivos de crecimientos destacados, aunque ciertamente el 2,8% es inferior al 3,5% conseguido el año anterior. Y también significan mantener la dinámica de los últimos ejercicios, con un aumento del PIB muy por encima de la de los grandes países de la Unión Europea. Es el doble que el conjunto de la zona euro.

El fuerte crecimiento del último tramo del 2025 supone un impulso adicional para el año actual. Sin embargo, ahora tocará lidiar con los efectos de la guerra, que conllevará rebajar las previsiones. Ya lo están haciendo diferentes organismos como el FMI que la semana pasada redujo dos décimas el crecimiento, dejándolo, sin embargo, en un todavía muy positivo 2,1%.

Además, hay algunos indicadores provisionales que indicarían una ralentización del crecimiento en el arranque del año, y esto fijándonos en enero y febrero, es decir, antes del estallido de la guerra. “Los datos provisionales de enero y febrero indican una ralentización importante, tal vez debida en parte al mal tiempo”, señala María Jesús Fernández, de Funcas. 

En cualquier caso, es muy pronto para evaluar el impacto real que tendrá esta guerra, al no saber ni su duración, ni el nivel de destrucción de las infraestructuras energéticas de la zona, ni tampoco, como ahora se está ya apuntando, si pueden detectarse problemas no ya de precio, sino incluso de abastecimiento. Lo previsible sería un impacto mayor en el crecimiento.

En relación con los precios, mañana tendremos un primer indicio con datos oficiales del impacto en los precios, porque el dato de inflación de marzo ya supone el de un mes con la guerra iniciada y un impacto inicial en los combustibles. 

Jaume Masdeu Burch

Redactor jefe de la sección de Economía de La Vanguardia

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