El desvelo de la esposa de Tejero en la España de los ochenta: “Que me llame”

Las 39 conversaciones telefónicas de la esposa del teniente coronel Tejero Molina la noche del 23-F son un retrato del matrimonio en la España anterior a la ley del divorcio –aprobada en junio de 1981– y de la odisea que podía suponer hablar por teléfono, cuando sólo existían las líneas fijas (12 millones para 37,7 millones de habitantes).

La transcripción y desclasificación de dichas conversaciones exponen un patrón nada infrecuente: la esposa, madre y ama de casa que quiere a su marido al tiempo que le dedica piropos condensables en una idea nada infrecuente en la época: de tan bueno, mi esposo es tonto. O “ jilipuertas ”, “ desgraciao ”, “ obstinao ” y propenso a “hacer el primo”, expresiones recogidas en los textos desclasificados.

Carmen Díez alterna cariño y angustia por la vida de su esposo con ‘piropos’: “tonto”, “desgraciao”, “primo”…

La esposa del teniente coronel Tejero se llamaba Carmen Díez Pereira (fallecida en 2022). Tuvieron seis hijos (tres mujeres y tres varones, el primero bautizado Antonio, como el padre). Hija de guardia civil, Carmen Díez fue maestra hasta matrimoniar, como lo sería su hija Elvira, cuyas hermanas se casaron con militares.

La secuencia de las 39 llamadas tiene tres fases. Primero, la necesidad de hablar por teléfono con el esposo tan pronto se entera de que ha tenido la ocurrencia de asaltar el Congreso de los Diputados, cuando deja a diversos interlocutores el “dígale que me llame”.

Desde primera hora del golpe hasta bien entrada la mañana del 24 de febrero, Carmen Díez trata –en vano– de hablar con su marido. A medida que avanzan las horas, quiere persuadirle para que renuncie al golpe porque lo han dejado solo y está convencida de que ella sabrá convencerlo.

López Vázquez en una escena de “La cabina”, mediometraje de 1972 cargado de simbolismos
López Vázquez en una escena de “La cabina”, mediometraje de 1972 cargado de simbolismosLV

Ni en la Guardia Civil ni sus contactos saben cual es el número de teléfono operativo en el Congreso. De modo que en varias conversaciones reitera la petición de que le trasladen el mensaje “dígale que me llame”. Una expresión a corte de recado muy habitual en 1981, cuando solo existían 33 teléfonos por cada 100 habitantes (hoy tenemos 61,2 millones de números de móviles y 18,3 millones de líneas fijas para una población que roza los 50 millones de personas). De ahí la proliferación de cabinas telefónicas en las calles –10.655–, que no siempre funcionaban.

La Compañía Telefónica Nacional de España tenía el monopolio y ese año 1981 lanzaba la segunda gran campaña para hacer que el teléfono llegase a la España rural. En cuanto a los modelos, cada vez más ubicados en los recibidores de los pisos para no interferir con el televisor –el rey del salón–, triunfaban el Góndola y el Teide.

Pese a la insistencia, Carmen Díez no logró hablar con su esposo antes de que se entregase. En algún pasaje, sus interlocutores vienen a decirle que no estaba el horno para llamadas domésticas.

-“¿A las seis de la mañana le dijisteis mi número?”

-“Cuando tu lo dijiste”.

-“¡Jolines! Y todavía no me ha llamado… entonces no me llama!”.

Los documentos sobre la unidad que ocupó Prado del Rey, sede de TVE, y otros cuarteles también reflejan decenas de peticiones telefónicas. “Llamada de la esposa del teniente que pregunta si está en el bar de oficiales. Le ponen con el citado bar y allí le contestan que no está”. “Llamada preguntando por J.V.T de parte de su madre. Le dicen que no pueden pasar llamadas a los soldados”. “Llamada de una chica para el sargento S.R. (al parecer su novia). Sin interés”. “Llamada de la esposa del capitán Bueno, su marido no está y deja recado para que cuando llegue la llame a casa”. “Llamada de la novia de un tal José”. Y así… Los documentos los despachan con un “No tiene interés”.

La segunda fase en el hogar de Tejero Molina se caracteriza por la indignación. A su esposo lo “han dejado tirado como a una colilla” –expresión muy repetida– y, finalmente, la tercera, está dominada por el temor a que su esposo pueda morir, que denota amor auténtico pese a los defectos que parecían sacarla de quicio.

Pese a insistir, la esposa no logró hablar con Tejero: 12 millones de líneas fijas en 1981, hoy 61,2 millones móviles

“¡El tonto desgraciado, lo han dejado solo, para no variar!”. “Me lo han dejado tirao como una colilla”. “¡Es tonto!”.

En la conversación con su hijo Antoñito, acuartelado en la Academia Militar de Zaragoza, Carmen Díez le dice:

-“Tu padre asume toda la responsabilidad. Como siempre”.

–“Ya. ya”.

–“¡Qué jilipuertas es!”

Con su amiga Elvira, es menos categórica:

–“¿Has visto mi marido que honrao ? Encima se hace él responsable de todo”.

-“¿Pero cómo ha dicho eso?”

–“Porque mi marido es así de honrao” .

Hablando con su madre, Carmen Díez se desahoga con el marido que tanto la hace sufrir esas horas. También su madre –y suegra de Tejero Molina– se sube al carro de los reproches.

Madre: “¡Mira que es tonto este hombre!”

Carmen Díez: “No sé, madre, como ha asumido la responsabilidad de todo..”.

–“¿Quién?”

– “ Antonio”.

–“Claro que la asume, como siempre haciendo el primo”.

Joaquín Luna Morales

Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en ‘La Vanguardia’ en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: ‘Menuda tropa’, ‘Esta ronda la pago yo’ y ‘Cuando de dejan’.

También te puede interesar