El euro digital no sustituirá el efectivo: la UE propone una alternativa para ganar soberanía financiera

¿Qué se ha dicho?

Que el Banco Central Europeo está desarrollando el euro digital para reemplazar el efectivo y controlar el gasto de la población.

¿Qué sabemos?

Que será una alternativa a los métodos actuales de pago para aumentar la soberanía financiera europea y proteger mejor los datos de los usuarios.

Circulan por redes mensajes que pronostican la “desaparición inminente del efectivo”, que sería “sustituido” por el euro digital que está desarrollando el Banco Central Europeo (BCE). Estos mensajes critican el proyecto, que actualmente está en trámite, asegurando que servirá para “controlar las transacciones y restringir compras”. En realidad, según el BCE y los expertos consultados por Verificat, el objetivo es crear una opción de pago pública y segura que sea una alternativa a los sistemas actuales de pago dominados por empresas privadas y norteamericanas, como Visa o Mastercard. ¡Te lo explicamos!

«Lagarde anuncia la implantación del euro digital para octubre y el fin del dinero en efectivo»

El 30 de octubre el BCE, presidido por Christine Lagarde, anunció que el proyecto del euro digital avanzaba, pronosticando la posible puesta en circulación de la moneda digital en 2029. La noticia ha alimentado los discursos que presentan esta nueva herramienta digital como una amenaza a la libertad individual, como es el caso de un vídeo de ficción publicado por Vox el 4 de noviembre. El vídeo representa un futuro, en 2045, y muestra situaciones que ocurrirían en caso de que el euro digital fuese aprobado, como la limitación de artículos comprados o la prohibición de hacer donaciones a la Iglesia.

Este vídeo no es el único. Las narrativas sobre el euro digital, que se han difundido en varios países de la UE, se basan en supuestos, ya que el proyecto aún está en desarrollo y el BCE no ha definido todos los detalles técnicos. Además, antes de implementarlo, el Parlamento Europeo debe aprobar el Reglamento para el establecimiento del euro digital, que fijará su marco legal.

Mensajes falsos sobre el euro digital en las redes

Mensajes falsos sobre el euro digital en las redes

Verificat

¿Qué es el euro digital?

El euro digital es un proyecto de moneda digital de banco central (CBDC, por sus siglas en inglés) que estará emitida por el BCE y que planea que la ciudadanía europea pueda hacer todos los pagos desde carteras digitales registradas en esta entidad financiera.

Para pagar, se ha propuesto la posibilidad de usar una tarjeta física asociada a la cartera digital o una aplicación en el móvil. En la experiencia del usuario, no debería haber ninguna diferencia respecto a los sistemas actuales de pago provistos por los bancos, explica Luz Parrondo, doctora en Economía, Finanzas y Gestión y experta en FinTech y blockchain.

Por el contrario, sí cambiaría toda la infraestructura y los procesos por los cuales debe pasar la información para completar el pago cada vez que una tarjeta se acerca a un datáfono o que se hace una transferencia bancaria.

Según Parrondo, la diferencia con las transferencias actuales es que “reducirá intermediarios, aunque no los eliminará”. Con el euro digital, en lugar de ser procesada por varias entidades diferentes, que cobran una comisión por cada paso del proceso, la información solo tendrá que interactuar con el BCE, que lo hará gratuitamente.

El objetivo de este nuevo sistema público es gestionar los pagos desde la UE y eliminar la necesidad de procesadores como Visa, Mastercard, Apple o PayPal, todas ellas empresas con sede en Estados Unidos. Ante la política proteccionista de Donald Trump y sus constantes amenazas arancelarias, la UE ha decidido poner más foco en su soberanía financiera y en defender el euro como una moneda de futuro.

Ningún indicio de que la UE quiera eliminar el efectivo

Una de las preocupaciones que han surgido en internet tras el anuncio es que se quiera “eliminar” el dinero en efectivo. En realidad, no hay ningún indicio de que la UE se plantee reemplazar los pagos en efectivo. Aunque su uso decrece cada año, sigue siendo el método de pago más extendido: en el 52% de las transacciones en puntos de venta físicos se paga en efectivo, igual que el 41% de las transferencias de dinero entre personas.

Dentro del mismo reglamento para el establecimiento del euro digital, el Parlamento Europeo prescribe que “el euro digital debe complementar los billetes y monedas, pero no reemplazarlos. Como instrumentos de curso legal, el efectivo y el euro digital son igualmente importantes”.

Un estudio de la Universidad de Friburgo (Alemania) destaca que el euro en efectivo sigue siendo “crucial” para las transacciones que no pasan por internet, pero reconoce las ventajas del digital en seguridad y lucha contra el fraude. Como desventajas, apunta la pérdida de anonimato total y el uso limitado cuando no hay conexión, aunque no son específicas del euro digital sino de cualquier herramienta tecnológica que requiera conexión a internet y registre datos de sus usuarios.

«Una herramienta centralizada que permitirá más control y seguimiento del dinero. El mayor ataque a la libertad que se recuerda»

Uno de los puntos que más incomoda a algunos usuarios es la gestión de los datos. La privacidad de los datos en Internet es un tema muy relevante para el 77,2% de la población española, según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El 77% está preocupado por el uso de sus datos por parte de empresas privadas, mientras que el 59,2% lo está por su tratamiento por parte de instituciones públicas.

La protección de datos en los pagos con tarjeta y otras plataformas

Actualmente, el procesamiento de los datos asociados a los pagos con tarjetas Visa o Mastercard o con plataformas como PayPal o Apple Pay se realiza fuera de la UE, como informan sus términos y condiciones de uso.

El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) permite estas transferencias solo si las empresas mantienen el mismo nivel de protección, pero según el abogado Víctor Roselló, especializado en derecho digital, el sistema de certificación “no elimina del todo las dudas sobre si las agencias públicas de EE. UU. pueden acceder a los datos”.

La organización por los Derechos Digitales Europeos (EDRi) publicó un análisis en 2024 del acuerdo y sus debilidades ante el sistema legal estadounidense de vigilancia que, según dos sentencias del Tribunal de Justicia Europeo, da acceso desproporcionado a los datos. En septiembre de 2025, sin embargo, el Tribunal General de la UE revalidó este sistema.

El BCE promete mejorar la protección de datos, pese a tener todo el control

Con la creación del euro digital, el BCE quiere evitar las transferencias de datos a centros de procesamiento en el extranjero, lo que aumentaría la protección de los datos al estar almacenados en la UE. “A nivel teórico, la privacidad mejoraría”, puntualiza Roselló.

Por ahora, el BCE ha anunciado que los datos estarán seudonimizados, es decir, se vincularán a códigos y solo podrán identificarse si hay un motivo de interés público (como investigaciones contra el fraude, blanqueo o financiación del terrorismo). No obstante, Roselló alerta de que el concepto de “interés público” es amplio y podría facilitar excepciones.

El BCE ha anunciado una función offline que podría servir como un mecanismo de protección ante caídas de redes y que tendría los mismos niveles de privacidad que el efectivo. Aunque un estudio técnico del experto en criptografía Tibor Jager afirma que, con la infraestructura necesaria, el anonimato absoluto es posible, el BCE publica en los documentos del proyecto que “no es una característica deseable”, ya que imposibilitaría detectar el fraude.

A diferencia de criptomonedas como Bitcoin, el euro digital formará parte de un circuito cerrado y centralizado bajo control del BCE. “A nivel de usuario no cambiará nada, simplemente habrá una nueva opción tecnológica”, dice Parrondo. El euro digital quiere mejorar sobre todo la transparencia y la eficiencia, pero también “conllevará más centralización del control”.

Aumentar la soberanía financiera europea para depender menos de Estados Unidos

El proyecto del euro digital surge de la dependencia europea de empresas norteamericanas de procesamiento de pagos, según los expertos. “Es una declaración política sobre la soberanía de Europa y su capacidad para gestionar los pagos, incluidos los internacionales, con una infraestructura y soluciones europeas”, afirmó Christine Lagarde, presidenta del BCE, en una conferencia de prensa el pasado mes de septiembre.

En la segunda mitad de 2024, los pagos sin efectivo aumentaron un 8,6% respecto al año anterior en la UE, hasta los 77.600 millones de euros. De estos, el 57% se hicieron con tarjeta. El BCE calcula que empresas extranjeras gestionaron el 64% de las transacciones de la zona euro. De estas, Visa y Mastercard acapararon el 90% de las transacciones internacionales (fuera de la UE), según el Tribunal de Cuentas Europeo.

Un estudio de la Comisión Europea estima que en 2022 Visa (Estados Unidos), Mastercard (Estados Unidos), Pagobancomat (Italia) y Multibanco (Portugal) generaron más de 100 millones de euros en ingresos con las comisiones en transacciones de débito. Solo Visa y Mastercard generaron cerca de 60 millones de euros en las de crédito.

Por otro lado, en 2022 el 24% de los pagos en línea se hicieron ya con plataformas como PayPal o Apple Pay, y se prevé que en 2027 estas controlen el 40% del comercio digital y el 27% de los pagos en tiendas.

El euro digital pretende reducir esta dependencia y mantener dentro de Europa el dinero que actualmente se desvía a empresas de Estados Unidos en forma de comisiones. No busca eliminar ni el efectivo ni la banca privada.

De hecho, como el dinero guardado por el BCE estará completamente garantizado, a diferencia del que se deposita en los bancos comerciales donde hay un límite de protección de 100.000 euros, el BCE plantea un límite de 3.000 euros por cartera digital para evitar que todo el mundo pase su dinero a las carteras digitales y perjudicar negativamente al sistema financiero.

En un contexto global marcado por la incertidumbre y la política proteccionista de Donald Trump, esta propuesta se enmarca en la voluntad de las instituciones europeas de reforzar su soberanía financiera.

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