El FMI rebaja la perspectiva económica global y Georgieva dice que hay que prepararse para lo peor

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, remarcó este jueves que la economía global iba bien, que incluso la institución tenía previsto mejorar la proyección económica global por encima del 3,2% del informe de octubre, gracias al desarrollo de la IA, pero la guerra en Oriente Medio, con la afectación especial del estrecho de Ormuz, le ha dado la vuelta a la situación como un calcetín, que se dice.

Georgieva, directora ejecutiva del FMI, avisó este jueves que los efectos económicos de la guerra han dado un vuelco a la previsión global 
Georgieva, directora ejecutiva del FMI, avisó este jueves que los efectos económicos de la guerra han dado un vuelco a la previsión global ANDREW HARNIK / AFP

“Ahora, hasta nuestro escenario más optimista implica una rebaja del crecimiento. ¿Por qué? Debido a los daños en infraestructuras, las interrupciones en la cadena de suministro, la pérdida de confianza y otros efectos persistentes”, remarcó la economista búlgara en su discurso previo a las reuniones de primavera del FMI y el Banco Mundial que tendrán lugar entre el 13 y 18 de abril en Washington.

Será la próxima semana cuando se presente esa revisión a la baja de la perspectiva económica mundial, si bien Georgieva ya anticipó en declaraciones a Bloomberg una advertencia: “Prepárense para lo peor”.  El flujo en el tránsito de petróleo se ha reducido un 13% y el de gas natural llega al 20%, según sus datos.

El enfoque del Fondo se centrará en “cómo afrontar de la mejor manera este último shock y aliviar el impacto sobre las economías y las personas”, señaló Georgieva, ilustrando la situación con la evolución del precio del petróleo. El barril de Brent, la referencia, se ha encarecido de los 72 dólares hasta un pico de 125. Pese a bajar, sigue lejos del nivel preguerra y, además, otros 45 millones de personas han entrado en inseguridad alimentaria (la cifra tota asciende así a 360 millones), por los problemas de distribución y la afectación al comercio de fertilizantes.

En su discurso insistió en que hay que estar listos para esta nueva etapa, en la que incluso atisban que los bancos centrales deberán incrementar los tipos de interés para domar la inflación, que es el gran asunto a controlar. Ella misma se planteó la cuestión de cuán grande será este impacto.

“Dadas las incertidumbres, nuestro informe de perspectivas económicas globales incluirá una gama de escenarios: desde una normalización relativamente rápida, hasta un escenario intermedio, y otro en el que los precios del petróleo y el gas se mantienen mucho más altos durante mucho más tiempo y los efectos de segunda ronda se consolidan”, afirmó.

Matizó, sin embargo, que, incluso en el mejor de los casos, “no habrá un retorno ordenado y limpio al estado anterior”. Las consecuencias serán asimétricas y afectarán más a quienes se encuentran cerca del conflicto y quienes importan energía. Los que disponen de poco o ningún margen fiscal o carecen de reserva, lo sufrirán aún más.

“Lo que sí sabemos es que el crecimiento será más lento, incluso si la nueva paz es duradera. La magnitud de este impacto dependerá, en no poca medida, del margen de maniobra de las políticas de cada país, incluidas las reservas estratégicas de petróleo y gas, dado el desfase de cinco semanas en el tráfico de petroleros desde el Golfo”, subrayó.

“Una advertencia inicial. Al tratarse de un shock negativo de oferta clásico, el ajuste de la demanda es inevitable”, sugirió respecto a cual ha de ser la respuesta de los países.

“Los responsables de política económica pueden ayudar de múltiples maneras y, desde luego, deben tener cuidado de no empeorar la situación. Por ello, hago un llamamiento a todos los países para que eviten actuar por su cuenta (controles a las exportaciones, controles de precios,…), que pueden agravar aún más las condiciones globales. No echen gasolina al fuego”, requirió.

“Por ahora conviene esperar y observar, con los bancos centrales subrayando su compromiso con la estabilidad de precios, pero manteniéndose en pausa, con una mayor inclinación a actuar si su credibilidad se pone en duda. Las autoridades fiscales deberían proporcionar apoyo específico y temporal a los más vulnerables, en consonancia con sus marcos fiscales a medio plazo”, aconsejó.

“Pero si las expectativas de inflación amenazan con desanclarse y desencadenar una costosa espiral inflacionaria, entonces los bancos centrales deberían intervenir con firmeza mediante subidas de tipos de interés. El apoyo fiscal debería seguir siendo específico y temporal. Las subidas de tipos, por supuesto, frenarían aún más el crecimiento, así es como funcionan”, dijo.

“Si un endurecimiento severo de las condiciones financieras añade un shock negativo de demanda al shock de oferta, entonces la política monetaria vuelve a un delicado equilibrio, mientras que la política fiscal, si y solo si existe margen fiscal, pasa a proporcionar un apoyo a la demanda bien calibrado”, indicó.

En cuanto a la política fiscal, Georgieva observó que  “la mayoría de los países han sabido mantenerse firmes, evitando recortes de impuestos no focalizados, subsidios energéticos y medidas basadas en precios, aunque algunos han optado por ofrecer apoyo de carácter general”. 

Pero apuntó que se ha visto a nivel mundial un aumento en las curvas de rendimiento de referencia, lo que está elevando el costo de la deuda. “Añadir estímulos financiados con déficit en este momento incrementaría la carga sobre la política monetaria y amplificaría estos cambios. Sería como conducir con un pie en el acelerador y otro en el freno: no es una buena idea”, apostilló.

Francesc Peiron Arques

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