“Los inversores entraron en modo pánico. Empezaron a decirse: ‘ey chicos, esta guerra va a durar más de lo que pensamos. Si sigue así, el barril llega a los 250 dólares’”. Así contaba el lunes a un grupo de periodistas Gerard Reid, cofundador de Alexa Capital y experto energético, el tono de las conversaciones de los operadores en el mercado de materias primas al comenzar esta semana.
Las cotizaciones del petróleo enloquecieron. Se rompió este lunes la barrera de los 100 dólares y por unos instantes se rozó el techo de los 120 dólares, para luego volver a bajar. En todo caso, el balance tras el inicio del conflicto es digno de hemeroteca: el crudo West Texas Intermediate subió en siete días un 35% , el mayor incremento desde que se lanzaron los contratos de futuros en 1983. Y el Brent ya está en los niveles que tenía tras la invasión de Ucrania.
Los inversores ya descuentan impactos en el crecimiento y en la inflación a lo largo de este año
Las bolsas reaccionaron con pérdidas, aunque moderadas. El Ibex bajó de los 17.000 puntos. El sentimiento ha cambiado. Los mercados de predicciones dan un 50% de probabilidad a que la guerra llegue a mayo. El estrecho de Ormuz sigue cerrado casi a cal y canto. El presidente Donald Trump minimiza lo ocurrido al asegurar que el alza del petróleo actual es “un pequeño precio a pagar por la paz”.
Los temores han llegado incluso a los países del G-7, que debaten la posibilidad de recurrir a sus reservas estratégicas para calmar al mercado, lo que enfrió la escalada de precios. Según el Financial Times , se baraja soltar 400 millones de barriles diarios. Asumiendo (estimación muy baja) que faltan entre seis y diez millones de barriles diarios en el mercado, esa cantidad serviría como mucho para calmar la demanda durante un mes y medio o dos. ¿Y si la guerra dura más?
El mercado asume que habrá guerra hasta mayo a no ser que Trump busque una salida
Luego está el problema de la repercusión en los precios, porque aunque ahora la electrificación está en auge, la logística y el transporte aún dependen en su gran mayoría de los fósiles. Sin contar las disrupciones sobre la cadena de valor de los derivados petroleros: desde los fertilizantes para la agricultura, hasta el ácido sulfúrico para baterías.
Un aumento del 10% en los precios de la energía que se mantuviera durante un año elevaría la inflación global en 40 puntos básicos y frenaría el crecimiento económico en un 0,1-0,2%, declaró la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva. Janek Steitz, director del instituto de macroeconomía alemán Dezernat Zukunft, acaba de hacer su propia estimación: en la eurozona la inflación podría sumar un 3% más y tardar un año en volver a los niveles actuales, en caso de prolongación del conflicto. Quienes sufrirían más serían Luxemburgo e Italia, por su dependencia del petróleo y el gas, respectivamente. España podría amortiguar el golpe, gracias al mayor peso de las renovables.
El frente de los optimistas, cada vez más menguante, se agarra a clavos ardientes. Por ejemplo, el banco de inversión JP Morgan evoca las tres “M”: falta de municiones, caída de los mercados y elecciones de medio mandato. Como apunta Michael Klein, profesor de Economía Internacional de la Tufts University (EE.UU.), “Trump siempre podría decir que ha descabezado el régimen y ha ganado la guerra y así poner fin al conflicto, si le conviene”.
La académica Anupama Sen, que ha llevado a cabo una investigación sobre este tema para la Universidad de Oxford, subraya que el alza de los precios de la energía suele ser regresiva: golpea a los hogares más débiles. Aumenta las desigualdades. Una bomba de relojería, que incide sobre la base electoral MAGA. Y que tal vez obligue al magnate a reconsiderar sus planes.
Por último, está la estadística. Pese al boom del barril, las últimas horas todavía no hemos alcanzado los escenarios terroríficos del pasado. En dólares del 2026, a principios de los años ochenta se alcanzó el equivalente de 150 dólares, y en la primavera árabe, unos 200. Es decir, que hemos estado peor. Eso no significa que no podamos volver a estarlo.
