
El ex ministro José Luis Ábalos y el empresario Víctor de Aldama mostraron hoy las dos caras de una misma moneda. El exsocialista llegó al Tribunal Supremo en furgón policial, junto a su hombre de confianza, Koldo García. Cuatro policías les escoltaron hasta la sala de vistas. Son presos y aunque entraron sin esposas debían estar vigilados, por protocolo. Aldama llegó por su propio pie junto a su abogado.
Los tres se sentaron en el mismo banquillo, contra la pared. La composición era de dos agentes en un extremo, al lado de García; Ábalos al lado de su exasesor, y por el otro lado otros dos policías. Y ya en el otro extremo, Aldama. Ni una sola mirada, ni un saludo, nada.
Koldo y Ábalos van juntos, sus abogados comparten estrategia, lo niegan todo. Aldama ha optado por reconocer los hechos e ir de la mano de la Fiscalía Anticorrupción. Su abogado validó todo lo que expuso el fiscal jefe Alejandro Luzón.
Ábalos y García entraron en la sala antes de ver entrar a los siete magistrados que les van a juzgar. Ellos estaban visiblemente desmejarados, sobre todo el exasesor, que quiso evitar a toda costa que se le viera la cara. Intentó tapar su rostro durante las cuatro horas que duró esta primera vista con su abrigo rojo aunque no pudo evitar que se le viera la barba blanca que se ha dejado crecer.
Entraron en la sala con una bolsa de plástico cada uno, con su nombre. “Ábalos” decía la del exministro. Dentro, les habían preparado un almuerzo, consistente en una botella de agua y un bocadillo. Existía la previsión de que la vista durase hasta después de comer y ese sería su alimento hasta que pudieran volver a la cárcel de Soto del Real. Finalmente, la vista acabó cerca de las tres de la tarde, con lo que pudieron comerse el bocadillo antes del traslado.
Un polígrafo para Ábalos y Koldo
Ya no volverán a salir hasta que el tribunal fije la fecha del inicio del juicio. Hoy se celebraba la vista preliminar, donde las partes presentaron las cuestiones previas. La abogada de García fue quien más cuestiones previas planteó, incluyendo la suspensión de la vista, la excarcelación inmediata de su cliente, enviar la causa a la Audiencia Nacional o anularla.
Pidió la recusación de cinco de los siete magistrados, extremo que fue rechazado en el mismo acto, alegando que uno de ellos tenía relación con el PP y los otros habían participado en el inicio de la causa sobre la competencia del Supremo y por tanto estarían contaminados. Nada, todo rechazado de plano.
La letrada llegó a plantear el polígrafo para los acusados, algo que en su turno rechazó de manera radical el abogado de Aldama mientras que el fiscal recordó que es un instrumento no reconocido por la legislación española.
La abogada de Koldo García intenta que no se continúe con el proceso con una serie de alegatos desmontados por el fiscal, apoyado por la acusación popular liderada por el PP y apoyado también por el abogado de Aldama.
La letrada llegó a pedir al tribunal que exija al fiscal y a la defensa del empresario que digan a qué acuerdos han llegado para que este declare contra el exministro y su exasesor a cambio de estar en libertad y pedirle un tercio de la pena menos que a ellos, cuando él era el corruptor, es decir, pagó ‘mordidas’ a Ábalos y Koldo a cambio de recibir contratos millonarios para distribuir mascarillas en plena pandemia.
Ambos han negado tal pacto. Como explicó el abogado, y apoyó Luzón, Aldama decidió reconocer los hechos y por ello el Código Penal establece una rebaja de pena. Ni más ni menos. No hay más acuerdo que ese, según ellos.
Las dos caras de una misma moneda
Las dos caras de una misma moneda. Aldama pudo presenciar la vista tranquilo, vestido con un traje azul y camisa blanca. Se le veía más tranquilo que a sus compañeros de banquillo. Incluso pudo revisar su móvil de vez en cuando y salir de la sala cuando tuvo necesidades fisiológicas.
El aspecto de García y Ábalos no era tan halagüeño. Sobre todo la del navarro. Ese hombre alto y corpulento que entró y salió de la vista cabizbajo, esperando que no se le reconociera. Ni siquiera hizo contacto visual con Ábalos. Tan solo miró en una ocasión al banquillo del público, prácticamente vacío. Y eso sí, miró con la cara tapada, sobresaliendo solo sus ojos.
Vestido con deportivas, vaqueros y jersey azul, estuvo mirando al suelo hasta que fue el turno del abogado del PP, Alberto Durán. Cuando el letrado se opuso a la petición de su defensa de recuperar sus dispositivos móviles, Koldo y Ábalos forzaron una risa contrariada, haciendo aspavientos. Después, cada uno volvió a su postura inicial.
Ábalos era el más intranquilo de los tres. Movía sus pies y sus manos. Miraba hacia arriba y en ocasiones se inclinaba hacia abajo. Lejos quedaron sus trajes de ministro y los policías que le protegían. Las tornas han cambiado. Su abogado hizo lo que pudo, teniendo en cuenta que acaba de hacerse cargo de la defensa después de que los dos abogados anteriores le hayan dejado.
En el receso pidió ir al baño. Para salir, necesitó pedir permiso, cerrar los pasillos, que nadie salga e ir solo. Es el protocolo. Se levantó con la cabeza alta y serio, desfilando ante las miradas de aquellos que observan a quien un día fue el hombre todopoderoso, la persona de confianza del presidente del Gobierno, y que ahora sale del Supremo con una bolsita de plástico con su almuerzo.
Los siete magistrados escucharon todos los argumentos y ahora les tocará deliberar. Si no les convence ninguno de ellos, el juicio seguirá adelante y fijarán una fecha para juzgar la corrupción más reciente.

